Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   Hoy comienzan las sesiones del juicio Matesa     
 
 ABC.    08/04/1975.  Página: 41. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

MARTES 8 DE ABRIL DE 1975 PAG. 41.

AUDIENCIA PUBLICA

HOY COMIENZAN LAS SESIONES DEL JUICIO MATESA

Nuestro ilustre colaborador y jurista don José María Ruiz-Gallardón glosa con ¡as presentes lineas el suceso judicial que hoy se inicia con la primera sesión del juicio sobre las actividades presuntamente delictivas de algunos directivos de la empresa Matesa.

En días sucesivos seguirá comentando para nuestros lectores las incidencias más destacables.

Lector; cuando a las diez y media de la mañana de hoy, en los pasillos de acceso a la Sala que ocupa en el Palacio de Justicia de Madrid la Sección Séptima de la Audiencia Provincial, el ujier dé las rituales voces de «audiencia pública», habrán comenzado las sesiones del juicio oral y público para determinar la existencia o inexistencia de los delitos de que a personas cualificadas acusa el Ministerio Fiscal y el señor abogado del Estado, habrá comenzado el que entre el gran público se ha venido en llamar «juicio Matesa». Con toda la expectación y hasta pasión —pasión política fundamentalmente— que comporta este largo proceso iniciado en el verano de 1889. Pero, sobre todo, y es ello lo que en esta primera crónica quisiera poner de manifiesto, habrá comenzado el enjuiciamiento de unas conductas humanas, de unos hechos que, respondiendo a unos móviles, han obligado a unos hombres a comparecer delante de la Justicia para responder de sus actos, para depurar sus responsabilidades.

Tremenda situación la de estos hombres cuyas vidas quedaron mareadas, quizá para siempre, por esta acusación! No entraré yo, en éste mi primer contacto con el lector, en el análisis crítico de los acontecimientos. Tiempo y ocasión habrá para ello al hilo de los debates judiciales, a través de sus declaraciones, de los posibles careos, de la intervención de las acusaciones, las defensas y de los miembros del Tribunal. Hoy, cuando se estén iniciando las sesiones del plenario. yo quisiera que el lector se recogiera consigo mismo y, haciendo abstracción de toda otra consideración, piense que si es necesario, imprescindible, para la buena marcha de una sociedad, de cualquier sociedad, que el Estado disponga de un aparato encargado de hacer justicia, no por ello deja de ser menos angustiosa la situación en que la vida, los propios actos de los protagonistas, les han llevado a tan amargo trance.

Pensemos, pues, en esos hombres a quienes el fiscal pide cuantiosas penas y de cuyos magistrados espera el país entero unos pronunciamientos judiciales justas y ecuánimes, porque fueron he-c h o s político penalmente importantes los que se tes «tribuyen, ¿Delictivos o no? Esa es la cuestión, el tema a dilucidar.

E1 sistema judicial español no es ninguna frivolidad y harían bien en no olvidarlo los lectores. La espectacularidad sólo en escasas ocasiones hace su aparición en un juicio, y ello más por razón de la materia a enjuiciar que por el trámite del desarrollo del proceso. Quiero decir, y que me perdonen los juristas americanos, que el proceso Matesa va a tener muy pocos puntos de contacto con los que prefabricados por la Meca del cine se nos ofrecen tantas veces en las pantallas. La Justicia española, impartida en nombre del Jefe del Estado, tiende a lograr, a través de la intervención de profesionales, un convencimiento exacto sobre la realidad de unos hechos que se declararán o no probados, y en el primer caso serán sometidos, subsumidos por el tipo penal normativo previsto y delimitado en el texto del primer Código punitivo, para ser sancionados. En todo otro supuesto la absolución será el resultado final.

La Justicia española va a hacer justicia concreta, pero sólo justicia, nunca política, y todo ello con inmensa seriedad, con profundo sentido de la responsabilidad de la función que los jóvenes tienen encomendada.

Lector: a las diez y media de la mañana de hoy empieza la vista oral y pública de la causa seguida por los posibles delitos cometidos por unos hombres que han ocupado y van a ocupar durante algún tiempo el primer plano de la atención nacional. Y antes de que el señor secretario de Sala dé cuenta de las actuaciones para que comience propiamente el juicio, no estará de más que todos, jueces, acusadores, abogados, público y, sobre todo, procesados, piensen que lo que de verdad importa es, antes que nada, se haga justicia. Pero justicia sin adjetivos, sin aditamentos ni políticos ni de otra clase, sin reminiscencias críticas contra ausentes, sin otros alcances, grandes alcances, que el que quede limpia, o manchada la hoja de la vida personal de quienes se sienten tras tantos años de sobrellevar el procesamiento, en el banquillo de los acusados.—José María RUIZ GALLARDON.

 

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