Autor: Romero, Emilio (FOUCHÉ). 
   Alusiones desafortunadas     
 
 Pueblo.    12/06/1967.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

SIN RODEOS

ALUSIONES DESAFORTUNADAS

TORCUATO Lúea de Tena, que ha sido como la brillante novedad de la trónica parlamentaria de estos últimos días, no estuvo en la tárete del día 6, cuando se planteó el tema del «contraste de pareceres»: ni tampoco le vi por la reunió» del día "?, en la que ge Iniciaron los debates sobre quién habría de elegir a los Consejeros Nacionales. Estos eran dos grandes temas del anteproyecto de Ley Orgánica del Movimiento y de su Consejo Nacional. Después se ha incorporado, sobre la marcha, a esos dos temas, llegando a tiempo de coger las últimas intervenciones y de presenciar eJ resultado; y ha publicado una crónica en la que ños dice a algunos, >yie hemos tenido poco valor cívico por permanecer sentados eimuestros bancos en el momento de producirse Ja votación, cuando antes nos habíamos levantado a hablar contra los textos de la Ponencia, Si hubiera tenido referencias más completas de lo sucedido sobre esos dos temas capitales, tendría que haber consignado que el único voto en contra en el tema del «contraste de pareceres» —a mi juicio el más importante de todos—, fue el mío, sin perjuicio de recibir en los pasillos las felicitaciones y las adhesiones de rigor. Aquella soledad tan notoria y relevante abrumó raí modestia.

En el otro asunto me quedé sentado por dos razones, ninguna de ellas por la inspiración o la imposición de nadie: porque se había producido antes la afirmación de que los Consejos .Locales y Provinciales serían representativos, como el tiempo lo exige; y, porque votar en contra, me está pareciendo como una nota de petulancia. El balance es éste: Después de dos días de tremendos debates sobre el título de la Ley, en los que se plantearon los problemas de fondo que afectaban al destino del Movimiento, se aprobó el título que figuraba en el proyecto, por unanimidad. La cosa era sorprendente. La siguiente votación, fue la del «contraste de pareceres», y me quedé solo. En la tercera, no iba a incurrir en te vanidad de votar en contra. Y es que parece raro que Torcuato Luca de Tena no haya advertido las originales características ¡te esta Comisión. Tiene como un deseo de convencer honradamente e. la Ponencia; y se da la satisfacción de que todo el mundo diga lo qu^ piense. Después concluye en que la Ponencia debe decidir, una vez que naya hecho todo lo posible ésta por convencer a la Comisión. Más que una refriega o una lucha parlamentaria, estamos ante un diálogo entre los que ocupamos los bancos de la Comisión, y (6s que se sientan en la Presidencia como ponentes. Y entre estos nonentes, están los extrañamente silenciosos, colocados a la derecha del presidente (Zamanillo. Aguirre Gonzalo, Valdeiglesias y Zelada); y los locuaces y deliberantes, colocados a la izquierda (Mortes,

Sánchez Cortés, Fueyo y Licinio de La Fuente). _____

Los que w* el absurdo oeunta Sff&vff quiénes1 ITaWan SS Kl&gll a IPS OBMJMC nacionales— éramos partidarios de que votaran todos los españoles mayores de veintiún años, nos vimos sorprendidos por la actitud del señor Sánchez Agesta (sector católico), que hizo la sugerencia de que se votara por el sistema de eomprotHÍSartos, si 55 qro los Consejos Locales y Provinciales iban a ser plenamente representativos. La Ponencia se indinaría siempre, por imperativo de conciliación, entre ias posicioíies extremas. Si algunos Procuradores defendieron que no votaran más que tos afiliados al Movimiento; y óteos -entre los que me- incluyo-^-, deseábamos que votaran todos tos españoles sin distinción, mayores de veintiún años, lógicamente el señor Sánchez Agesta habla tendido una pasarela para que se instalara en ella la Ponencia en una posición centrada, que es lo que siempre buscan todas las Ponencias y todas las presidencias.

Pero lo peor ha sido lo de Torcuato Luca de Tena. Resulta que este Procurador en Cortes por designación del Jefe del Estado, habla formulado varias enmiendas a este proyecto de Ley. Pero no ha abierto el pico ni una sola vez en la sala de las reuniones y de los debates. Ha preferido hacer una crónica de lo que sucedía alU, haciendo 1a crítica o el elogio, de sus compañeros en las Cortes, y ofreciendo su ocurrente, o su irritado, o su humorístico monólogo a los, lectores, con ese gran privilegio que supone tener «n periódico, cosa que no está al alcance de la casi totalidad de los Procuradores en Cortes.

