Autor: Aparicio, Juan. 
   Una constitución no es la ley hipotecaria     
 
 Pueblo.    13/06/1967.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Un penibético en las Cortes

Hay un procurador que se crece en s« sabiduría rabíoica y mandarincnca, el tinerfeño don Rafael Diaz Llanos, como el gigantesco Teide de su isla nata!, con sus irisaciones mineralizadas, encima de las nubes ideológicas, sobre e) gradualismo de la flora trepadora hasta extinguirse, contorneando ?J ragoroao Movimiento-Comuníón con concretos ribetes del Alcubilla y Aranzadi, e incrusti-ando, dentro del Movimiento-Organización, la osamenta de las normas legales, y emergiendo en la estatura y en la facundia del canario Díaz Llanos un monumento aislado y solemne a la» leyes positivas. Acentuada la pandemia de los enmendantes absetitistas, nina hubiese regresado de su viaje profesional a Barcelona este procurador indómito en el respeto a la minucia jurídica, los demás procuradores apenas se hubiesen opuesto al galope piafante con que la Ley Orgánica (leí Movimiento y de su Consejo Nacional iba hacia la meta de su aprobación ansiada.

Con media entrada en el salón, sin el marqués de la Encomienda, sin las huestes, a si mismas desbandadas, con el espantajo de su eontrafuero anticonstitucional, sin el trio de las representantes del África negra, señores Gori Molubela, Lumu Matindi y Ngomo Nandong, sólo resisten las Fuerzas Armadas en las personalklades del almirante don José Lobé; de los tenientes generales don Rafael Garcia-Valiño y don Miguel Rodrigo, y tlel general de Artilleria don Jorge Vigón, mientras tampoco desertan, junto a la ponencia, el peliagudo don Emilio Romero, el aplomada, den Isidro Arcenegui, el ecuánime astut Ikwf Torcuato Fernéndez-Miranda, ,e> sumo fiscal del Tribunal Snpremo, itffr Fernando Herrero, que está oorrigienftf) las pruebas de sus discurso e informe «le la radiografía moral y social «leí país a través de los tribunales; el arbitro de la elegancia y Ac la sindéresis, don. Emilio Lamo, el constante palentino aXSn Gonzalo Marcos Chacón, el paciente- tlótf Fernando Martín-Sánchez Julia, el Irreprimible, al menos en la mirada, d>u* Adolfo Muñoz Alonso; el/macizo don Carlos Pinilla, el avisado dfefi Fermín Sanz Orrio; la fundamental, por su modestia, decoro v honestidad, donar Pilar Primo de Rivera, "V-Jtaí Roberto Reyes, tan cumplidor, a quieil no se le ha puesto falta, pues por fin compareció, aunque tiene casi abandonado su bufete desde hace dos meses.

Entre el grupo de procuradores elegantones y corpulentos se alinea el señor Díaz Llanos, con su americana abierta por detras en las dos ranuras simétricas, que se agitan y entreabren más cuando el orador levanta las manos y gesticula con los´ dedos delante del tablero de STI pupitre, donde bay >in bolígrafo de plata,, una cajita di; oró, una botella de agua de Solares y la Jurisprudencia española reducida a metódicas flclias. Detrás cíe ese parapeto arremete contra la ponencia en el articulo aprobado durante su incursión catalana; en s\i propuesta de an artículo 9 bis para asegurar previamente el órgano y el plazo de la convocatoria electoral; rn el articulo 17, al que le gustaría se perfeccionase fijando de antemano fechas, horas y circunstancias: ten el artículo 20. tiende «e empeñó en colocar comas a la Ley Orgánica del Estado, y en enmendar el castelleno al ponente >lon Licinio de la Fuente, natural de Toledo, provincia tie España f--n la que la católica reina doña Isabel confesó que le acomple jaban el desparpajo mental y verbal de las toledsinitas; en el artículo´si, que quedó sobre (a mesa por>\uf era tarde, y la ponencia, hostigada por la obstinación tiel señor Díaz Llanos resucitando «n olvidad» Fuero de las Jerarquías del 22 de Febrero de 1941. hubo >\? pedir un descanso de trece horas.

Aparte de este interventor impchi«íso, don Fermín Sanz Orrio, o,on mesti´fa, agudeza y cautela, Han!» la ateiitión acerca del peligro de que los Consejos Locales y Provinciales se conviertan en un» especie de Juan Palomo, quien se guisaba y se comia los propios condumios, al proponer y elegir * los oaittficlatjeti, ad\´i.rUend» tarnbiéti que la proporción de compromisarios era muy enrevesada e injusta, sin que bastasen los dedos .de la cuenta de la vieja y necesitándose una tabla de logaritmos; coincidente don Fermín en este aspecto con los cálculos desarrollados por el consejero de La Coruña, don Rafael Salgado, y expuestos al ponente y matemático señor A gu ir re..., quien fe dijo que la ponencia no se había hecho un lío >"ii lo-s porcentajes, sino que hay muchas maneras de entender y aplicar las matemáticas.

