Amnistía o impunidad     
 
 El Alcázar.    10/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

AMNISTÍA O IMPUNIDAD

El Ministro de Justicia dijo hace muy poco y dijo bien, que la amnistía fomenta la impunidad de!

delito, lo que es una verdad como un templo.

Pero es que además, desmoraliza a los tribunales obligados a la aplicación de leyes que no

han hecho ellos y que incumplen otras autoridades. Y hasta indigna a los que podríamos llamar

delincuentes de especie distinta, cuando, como aquí viene ocurriendo, ciertos grandes

delincuentes gozan de ostensible y desafiante libertad; y en cambio, aquéllos que no lo son, los

que han cometido delitos menores, permanecen en prisión.

En este orden de ideas imagínese qué pasarán o, aún mejor, cuánto desdeñarán a la ley y a

quienes dicen encamarla, estos famosos "extrañados" que, condenados a muerte y

posteriormente indultados, se vieron sorprendente e ilegalmente transportados en un avión al

extranjero por cuenta del Estado que les facilitó un insólito turismo de ida y vuelta, puesto que a

los pocos días volvían a España —que aún incluye el país vasco—, libres prácticamente y

hasta en olor de multitud.

Cómo se carcajearon de la autoridad del pseudoestado en que vivimos —y sin la cual no hay

libertad, ni democracia y sí "solamente caos—, al leer que el hoy ministro del Interior entiende

que nada cabe hacer para detenerlos, por incumplimiento de condena —la de ese

extrañamiento de España — , pese a su constante y altiva presencia en actos públicos, por

entender el señor ministro encargado de la seguridad pública e individual que no cabe actuar

contra aquéllos por temor a que se organice una carnicería, al estar siempre rodeados de

guardaespaldas armados, no sabemos si con licencia o sin ella.

Y sobre todo, repetímos, ¿qué juicio se formará del modo de entender lo justo y lo legal el

nuevo y democrático Estado español, quien pase meses y meses en la cárcel por haber robado

una cartera, por dar un cheque sin fondos, por romper una o varías lunas o por atrepellar y

matar involuntariamente a una persona, mientras aquellos "extrañados" gozan de la libertad de

presidir actos públicos, de pasearse por San Sebastián. Bilbao, Vitoria y sus distintas comarcas

sin que ni un guardia o policía pueda hacer otra cosa que lamentarse de su descarada

presencia.

La amnistía constituía el punto 12 del programa de gobierno del Sr. Suárez quien para alcanzar

la "reconciliación nacional" anunció el propósito de recomendar al Rey que la otorgase respecto

de los "delitos y faltas de motivación política o de opinión tipificados en el Código Penal y que

en ningún caso se extienda a quienes hayan lesionado o puesto en riesgo la vida o la

integridad física de las personas".

Y con esta declaración —no rectificada y siempre ratificada—, fue el Sr. Suárez y su Centro

Democrático a las elecciones generales del 15 de junio que le dieron el triunfo.

Por tanto sobrepasar este límite que voluntariamente se impusieron ante la Nación, no es

legítimo ya se sobrepasó ampliamente al disponer el "extrañamiento" antes comentado de unos

reos con pena de muerte conmutada; es decir que ya habían sido objeto de medida de gracia.

Y por esto sin duda claman y reclaman tantos presos comunes que a diario presionan por su

libertad, tal vez no sin razón, pues ¿por qué negarles el derecho a extrañamientos de tan

singular naturaleza?

El extender la amnistía, a quienes ponen en riesgo la vida, además de un peligro nacional y de

un acicate a la impunidad delictiva sería un engaño.

Un grave engaño a un pueblo que al votar el 15 de junio de 1977, no lo hizo sobre la base de

que, a quienes daba la mayoría, iban a decretar que se amnistiase a criminales. Y los engaños,

aunque sean electorales, se pagan, más pronto o más tarde. Para colmo un nuevo crimen -el

de Guemica— clama hoy contra quienes quieren echar un tupido velo sobre los cadáveres de

tantos españoles, alentando inconsecuentemente a quienes toman el perdón a risa.

 

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