Lo peligroso es no asomarse al exterior     
 
 Ya.    21/11/1968.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LO PELIGROSO ES NO ASOMARSE AL EXTERIOR

Gabriel Cisneros escribe en "Pueblo":

La propuesta de Martín villa postulaba la sustitución de los términos jefe y subjefe provincial de] Movimiento por los de presidente y secretario, respectivamente. Argumentó con tesis d« fondo, demostrativas de la más rigurosa adecuación de ¡os apelativos por él mantenidos con respecto a los adoptados por el texto del proyecto. Pero, sin necesidad da echar mano de tales argumentos, son tan obvias las razones que abonan la oportunidad de este cambio terminológico que casi no ee preciso detenerse en ellas. Las palabras tienen una significación intrínseca, un valor especifico aun desvincula, das del concepto a que ae refieran. Detrás de la preferencia por denominar e la primera autoridad provincial del Movimiento "jefe" o "presidente", se agazapan dos entendimientos bien diversos. El lastre autoritario de la primera y la civil moderación democrática de la segunda no pueden dejar Indiferentes ante ellas al ciudadano de filass que haya creído ver en el estatuto del Movimiento una oportunidad tan largamente esperada para la incorporación general e indiscriminada de todo al pueblo español a las tareas políticas.

En contra de la tesis de Martín Villa, se dijo "no debemos tener miedo". Me hubiera giretado, con asépticos fines estadísticos, contabilizar el número de veces que el término miedo ha salido de los labios de loa consejeros. Creo que se ha pronunciado con inmoderada frecuencia, y siempre partiendo de las mismas áreas y siempre para asegurar, Justamente, que no había motivos para alber-

garlo. Acontece, sin embargo. que ios consejeros que han echado mano del término lo han hecho con notoria impropiedad. No es el miedo ni ningún temor vergonzante ]o que hace aconsejable la renuncia a cierta fraseología, a cierto oropel retórico, a ciertas formas periclitadas. Es la exigencia de conectar con la sensibilidad de un país que no puede afrontar con visos de éxito la empresa de su desarrollo social y económico si no se municiona también con un equipaje político más adecuado.

Claro que deben tener miedo los consejeros, pero no a las cosas que algunos de e 11 o s creen, sino exactamente a las contrarias: miedo a divorciarse de ´la realidad profunda del país;´miedo a defraudar las esperanzas qu« «n torno al J3s-tatuto se han despertado; miedo a crear un aparato fantasma;! sin otra sustancia que la de sus recuerdos; miedo a configurar una ordenación legal abocada a la transítoriedad; miedo a provocar la indiferencia de la juventud; miedo a arrojar las discrepancias legítimas fuera del terreno de juego, extramuros da la legalidad. Estos son los peligros reales que debieran inspirar temores bien justificados a tos .consejeros. Por el contrario, donde se demuestra «i valor es en la limpia lid de las ideas propias con las ajenas, en la oferta plural d« alternativas al pueblo español. Requiere superior coraje abrir las puertas que cerrarlas.

A diferencia de lo que ocurre en los viajes por ferrocarril, aquí no es peligroso asomarse al exterior. Lo realmente peligroso—lo suicida, más bienes no querer hacerlo."

 

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