Autor: Perlado, José Julio. 
   Proscripción a Unamuno     
 
 ABC.    03/10/1979.  Página: 40. Páginas: 1. Párrafos: 16. 

ABC. MIÉRCOLES. 3 DE OCTUBRE DE 1979. PAG. 28.

PROSCRIPCIÓN A UNAMUNO

ES curioso. Tengo frente a mí la repaisa del alcalde de Galdácano. que corno ya, es conocido de

todos, ha suprimido del callejero de la villa a nombres tan insignes como Lope de Vega, Cervantes.

Velázquez. Menéndez Pelayo, Ramón y Cajal, Severo Ochoa y Gregorio Marañón. A ellos hay

que añadir el nombre. d-c Unamumo.

Tengo ante mi. curiosamente, un oce-ma y varias frases del polémico rector de Salamanca que —

habiendo nacido en Bilbao—. habla con .su firme voz. de la. lengua castellana. E¡ poema, sin duda, es

bastante conocido:

La sangre de mi espiritu es mi lengua, y mi patria es allí donde resuene soberano su verbo que no

amengua su voz por mucho QUÉ ambos mimaos

Illene

Ya Séneca la preludió aún no nacida y en su austero latín ella se encierra Alfonso a Europa dio con ella

vida. Colón con ella redobló la Tierra.

Y esta ni lengua flota como el arca de cien pueblos contrarios y disiantes, que las ¡lores en ella hallaron

brote.

De. Juárez y Rizal, pues ella abarca legión de razas; lengua en que Cervantes Dios le dio el Evangelio del

Quijote.»

Distintos parrafos de Unamuno se abren hcy a la reflexión. Sentado sobre el césped —no lejcs del ríe,

chavados los ojos en el agua del aire, vestido e u ,0tro oscuro tomo era ju costumbre—. el pensamiento

agónico de su pétrea cabeza tan magistralmente -esculpida por Victorio Macho, e] 11 de agosto de 1934

dejaría escrito sobre e! apunte c´.e su interior paisaje:

«Vasconia-Bilbao me dio con su san-gfc espiritual el hueso del alma que Castilla-Salamanca coi» su

habla sobre todo me soldó y arreció, el meollo tuétano español.»

Julián Marias, en su libro «Los Españoles», recuerda la despedida que Una-muno hiciera en Salamanca al

abandonar su tarea en la Universidad; «A presión de siglos, encerrado soplo verbal que nos ha hecho lo

que por la gracia de Dios, la Palabra simia, somos: españoles de España. Las creencias une. nos

consuelan, las esperanzas que nos empujan al porvenir. los empeños y los ensueños aue nos mantienen en

pie de marcha histórica a la misión de nuestro destino, hasta las discordias que, por dialéctica y antitética

paradoja, nos une en íntima guerra civil arraigan en el lenguaje comun. Cada lengua lleva implícita, mejor

encarnada en sí, una concepción de la vida universal, y con ella un sentimiento —se siente con palabras—

. un consentimiento, una filosofía y una religión. Las lleva la nuestra.»

No alarguemos esta comentario citando las batallas que Unamuno convierte en discusiones, en su libio

«En tomo al casticismo». No alarguemos estas líneas con palabras de Ortega en «España invertebrada»

cuando confirma los caracteres del castellano con la admirable investigación que Menendez Pidal

realizara en su gran libro sobre los «Orígenes del español. Estado lingüístico de la Peninsula ibérica hasta

el siglo XI». Tampoco nos adentramos en los comentarios que Madariaga escribiera sobre la «Historia de

España y de la civilización española» de Altamira. Todos estos textos nos llevarían a hondos

descubrimientos y, para algunos, a vanados contrastes.

Únicamente —frente a la proscripción que e! alcalde de Galdácano ha realízado en su villa en cuanto a la

persona de Unamuno— añadiré cuan. gran respeto me merece la lengua, de Vasconía. Vascos recias lian

escrito textos muy destacados empleando ese recio y valeroso cauce. Pero no puede negarse la existencia

de hombres nacidos en Bilbao (en m! memoria llevo a un gran poeta trae acaba de morir, y a otro poeta,

grande que sigue viviendo: Blas de Otero y Gabriel Celaya), que con sus versos en tensión hablan de

nuevo de la lengua castellana.

Titulado precisamente «En Castellano». Blas de Otero —antes de entregar su poesía— coloca un texto de

Menéndez Pidal, que aquí reproduzco: «Estos castellanotes —decían los fieles al Rey— hasta en el hablar

se muestran rebeldes y apartadizos..., parecen vascos.» Y Blas de Otero detrás, en 1951, rompe con la

potente fuerza de sus palabras, en estas versos:

«Borradlo. Labraremos la paz. la paz, La paz, a fuerza, de caricias, o puñetazos puros. Aquí as dejo mi

vas escrita en castellano. España:, no te olvides que hemos sujrído I juntos.»

Y también Menéndez Pidal ha suscitado en Gabriel Celaya —en sus «Cantos iberos»—. la raíz del amor

al. que le tienta la Filología, Manuel Alvar explica esta expresión con cuidado sumo: Filología: «Por amor

a la razón y por amor a la palabra.

Y rompen loe «Cantos iberos» con toda su potencia; ¡a de Gabriel Celaya:

«Hablando en castellano, el pobló, puoblo, puabló, que andaba desvariando,

se dice por fin pueblo, liso y llano, con su nombre y conciencia bien claLvnrfos «ara siempre, y sin más

puestos en altos.»

Pienso que. igual aue hay recios vascos en lengua de Vasconia escribiendo sus textos, hay hombres,

nacidos en Bilbao, aue hablan y cantan e; castellano. Ni un dramaturgo como Lope, ui un novelista

insigne y universal como Cervantes, ni un pintor de la talla de Velázquez, ni un erudito como Menéndez

Pelayo, ni un médico célebre cnmo Ramón y Cajal, r_i un investigador que obtiene el premio Nobel como

Severo Ochoa, ni un (médico-erudito-escritor-ensayista) de España como fue Marañón, merecen la

repulsa de que borren sus nombres de las calles.

Y, en el medio, Unamuno, ese tormento de fuegos interiores, cuyo nervio es un río que surca

desconcertante toda España.—José Julio PERLADO.

 

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