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 La amnistía y el terror     
 
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LA AMNISTÍA Y EL TERROR

¿Quién es ese individuo argentino, de difícil fonética eslovaca, que era hasta ayer totalmente desconocido

al gran público y que ha sido detenido como sospechoso tras el homicidio de un participante en la

manifestación ilegal pro amnistía del pasado domingo? ¿Quién te paga? ¿Es un loco, es un idealista, o es

un profesional de la delincuencia que cobra a tanto el delito? En esta última eventualidad, ¿de qué

siniestra nónima depende? ¿O, acaso, se trata de un error y no tiene nada que ver con tos hechos que se te

imputan?

Caso de comprobarse su responsabilidad, los manifestantes «pro amnistía», compañeros y amigos del jo-

ven muerto, ¿pedirían también la amnistía para él?

Muchas- son las incógnitas que el pueblo español quisiera hoy tener resueltas. La manifestación pro

amnistía fue declarada ilegal. No obstante, sus organizadores, saliéndose fuera de la Ley, se empeñaron

en organizaría. Y lo consiguieron. Y hubo un muerto. ¿Quién es el homicida? ¿Qué pretendía? ¿A quién

representaba?

A medianoche del lunes, dos desalmados penetraron, metralleta en mano, en el despacho laboralista de

Atocha, 55, donde se encontraban determinados miembros de las «Comisiones Obreras» y dispararon

indiscriminadamente contra cuantos se encontraban dentro produciendo media docena de víctimas.

¿Quiénes son? ¿De dónde surgen? ¿De de procedencia eran sus armas? ¿Qué cerebro cobarde organizó el

asalto? ¿Qué dinero sicario lo sufragó? La pregunta final vuelve a ser la misma. Quienes desobedecieron

la orden gubernativa de participar en la manifestación del domingo, ¿serían partidarios de que se

extendiera también la amnistía por la que abogan a tos criminales autores d« tales hechos? El crimen es

crimen con independencia de la mano que lo cometa. La Ley debe ser implacable ciega: debe tener´,

como la pintan los dibujos alegóricos, una venda en los ojos.

Los secuestradores de Antonio María de Oriol, envalentonados tras su impunidad, dialogan de igual a

igual con el Gobierno, exigen, amenazan, imponen sus condiciones. La radio, los periódicos, la televisión,

somos sus portavoces. El delincuente habla, el Gobierno calla, el desconcierto se extiende, la autoridad se

debilita.

Un periódico, especializado desde sus orígenes en el escandíalo, afirmó que el «G. R. A. P. O.» («Grupo

de Resistencia Antifascista del Primero de Octubre») era una invención de la derecha. Veamos lo que

pedían como condición para poner en libertad al presidente del Consejo de Estado estos supuestos

derechistas inventados por «Diario-16»;

1." Amnistía -para José Javier Izco de la Iglesia, autor material del asesinato por la espalda del comisario

jefe de la Policía de San Sebastián, Melitón Manzanas, contra cuyo cadáver, en presencia de la mujer y de

la hija de la víctima, hizo cuatro disparos más y logró huir. Meses más tarde asaltó la cárcel de Pamplona

donde fue herido y detenido. Fue procesado y condenado a muerte en el Tribunal de Burgos. Francisco

Franco ejerció el derecho de gracia y conmutó su pena por la inmediata inferior.

2.° José María Dorronsoro Cebeiro, participante en las reuniones que tuvieron lugar en la Casa Cnral de

Gaztelu, en la Casa de Ejercicios Espirituales de los Padres Jesuítas de Guetaria y en el convento de los

Padres Sacramentinos de Villaró, en que se decidió ejecutar a Melitón Manzanas y se seleccionó la mano

que había de ejecutarle. Condenado a muerte, e indultado por el Jefe del Estado.

3." Mario Onaindía Nachiondo, quien en el citado proceso de Burgos, llegado el momento de declarar, se

abalanzó sobre un hacha que estaba en el suelo ante la mesa presidencial y que era una de las pruebas de

convicción, para atacar al Tribunal que lo juzgaba. «El vocal ponente y algún otro miembro del Tribunal

desenvainan el sable. La Policía se abalanzó sobre él y apenas pudo reducirlo. Los otros acusados se

ponen de pie en el foso y se lanzan sobre los policías que tienen detrás.» Todos los periódicos publicaron

el caso. Las palabras entrecomilladas corresponden a una de las crónicas enviadas por Miguel Torres

desde Burgos durante tos días de aquel espectacular proceso.

El resto de los hombres y mujeres, cuya libertad pide el «G. R. A. P. O.» a cambio de la vida de Antonio

María de Oriol están implicados en la bomba de la calle del Correo, que produjo más de 22 víctimas

inocentes y en el asesinato de Carrero Blanco. Una cosa es la amnistía por mantenimiento de unas

posiciones políticas más o menos consideradas Ilegales y otra es la amnistía a los delitos de sangre. Sería

demasiado cómodo, demasiado fácil, arriesgarse a tos mayores crímenes y después secuestrar a una gran

personalidad política para canjear su libertad por la impunidad de los crímenes anteriormente cometidos.

Esto no es posible. Los autores de delitos (sean del color que sean) deben de ser juzgados y condenados

de acuerdo con la Ley.

Las motivaciones políticas, sean rojas o azules, no deben modificar el curso de la Justicia.

El -Gobierno ha tenido magníficas ocasiones —excepcionalmente bien aprovechadas— paira demostrar

su paciencia, su sentido de la convivencia y su deseo de convergencia de todos los españoles en una noble

tarea común. Todo ello pertenece a la parte más grata de la política cuando está ejercida, como en este

caso, por hombres de bien.

Pero los hombres de bien, cuando son gobernantes, tienen la ineludible obligación frente a su país y frente

a la Historia de ejercer, además, otras labores menos gratas: la autoridad.—

MERLÍN

"ABC", 26 de enero de 1977

 

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