En estas últimas jornadas de despodida, atrededer del artículo 19, *on Lucas María de Oriol nixo´sii mutis oratorio en el escenario de la comisión, deslizando, en medio de sus apostrofes y lamentaciones, puesto que Ja versallesca ponencia siempre le dio de lado, que los ponentes acogen las órdenes de fuera y que, las próximas elecciones se efectuarán en el mes de octuhr*1, lo que hace suponer de que don Lucas dispone, por contraste, de oídos muy senslhWs e interiores. El procurador sindical *Síl Elíseo Sastre del Blanco, se atrevió a fesjonder al método Ollendorf >Je la ponencia, al no contestarle a su observación sobre qae no quedaba claro el precepto de cuándo debían cesar los cuarenta consejeros elegidos por el Jefe del Estado, ant«-s di1 que, su cumpliesen las previsiones sucesorias, pues después estaba patente de que se jubilarían a Jos setenta y cinco años.

Esta sutileza, poco esclarecida en el texto, reveló don Linicio de la Fuente que también le había preocupado, hasta que le convencieron, tras una tarde de argumentaciones apasionada*, sus compañeros de ponencia, a los que parecía irrefutable la teoría dé la incorporación; o sea, la transcripción «el articulado correspondiente de la L. O. E., manera abreviada, y familiar con que Jos españoles vamos a designar a la Ley Orgánica del Estado. Don Santiago l´dina consumió su turno de oposición larvacía mezclando lógica y cortesía, que Je obligaban a cierta gratitud a la ponencia por haber admitido el espíritu de su enmienda y a bastante perplejidad, ya que el í´onsejo Nacional configurado no era de ningún modo la niña de sus ojos ni el producto de Jas entretelas de su ainv.i.

Jurisperitos ,v d>jcl>3r¡íl^s, don Fernando Herrero Tejedor, don Kmiiio Lamo y don Torcuato Fernández_ Miranda concurrieron ••rTMicorro ¿!é~los ponentes en el tema del estatuto defensor de los consejeros nacionales, «feiuticml» en qu>; aun superviva el Fuero lie las Jerarquías o en que aún se mantiene vigente, porque nadie le ha derogado. La ponencia, que se ha motejado así misma de flexibili/uda y tlexibilizadora, dispone dp un ponente maleable en la forma, pero angelicalmente duro en la sustancia: es decir.´don Licinío de la Fuente, y de otro ponenle, don Jesús Fueyo, de, aspecto rígido y de severidad intelectual, aunque huya -suavizado su aspecto exterior, recortándose, hoy, su pelo astur, y >Ie fondo delicadísimo y suave.

Ante los embates «le Díaz Llanos, que solicitaba plazos para !a convocatoria >le la elección y que el profesor Fueyo relegó al principio como cuestión reglamentaria, a la postre aceptó Que se haría mediante decreto, estableciéndose un phm> mínimo de dos meses y un mes, al igual que en la ley de Be presentación Familiar, pero que una disposición transitoria delegaría eii el íiobierno la facultad de moderar los niazo* en la elección inmediata. Crecido Díaz Llanos con su éxito, intentó explotar la rnaniohra en otros artículos, >l«mand»mlo garantías y revolviendo antecedente* expresos e impresos, pero la ponencia -se las mantuvo tiesas, aprobando** el artículo sin concesiones a los trenos rtel señor tJdina ni a la precisión matemática del señor Díaz Llanos, que pretendía la determinación cíe un mecanismo automático para la constitución tM Consejo Nacional, sin tire pueda quedar en el limbo o colapsaílo.

Ahora, el flexible e irrompible don Licinio Af !a Fuente responde a los enmendante* «leí artículo 20, y en e«.pe>-ial a! Ra.rantiz.ulor Díaz Llanos, en favor de que la incapacidad sobrevenida a los consejeros. se salvaguarde con las debidas precauciones, basándose don Licinio en la sacrosanta t>-t»rí» >íe incorporación tte Itt «LOE», cuyas palabras lian sido grabadas en tablas broncíneas. Sin embargo, el procurador canario no se amilana, y continúa esgrimiendo y a ?a rráiiílose a su casuística procesal y a sus testimonios legales, cuya saturación empieza a cohibir al profesor Fueyo, políticólogo de altura, aunque también catedrático r!í> Derecho Constitucional «in partibus in fi deJilms». según su particularísima opinión, y que no aguanta este chaparrón Icjtíslütrvo y rrincidente hasta el pnroidsmo AP| señor Diaz Llanos.

El paraguas de un futuro reglamento tlel Consejo Nacional, empuñado por el profesor Fueyo, no es suficiente delante, ilel diluvio universal, en que se deshacen las nieves de la jurisprudencia de este Teide. humano, y su machaconería llegó a obnubilar la inteligencia clarividente de don .Jesús Fueyo, quien, sin oscurecer su pensamiento por razones tácticas, mientras bajábamos las escaleras hacia la calle, declaró sin perífrasis al penibético que una constitución no es una ley hipotecaria y que los acorazados tienen a veces que enfrentarse con barquitos de vela, sobre las >\ue soplan la t«rz«dcj», de los guanches, transformados en juriconsulti.s de Roma.

PUEBLO 13 de junio de 1967

 

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