Imposible amnistía     
 
 ABC.    29/07/1979.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

IMPOSIBLE AMNISTÍA

La política y el terrorismo avanzan por caminos distintos. Pretende la poli tica —comprendidos

todos los partidos en esta expresión— consolidar la democracia en España, de acuerdo con la

Constitución. Y pretende, a su vez, el terrorismo destrozar, en sus bases mismas, «I proyecto

de vida nacional democrática, empleando la violencia más radical. Por ello, ningún avance

político —elecciones generales libres, aprobación parlamentaria y popular de la Constitución,

aprobación de los Estatutos autonómicos— aplaca ni detiene a los terroristas. A las urnas

democráticas contestan con bombas criminales; a las leyes constitucionales responden con

metralletas asesinas.

Así, no de otro modo, se sigue todavía disputando la guerra por la subsistencia de una

democracia española. Ignorar esta trágica situación, o intentar desvirtuarla con interpretaciones

políticas de conveniencia o con aplazamientos que se acogen a esperanzas imposibles, es el

error más grave en que puedan incurrir el Gobierno y Jos partidos de la oposición que se

sientan sinceramente democráticos. Es, prácticamente, un suicidio nacional.

Los hechos hablan con más fuerza pue las palabras. El avance democrático, auténtico,

consumado en estos últimos años, es suficiente, en su cantidad y condición, para haber

inducido, por ejemplo, al GRAPO al abandono de su actividad criminal. Pero el GRAPO sigue,

con deplorable actualidad, matando; sigue en pie de guerra. En lo suyo.

Lo mismo se puede decir —y con muchos más y mayores motivos— de ETA. ¿Quién negará

ahora que en las esferas políticas —en todas por virtud del consenso— se esperaba un

abandono de actividades terroristas por parte de ETA al ser aprobado, en términos tan

generosos, el Estatuto vasco? Pues bien, acogido el Estatuto con público aplauso de los

políticos vascos, ETA comunicó a Jos medios Informativos, hace pocos días, el 24. de Julio, su

propósito de continuar «la acción armada ofensiva contra todos los soportes del Estado

español en Euzkadi». Ayer mismo, 28 de julio, fueron asesinados, ametrallados, dos policías

nacionales en Bilbao. ETA sigue, también, en pie de guerra, aunque ei llamado presidente del

Gobierno vasco en e! exilio, señor Leizaola, llegase a declarar que una vez aprobado el

Estatuto, ia actuación terrorista no tenía justificación. ¡Comprometidas palabras de las que se

deduce que los crímenes de ETA anteriores a la aprobación del Estatuto vasco estaban

justificados! Para colmo, ahora pide Leizaola, y le acompaña en la aberrante demanda

Telesforo Monzón, una amnistía total para la pacificación del País Vasco

Basta petición semejante —nos basta a nosotros y les basta a todos los españoles de las

regiones o futuras autonomías que van recibiendo, desde hace años, los ataúdes de sus

compatriotas asesinados por ETA— para que nos apresuremos a declarar nuestra rotunda

oposición no sólo a una nueva amnistía, sino a su propia petición.

Todas las amnistías posibles o con posible fundamento político han sido concedidas ya. El

tiempo de un admisible olvido de la sangre y de los crímenes está cancelado. Volver a

conceder ahora esa otra amnistía que piden Leizaola y Monzón equivaldría a proclamar, desde

la autoridad y la responsabilidad del Gobierno y del Parlamento, que el futuro de España y de

su democracia no discurre por cauces de legalidad y que se decide al dictado de la violencia y

del terror. Sería lo mismo que proclamar abolida la Constitución, que proclamar cancelada la

soberanía nacional, que proclamar terminado el Estado de derecho y que entregar ei país

entero a la dictadura atroz y abominable de los grupos terroristas.

 

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