Los partidos ocultos     
 
   30/01/1973.  Páginas: 11. Párrafos: 2. 

Los partidos ocultos

Dice "ABC":

"Lo peor es que el ciego anatema sobre el partidismo de otros tiempos no impide que otro partidismo,

todavía más nefasto por hipócrita, prolifera en el subsuelo de nuestra organización actual, teóricamente

unánime. Con nombres, etiquetas y reticencias de diverso carácter aflora hoy en esta España de transición

algo que deja entrever la sorda existencia de un sistema partidista no por vergonzante menos real. Aparte

las alusiones a "partidos políticos fuera de la ley", pero quizá no tan fuera de la realidad y del peligro

político, somos testigos de un oculto partidismo que conviene analizar hasta la raíz. A la sombra de

nuestras confusiones presentimos aquí y allá la presencia activa de grupos coordinados más o menos

informalmente que sitúan a sus hombres, operan sobre objetivos concretos, responden a directrices

determinadas. No se crea que acusamos subrepticiamente de actividad política a organizaciones apolíticas

ni a simples o complejos grupos sociales de presión. Por el contrario, nos estamos refiriendo a la

escondida pero eficaz acción de grupos políticos genuino, aunque no proclamados. Ideas y proyectos de

indudable interés colectivo se impiden o se archivan no por conveniencias de alto interés general, sino por

imperativos y consignas de grupo. Sólo un larvado partidismo político puede explicar algunas rápidas

carreras, algunos bruscos eclipses, algunos sorprendentes pactos, algunas decisiones discutibles pero

reiteradas y, como se dice en física elemental, "direccionales" en terreno económico, cultural,

administrativo. Los partidos ocultos parecen haberse adaptado al medio; no se lamentan de la posible

confusión, sino que la utilizan. Aprovechan con especial ahínco las estructuras administrativas y

burocráticas, los sistemas de selección. Establecen una manera de reconocimiento mutuo o de rechace.

Conviene insistir: no estamos aludiendo a un determinado grupo u organización, sino a varios; no a una

excepción, sino a un clima. ¿O es que tan turbias infraestructuras responden ya al indeterminado ideal de

las famosas "tendencias"?

Atención, pues: no dejemos que la realidad viva Se nos filtre por las flagrantes incoherencias de nuestra

dialéctica. Signen cayendo inofensivas nuestras críticas en el fondo de la Historia, sobre los viejos

partídos desahuciados. Mientras florecen quizá, en medio de nuestra inerte retórica, los partidos ocultos,

insospechados parásitos de nuestra tan aireada unidad."

 

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