Autor: Solís Ruiz, José. 
   Sobre las asociaciones familiares y la Ley Orgánica del Movimiento  :   
 Don José Solís responde a don Santiago Udina. 
 Ya.    19/11/1972.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 17. 

SOBRE LAS ASOCIACIONES FAMILIARES Y LA LEY ORGÁNICA DEL MOVIMIENTO.

DON JOSE SOLIS RESPONDE A DON SANTIAGO UDINA

El ex ministro secretario general del Movimiento don José Solís Ruiz nos envía el siguiente articulo como

respuesta al que en esta misma página publicó el señor Udina en fecha 28 de octubre. Damos también el

artículo del ex ministro señor Solís para que los lectores jueguen. El pensamiento de YA ha sido

expuesto siempre en los editoriales y lo recordarán nuestros lectores, pues lo hemos reiterado sin usura.

HE leído con detenimiento el artículo publicado por don Santiago Udina en este diario el pasado día 28 de

octubre, el que, a mi juicio, merece un comentario y sobre todo aclaración, pues no refleja exactamente la

realidad de los hechos, cosa, en parte, natural, sin duda por desconocer algunos de ellos.

Seguramente si don Marcelino Olaechea, don Gregorio Modrego y don Casimiro Morcillo vivieran y

hubieran leído el artículo de mi buen amigo Santiago Udina podrían haber matizado con mayor

delicadeza su opinión en las materias a que Udina se refiere, concretamente ante el proyecto de ley de

asociaciones familiares, por un lado, y ante el de ley orgánica del Movimiento Nacional y su Consejo, por

otro.

En cuanto al primero, creo que la realidad ha venido demostrando palmariamente su necesidad; ahora que

todo el mundo clama por las asociaciones familiares y que, incluso, la Confederación Católica Nacional

de Asociaciones de Padres de Familia las está pidiendo, como el propio señor Udina reconoce en su

artículo, no me parece consecuente -en la forma como el señor Udina lo hace- llamar la atención sobre

una iniciativa de la Secretaría General del Movimiento, de la que yo era ministro, que constituyó

entonces, como ahora se ha visto, una anticipación en la línea del desarrollo y apertura política, en la que

avanzamos bastante, aunque, es posible, no todo lo que hubiésemos deseado.

EFECTIVAMENTE, la Secretaría General del Movimiento, que tuvo una función de iniciativa

recogiendo propuesta que le fue formulada por la Delegación Nacional de Asociaciones, redactó un

anteproyecto de ley de asociaciones familiares, de acuerdo con las conclusiones aprobadas por las

asambleas provinciales y nacional, en las que participaron miles de representantes designados por las

respectivas provincias, que fue aprobado por el Consejo de ministros en pleno y remitido a las Cortes para

su estudio.

Fue nombrada la ponencia correspondiente, de la que formaban parte, entre otros, don Licinio de la

Fuente, don Luis Rodríguez de Miguel...Al observar qué no era sometida a la comisión correspondiente,

e1 vicesecretario general del Movimiento y yo visitamos al entonces presidente de las Cortes, quien nos

manifestó que le había visitado don Marcelino Olaechea, mostrándole su preocupación por dicho

proyecto, pues temía pudiese afectar a las asociaciones familiares organizadas por la Iglesia. Ello había

motivado que el señor president dejase el proyecto pendiente.

Esto de que con dicho proyecto se pretendiera "someter a la familia... a la jurisdicción y control de la

Secretaría General del Movimiento" es una opinión personal del señor Udina. Lo que el proyecto

pretendía, creo que en la misma línea en que está ahora planteado el problema de las asociaciones, era

facilitar, a los efectos de representación, el funcionamiento de las asociaciones familiares, sin

discriminación alguna, dentro de los cauces abiertos que el Movimiento podía proporcionar entonces, y

que más tarde ha venido a descubrirse que son los únicos dentro de los cuales cabe, en nuestro sistema

político, un juego representativo eficaz.

Explicamos a don Marcelino cuál era el propósito de la Secretaría General y del Consejo Nacional, ya que

nuestro sistema representativo señala como cauces de participación principal los de la familia, el

municipio y el sindicato. El sindicato, superando su vieja ley del 40, había montado una estructura con

amplia base representativa y constituía una de las organizaciones sindicales más importantes de Europa,

con miles de dirigentes muy capacitados. El municipio, con su tradición y el sistema electivo implantado

para la designación de sus concejales, era instrumento de participación que, aunque reclamaba una

actualización legal, cumplía el cometido que las leyes constitucionales le señalaban.

La familia, sin embargo, no tenia regulada esta necesaria participación y, doctrinal y legalmente,

veníamos obligados a proporcionársela, regulando su representatividad a los efectos que las Leyes

Fundamentales señalan.

