Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   Asociaciones y tendencias     
 
   09/11/1972.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

OPINIONES AJENAS, POLÉMICAS, CARTAS, PUNTUALIZACIONES, COMENTARIOS.

ASOCIACIONES Y TENDENCIAS

Las respuestas del ministro secretario general del Movimiento, ante la Comisión de Leyes Fundamentales

de las Cortes, merecen atención y análisis. Hoy nos vamos a limitar al tema —al viejo y debatido tema—

de las asociaciones políticas.

El primer argumento del señor ministro es un silogismo perfecto. Podría formularse así: Los partidos

políticos no son admisibles por nuestra Constitución; es así que las asociaciones políticas conducen al ré-

gimen de partidos; luego las asociaciones políticas no pueden admitirse.

Frente a este silogismo podría construirse este otro. La Constitución española impone el contraste de

pareceres en concurrencia ordenada de criterios; es así que esa ordenada concurrencia no está establecida

en leyes concretas aplicables; luego...

Estamos, pues, entre Scilla y Caribdis. Y estamos así porque no hemos sabido salir de la trampa

semántica a que el propio ministro secretario general del Movimiento aludió. El ministro no ha dicho ¡no!

al asociacionismo. Tampoco ha dicho ¡sí! El ministro sólo ha encontrado una posible salida. Esta: la

solución —previos los pertinentes estudios— está en el concepto —genial, según el ministro— de

«tendencias» utilizado por el señor Girón en su última intervención ante el Consejo Nacional.

Pero de ahí no pasó. Y entonces, para nosotros, el problema sigue igualmente en pie. Porque, ¿qué

diferencia hay entre tendencias y asociaciones? Si para el señor ministro las asociaciones terminan casi

irremisiblemente en partidos políticos, las tendencias no irán a la zaga. A no ser que por tal se entiendan

éstas, más o menos en estado gaseoso.

Profundicemos un poco más. Según el artículo 4.º de la Ley Orgánica del Estado, «El Movimiento

Nacional..., promueve la vida política en régimen de ordenada concurrencia de criterios». La verdadera

clave de todo este problema de las asociaciones está en la expresión de «ordenada concurrencia». Si las

tendencias de que nos habla el ministro secretario general son individuales y atomizadas, entonces no es-

tarán nunca «ordenadas». Para poner orden hay que agrupar y distinguir unos grupos de otros. Y toda

agrupación, para ser ordenada, exige una mínima organización. El problema queda desplazado así al cum-

plimiento de un mandato constitucional. Hay que inventar el modo de organizar las distintas tendencias

de suerte que, a través de ellas, puedan los españoles que comulguen en cualquiera de las mismas,

siempre dentro de los Principios del Movimiento Nacional, verificar el imperativo constitucional de «el

contraste de pareceres sobre la acción política». Y si esto no se hace de alguna manera, tendremos todos

derecho a lamentarnos no sólo de dejar coja la estructuración constitucional de España, sino de algo más

grave todavía: de una falta de imaginación tal que todo cuanto sobre el tema ha dicho el secretario

General del Movimiento queda en palabras, palabras y palabra»...—José María RUIZ GALLARDON.

 

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