Amnistía imposible     
 
 Diario 16.    27/10/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Amnistía imposible

La actual polémica sobre una «amnistía», tras el refrendo popular a los Estatutos vasco y catalán, ni es la

primera de este tipo ni será la última. Tras el pronunciamiento «a título personal» en favor de esta medida

por parte de Tierno Galván, el efecto de bola de nieve no se ha hecho esperar y, como era previsible, está

siendo capitalizado por el sector de la izquierda nacionalista vasca que encabezan Juan María Bandrés y

Mario Onaindía, líderes de Euskadiko Ezkerra. Lógicamente esta coalición procurará forzar una nueva

presión pro amnistía, inmediatamente después de la aprobación del Estatuto, tanto para conservar su

identidad «abertzale» como para conservar su peso específico en la rama político-militar de ETA.

La postura de los comunistas y ucedistas ante esta campaña en ciernes no se ha hecho esperar y es

meridianamente clara: no hay razón alguna para hablar de amnistía en estos momentos, ni jurídicamente

ni políticamente. La Constitución es clara al respecto, cuando en el apartado I del artículo 62 incluye entre

las facultades del Rey la de «ejercer el derecho de gracia con arreglo a la ley, que no podrá autorizar

indultos generales». Hablar de amnistía a la luz de este precepto es pura y simplemente anticonstitucional,

jurídicamente impensable. Pero no menos inaceptable sería políticamente, hasta el punto de que no hace

falta ser fragüista para acordar que Fraga tiene toda la razón cuando afirma que «una amnistía no haría

otra cosa que aumentar la arrogancia de los terroristas». Estaríamos, pues, ante un acto anticonstitucional

cuyo efecto sería el contrario al deseado.

La postura de los socialistas es similar a la de comunistas y centristas, pero consideramos que, pese a las

manifestaciones inequívocas de Múgica y Bene-gas, debieran haber hecho hincapié en el matiz

«personal» de las declaraciones de Tierno, a todas luces arbitrarias y con un deje —por la oportunidad

electoral en que fueron emitidas— de demagogia y oportunismo. Finalmente, el PNV sigue el debate con

su eterna ambigüedad en estos terrenos: sin pronunciamiento oficial y recargando un acento u otro en

función del auditorio inmediato.

Queda pues Euskadiko Ezkerra, junto con los sectores más radicales del PNV, corno motor de la

campaña. Juan María Bandrés ha salido al paso de la evidencia anticonstitucional de su demanda con otro

argumento juridicista: «Es lo mismo una amnistía que ciento cincuenta o doscientos indultos

particulares.» Cierto, y muy sagaz por su parte. Pero igualmente imposible en las actuales circunstancias,

pues tal medida, que sería jurídicamente correcta, seguiría siendo políticamente suicida. No hay, ni podrá

haber, no ya indultos, sino la simple posibilidad de hablar de ellos seriamente, mientras no existan, y

decantadas por un plazo prudencial de comprobación, absolutas garantías de que ETA, en sus dos ramas,

ha depuesto las armas. Hasta que esto ocurra, quede el tema totalmente archivado.

 

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