La clave de la matanza     
 
 El Alcázar.    27/01/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

LA CLAVE DE LA MATANZA

Queremos hacer algunas afirmaciones previas. Nuestra descalificación del terrorismo está fuera de toda

duda. Lo condenamos como método y como fin. Entendemos que el terrorismo constituye una repugnante

manifestación criminal que descalifica absolutamente a quien lo ejerce. No sólo a quienes son ciegos

ejecutores sino, fundamentalmente, a aquellas ideologías y centros de decisión que basan su fuerza

política en el totalitario ejercicio del terror ideológico y material.

Porque tenemos una concepción cristiana de la existencia, opuesta al materialismo marxista y capitalista,

y porque concedemos al hombre una dimensión espiritual, como portador de valores eternos, rechazamos

el terrorismo como método de combate político. No es ésta una actitud oportunista surgida al hilo de

recientes acontecimientos, sino que está inscrita, desde antiguo, en uno de los más bellos textos dedicados

como oración a los Caídos de la Falange.

Desde este plano categórico de descalificación del terrorismo, queremos analizar el criminal atentado de

la calle de Atocha, en el que la filiación comunista de las víctimas ha servido de fácil argumento para

imputar su asesinato a sus oponentes más extremos. La pasión y el sectarismo que alientan las páginas de

no pocos periódicos, los soterrados compromisos de partido que fuerzan la pluma de Determinados

periodistas e incluso la ingenuidad y el desconocimiento de las tácticas del marxismo han dado pábulo a

acusaciones gratuitas, tanto más graves, cuanto que se basan en testimonios interesados y contradictorios,

cuya constatación ha sido imposible establecer. Basta con la contrastación de las declaraciones de los

supuestos testigos presenciales de la muerte del estudiante Arturo Ruiz García, para comprobar, la

ligereza con que los medios de comunicación, incluidos los dependientes del Estado, se han apresurado a

imputar el crimen a "la extrema derecha", fórmula genérica de denominación en la que prima mas el afán

descalcador que la precisión conceptual.

¿Y qué decir de la brutal matanza de la calle de Atocha?

En ella, ni siquiera se conocen testigos, lo que no es impedimento para que, con idéntica precipitación y

sectarismo, se haya querido cargar a la "derecha" el repugnante crimen.

Frente a toda esta serie de conjeturas que fantasean incluso con rocambolescas organizaciones

internacionales "fascistas", existen hechos perfectamente comprobables de los que nadie parece decidido

a hablar, pero que pudieran ser clave en los dos casos de terrorismo.

En circular dirigida a los militantes del Partido Comunista de España, el pasado mes de agosto, y bajo el

título de "Ante un otoño revolucionario", el Comité del Partido instruía así: "... Hay que resaltar la torpe

labor que llevan a cabo alqunos grupos sin apoyo popular que basan únicamente en la violencia sus

actividades y que se autodenominan "izquierdistas" y "revolucionarios". Táctica tan absurda e inadecuada

en las actuales circunstancias debe ser aprovechada por nosotros mediante un giro favorable. Estas

acciones se cargarán siempre en la cuenta de comandos de extrema derecha. Se pondrán en duda las notas

oficiales sobre la identidad de los autores y se insistirá en que sólo beneficia al bunker fascista. No está

descartado el que nos veamos obligados a actuar contra esos grupúsculos que tanto nos perjudican de cafa

a las masas. Caso de ser necesario, LAS VICTIMAS SE CARGARAN SIEMPRE EN LA CUENTA DÉ

LA ULTRA-DERECHA y así será reflejado por nuestros órganos de expresión, los cuales por otra parte

continuarán la campaña contra los perros guardianes del fascismo en la línea seguida en los últimos

meses"...

¿La manifestación pro-amnistía organizada por el P.T.E., la Liga Comunista Revolucionaria y la Joven

Guardia Roja, fue considerada por el P.C.E. como uno de esos actos inadecuados que tanto le "perjudican

cara a las masas"? ¿Se consideró el P.C.E. obligado a "actuar contra esos grupúsculos"? Si así fuera —y

hay serios motivos para suponerlo— el que la víctima haya sido cargada en la cuenta de la ultra-derecha

no es más que la lógica consecuencia de la táctica prevista por el partido.

Quienes están ai tanto de las luchas intestinas que se desarrollan en el seno de las C.C.O.O. conocen muy

bien las tensiones surgidas al hilo del intento de formación del Sindicato Unitario. El dilema en que el

P.C.E. se debate en cuestiones sindicalistas, mantiene enfrentados a los máximos líderes del comunismo

carrillista. La imagen del genocida de Paracuellos, pese al culto a la personalidad que se le prodiga, está

deteriorada. Han surgido nuevas "estrellas" que aspiran al liderazgo. Sartorius y Tamames rivalizan por el

delfinato. La lucha se refleja en el antagonismo sindical. Y Carrillo siente desde hace tiempo que le

tiembla el pedestal. Los abogados reunidos en Atocha ¿eran "ortodoxos" de las Comisiones Obreras?

¿Abogaban por el Sindicato Unitario? ¿Obedecían a Carrillo? ¿O seguían a alguno de sus delfines y

rivales? La respuesta podría dar la clave de la matanza. El brutal asesinato colectivo es, indudablemente,

obra de expertos. Gentes sin escrúpulos morales, perfectamente entrenados para el crimen y el golpe

terrorista, que muy bien pudieran encuadrarse en las filas de la KGB. Las armas empleadas constituyen

una pista importante. La rápida capitalización política que el P.C.E. ha cosechado con el crimen de-

muestra que la acción ha sido "aprovechada mediante un giro favorable".

De otra parte, en la pormenorizada relación de asistentes al sepelio destacan los nombres de Carrillo,

Sánchez Montero y Camacho. Pero, ¿estuvieron •Tamames y Sartorius? Sus nombres no aparecen en lista

alguna se trata de una "omisión" o de una "ausencia"? ¿Por qué causa?

 

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