Autor: Otero Fernández, Luis. 
   La amnistía: ¿Nueva esperanza frustrada?     
 
 Diario 16.    05/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

La amnistía: ¿Nueva esperanza frustrada?

De nuevo el tema de la amnistía, de la verdadera, de la definitiva amnistía, ocupa uno de los primeros

planos de la actualidad. Después de dos años de acción popular mediante el constante clamor público y la

lucha no violenta, aunque con inolvidables caídos en las calles intentando contrarrestar la inercia y la

incomprensión de los sucesivos gobiernos que respondían con negativas primero y con concesiones

limitadas, discriminatorias, incompletas después, por fin se creía vislumbrar, bajo el proyecto de ley

presentado por la oposición democrática para su discusión urgente en las Corles, oí final de una de las

barreras más negativas para la consolidación de la democracia en España.

Como es bien sabido históricamente, cada vez que un régimen político es sustituido por otro de signo

opuesto, se produce este fenómeno cíe liberación, exculpación y rehabilitación de aquellas personas que,

en una acción precursora, se opusieron o quisieron cambiar el sistema político anterior, o, simplemente

cuando éste era una dictadura, transgredieron sus leyes represivas. Si esto es lógico y asi ha sucedido

siempre en situaciones análogas véase el precedente próximo de la amnistía de 1939 para los delitos

violentos cometidos por los adictos al Movimiento del 38 de julio), en el caso actual, en que el régimen a

implantar es la democracia, en la que nadie debe ser excluido ´ ni incluso EUB enemigos, aunque se

impidan sus. acciones encaminadas a privar a los demás de ella), y que no ha necesitado hasta ahora ´y

todos deseamos que siga -siendo así) una acción violenta o de fuerza para ser implantada, en este caso tan

trascendental, la medida de reconciliación que supone la amnistía es totalmente .imprescindible y tiene

que abarcar todos los casos con todas sos consecuencias, sean los delitos cometidos de la gravedad que

sean, hayan sido juzgados por una u otra jurisdicción y hubieran tenido como objetivo implantar la

democracia o impedirla.

Por esto, junto a la gran esperanza que despierta el texto amplio y realista) propuesto por la oposición

democrática, no se puede por menos de sentir una gran perplejidad al conocer que el Gobierno y su

partido UCD han preparado otra propuesta de ley diferente, según la cual los delitos de sangre a amnistiar

serían discriminados según la interpretación de su intencionalidad, y por otra parte la anulación de la pena

de separación del servicio para los militares condenados a ella por motivos políticos, quedaría sometida a

la aplicación discrecional de las Autoridades militares. Mi perplejidad nace de varios puntos; en primer

lugar, varios miembros destacados de UMD, actualmente miembros de las Cortes, e incluso algunos del

Gobierno, han manifestado inequívocamente, tanto en privado como en público, su convencimiento de la

necesidad de la amnistía en general, e incluso del aspecto concreto de la reincorporación de los militares

separados (podría recordarse, sólo a título de muestra significativa, tí intento de participar en la defensa

de los militares de la UDM por parte de los actuales presidentes del Congreso y ministro de Trabajo).

Pero, por encima de esto, que supongo que planteará en su caso el espinoso dilema de anteponer la

disciplina de voto de partido al sentido ético particular, creo que sería un grave error político dejar de

nuevo sin resolver el problema, total o parcialmente, de cerrar las brechas que impiden la consolidación

democrática. Ninguno de los casos pendientes son cuestiones particulares que se puedan arreglar con una

transacción o con el sacrificio privado; son casos que, tañí o por lo que simbolizan cono por su carga

intrínseca de justicia y reconciliación, no pueden cerrarse sino por la completa y verdadera amnistía, y de

no ser así, continuará la reivindicación en una nueva lucha pacífica, pero denunciadora de la carencia de

verdadera democracia.

Otro motivo de extrañeza ante la resistencia frente a la amnistía total nace de que se achaqué a las Fuerzas

Armadas la presión pava ello y se ponga en sus manos la discrecionalidad de parte de esa amnistía.

Prescindiendo de la inadmisibilidad de que una institución o grupo, o entidad o persona, pueda tener

derecho de veto sobre cuestiones que afectan a la colectividad (en este caso la RECONCILIACIÓN), mi

impresión personal, tanto por pura lógica como por mis contactos con mis antiguos compañeros, es que

esa presión es un fantasma que no corresponde a la realidad, al menos a nivel representativo, y que es

utilizada a veces como pretexto por quienes no quieren hacer bien las cosas, pero desean que parezca lo

contrario, o temen asumir responsabilidades. Creo que ya es hora de dejar en paz a las Fuerzas Armadas,

que lo único que requieren es que se las haga partícipes de la democracia mediante las reformas oportunas

y no, por el contrario, que se las pretenda cargar con la responsabilidad de una cuestión política

primordial, enmascarándola como una cuestión menor de enfrentamiento de la autoridad militar con unos

inferiores descarriados. Esto ni es ni ha sido nanea así y la insistencia en ello es lo Que realmente puede

originar una artificial y no deseada división en sus filas.

Por todo lo expuesto, no puedo por menos de sentirme altamente preocupado ante la contradicción de la

actitud del Gobierno con la lógica aplastante de los hechos y de la situación. Sin embargo, no Quiero

dejar de proclamar también mi gran esperanza en que la firme defensa de su proyecto por parle de la

oposición democrática y la reconsideración de su actitud por los miembros demócratas de UCD,

permitirán un final satisfactorio del próximo pleno del Congreso de Diputados. De él, si el proyecto se

aprueba, sin restricciones, no van a salir vencedores ni vencidos. ni mucho menos revanchas o

satisfacciones particulares, sino pura y simplemente el principio de un camino claro para la democracia en

las personas, los pueblos, las nacionalidades y las instituciones del Estado español.

Luis Otero Fernández

 

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