Creo poder decir al señor Udina que monseñor Olaechea, con quien me unía una gran amistad, acabó por

entender perfectamente esta finalidad cuando le fue detenidamente explicada por mi mismo y por el

vicesecretario general en varias visitas personales que le hicimos con tal propósito. Quizá fuera ya tarde

para deshacer lo que otras opiniones vertidas con anterioridad habían conseguido, al mover inicialmente

la actitud del ilustre prelado en una dirección.

Los diez años transcurridos desde entonces quizá, hubieran sido ahora tiempo ganado si aquel proyecto

hubiera sido examinado sin prejuicios políticos y en la abierta discusión de las Cortes, no fuera de ellas,

se hubieran aportado las sugerencias e iniciativas necesarias para mejorarlo y orientarlo adecuadamente.

Otro tema distinto es el de la ley Orgánica del Movimiento y su Consejo Nacional, al que dedica el señor

Udina la mayor parto de su citado artículo. Yo le agradezco profundamente la alta estima en que parece

tenerme al pensar y decir que la ley salió así porque yo me empeñé. Más justo sería quizá decir que yo me

empeñé porque la consideraba políticamente adecuada y necesaria, pero que la ley salió porque el

Gobierno y las Cortes lo decidieron y, sobre todo, porque respondía al criterio tan reiteradamente

expuesto por el Jefe nacional del Movimiento, cuando varias voces afirmó - alguna de ellas bien próxima

a la discusión del proyecto en las Cortes - que el Movimiento entrañaba una comunión en los principios,

una organización y una jefatura.

Efectivamente, la Secretaría General del Movimiento y el Consejo Nacional, no sólo e1ministro Solís,

como indica el señor Udina, hubo de enfrentarse con la necesidad de preparar un proyecto de ley orgánica

del Movimiento Nacional, toda vez que la legislación que lo regulaba había quedado desfasada por el

tiempo y por otra parte, era imprescindible adaptar la vieja legislación a las Leyes Fundamentales, cuya

actualización había defendido la propia Secretaría General ante el Consejo de la Sección Femenina,

celebrado en Vigo, hecho que nos hubiese agradado no fuese olvidado por el señor Udina, ya que supuso

el inicio de una etapa de apertura. La propia Ley Orgánica del Estado, que el señor Udina pretendía

presentar como contraria a la ley Orgánica del Movimiento, no sólo no está contradicha -ni podría estarlo-

por la ley Orgánica del Movimiento, sino que al considerar al Consejo Nacional "como representación

colegiada del Movimiento" (art. 21) exige la existencia institucional del Movimiento, que es el

representado, para que pueda existir el Consejo Nacional, que es su representación, y habla del secretario

general, que no puede ser otro que el del Movimiento, porque lo menciona para asignarle la función de

vicepresidente del Consejo, lo que indica la existencia de una cierta estructura orgánica que de alguna

forma habría de estar regulada. Pero éstos son temas que ya el Gobierno consideró y que las Cortes ya

deliberaron sobre ellos y los aprobaron. Las opiniones del señor Udina y de todos los procuradores que

intervinieron están reflejadas en el "Diario de Sesiones" y ponen de manifiesto, indudablemente, el punto

de vista y el propósito de cada uno, y la votación en el pleno de las Cortes, también.

No veo por qué sacar ahora a colación supuestas opiniones de tres ilustres prelados y entrañables amigos,

cuya memoria yo nunca pretenderé manipular.

No puedo estar de acuerdo con el señor Udina cuando dice en lo que ha quedado la ley del Movimiento y

su Consejo Nacional. ¿Cree de verdad el señor Udina que es esta ley la que ha producido lo que él llama

"el bloqueo del desarrollo político del país" y que es la ley Orgánica del Movimiento y su Consejo,

precisamente, la que ha provocado "el regreso a situaciones anteriores al referéndum de 1966, en el ca-

llejón sin salida del mañana"? Yo creo, por el contrario, que la ley contiene cauces y estímulos suficientes

para hacer posible una participación más activa de los españoles en la vida política, y creo también que

muchas de las polémicas que hoy se debaten en el terreno político se suscitaron a partir de la ley Orgánica

del Movimiento y su Consejo Nacional de 1967.

Secretaría General defendió entonces y consiguió una representación de la familia en las Cortes, y hoy 50

procuradores familiares intervienen, en dicha Cámara con libertad y competencia. Esta indudable apertura

es olvidada muchas veces, y al Movimiento correspondió la misma, aunque no haga referencia a ello mi

buen amigo señor Udina.

Paz a los muertos, señor Udina, y paz también para los vivos si es que queremos contribuir a seguir

construyendo una España patrimonio común de todos los españoles, sin seguir arrojándonos a la cabeza

las ideas de cada uno como si fueran piedras.

José SOLIS RUIZ

 

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