Por el contrario, los que como yo, tenemos también e! privilegio de tener un periódico, hemos ido a. las Cortea a decir en yoz alta nuestra opinión, y á disentir con algunos artículos, del proyecto de Ley enviado por el Gobierno, y a sostener un diálogo claro v sin´encubrimientos, con la Ponencia. Atreverse a decir ahora, desde el refugio de >A B C», que los que hemos estado en ei combate no. tenemos valor cívico no deja de/ser una «boutade» y un comportamiento cómodo, extravagante y escaso tU ejempíaridad.

Ocurre que el señor Luca de Tena se había emperrado en que el Gobierno retirara este proyecto de Ley cíe las Cortes. Y el Gobierno no lo hizo. Después, abrigó la esperanza de que naufragara antes de empezar el examen del articulado, y sobrevino aquel espectáculo delicioso de la unanimidad, tras una embestida espectacular y encadenada de un número muy reducido de partidarios >Je los deseos del señor Luca de Tena.

En el fondo de todo esto, hay dos mentaüdades de valoración de ia realidad. Unos dicen que a la apertura hemos de ir por el camino de hacer más representativas´ v shiartas fas instituciones actuales, y. otróé´..-r*ntre ioi?ue se encuentra Torcuato Luca neflEewi» q^na«a, ÜSHSÉ SI^YOT* exí*^í^a«»6rt de íns8*&e5on>>s, no txsr Ifitcrfts «wtetfr. •sfft* pof Ikterés ~ máMgrqUido, Naturalmente, hay quienes desean también que ei Molimiento na (&´ tn«eva. Uteseñor Eéraa Cii^luM1 —profesor ilustre a quien Torcuato Luca de Tena y* yo" admíFáhitSs "aunque por diferentes cosas—r. «ras su comparecencia tendal;* no ha vuelto a asomar por la sala de sesiones. Si no ha tenido alguna causa Justificada, esto no parece una actitud liberal o democrática. El hecho de que no prosperen las opiniones de uno» no es para ausentarse´definitivamente de ios debates. Por su parte, el general Vigón otra de las ilustres, figuras que tuvieron a su cargo la ofensiva de desmarrtelamiemo, asiste a las rexmiones a diario, y no ha votado ni una sola vez en contra, a pesar de haber dicho que el anteproyecto >Je Ley tenía varias infracciones a la Ley Orgánica de! Estado. Espero que el Ilustre cronista de «A B C» no diga que carece de vaíor cívico el general Vigón —a quien, recientemente, calificó de «uno de ¡os padres indiscutibles de la Cruzadas — , que es una agitada biografía política contemporánea.

Sinceramente, Torcuato Luca de Tena no se ha dado cuenta que la fuerza que tenemos cada uno en estos momentos no sirve oara otra cosa que nara mejorar, oar-a perfeccionar, para evolucionar, lo que hay; pero no para derribar nada que ´se defienda como sustantivo; aunque se tenga en las manos la influencia y el prestigio de «A B C».

La grave cuestión que plantean algunas personalidades políticas españolas, que deben oí Régimen —por. otra parte— cargos, honores, conservación de privilegios 5 prosperidad, es que cuando plantean mudanzas, ellos mismos no son representativos de fuer/a cunsjtíerablí? alguna de apoyo que suponga renovación sin fractura o sin quiebra. Son meros teorizantes o ingenuos fervorosos de cosas. Pero debajo de toda esperanza honrada y de toda ideología fulgurante, subyace una realidad nacional que necesita el tratamiento adecuado. Desde hace algún .tiempo hay como un deseo, seguramente bien iníenciotiado, por parle de esos grupos reducidos, de vaciar al Régimen de su Movimiento. ¿Pero y qué traen, y qué son los vaciadores? No traen nada serio y renovador on las manos: y ellos mismos son gentes comprometidas y gastadas eficazmente en el servicio del propio Régimen. Lo razonable es, por ei contrario, modernizar el Movimiento, abrirle de par en par, floréesele -de instituciones representativas, podarle de brotacíones fosilizadas y vaciarle de estructuras inútiles. La Ley Orgánica del Estado, aprobada por el pueblo español, invita a esto, y no autoriza a moas de esto.

Emilio ROMERO

 

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