Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   Primer día del juicio Matesa     
 
 ABC.    09/04/1975.  Página: 32. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

AUDIENCIA PUBLICA

PRIMER DÍA DEL JUICIO MATESA

Faltaban tres minutos para las once. En estrados, el presidente, señor Salcedo, dio la voz de ritual: ¡Audiencia pública!

Todos los encartados, serios, pero a quienes, sin embargo, no dominaba ningún aparente síntoma, de nerviosismo, ocupaban sus puestos. Por su condición de letrado, el señor Pellicer vestía toga y se sentaba al lado de otros abogados —casi treinta— que habían acudido a la celebración del juicio oral.

Las defensas, con la recientísima incorporación del letrado don Marcial Fernandez Montes, sustituto a última hora del señor Martínez Jordá, basta ayer defensor de Matesa como responsable civil subsidiaria, en sus sitiales. Frente a ellos, el fiscal y el abogado del Estado, señores Salvador Bosque y Arauz de Robles. Todos, como es peculiar de la Justicia española, a la misma altura del Tribunal.

Y no quiero dejar pasar ni un minuto más, lector, sin que proclame con toda rotundidad la para mi primera y gran afirmación que es preciso hacer y de la que debemos felicitarnos todos: Hemos asistido desdo las once de la mañana, basta pasadas tas ocho de la tarde, con el breve descanso obligado para almorzar, a na ejemplo de lo que debe ser un juicio oral. Ni un sólo incidente digno de consideración —apenas una suspensión solicitada 7 no atendida—, ni una salida de tono, ni una alusión impertinente o grave. Cada uno en su papel, cumpliendo con loa sagrados deberes de acusar y defender. Y de juzgar y, por parte de los magistrados, de dirigir los debates. Felicitémonos, pues, todos como hombrea de derecho y como ciudadanos. Excelente impresión se habría llevado algún observador como el abogado belga, delegado de la Comisión Internacional de Juristas y destacado a Madrid.

Y vayamos al juicio, El tector encontrará en otras columnas de este número cumplida información de lo acontecido. Permítaseme que comente algún extremo.

Tras el indulto de 1969, el tema Matesa había quedado reducido a tres grandes grupos de problemas:

— Las posibles falsedades.

— Las estafas presuntas.

— Los cohechos imputados.

Pero, todo ello, con un único protagonista hoy: don Juan Vilá Reyes, que, en postura que le honra, como han reconocido todas las defensas, pronunció por dos veces estas tremendas afirmaciones: «Yo me hago responsable Ae todo lo que ha sucedido en Matesa. Y lo tengo a gala, porque, sea cualquiera mi acierto o desacierto, mi Intención ha sido servir a mi país.» El sabía qué hacía y lo hacía a conciencia; ¿pero basta con eso para ser inocente?

De seguro que los abogados defensores—especialmente don José María Gil Robles, hábil, sereno, astuto, incisivo, pero nada displicente o irritante ni para con los ausentes ayer encausados, ni para con quienes dirigieron la política económica del país en aquellos/ años— sacarán partido de esta afirmación.

Porque —y esta es mi modesta opinión— lo que Juan Vilá Reyes ha dicho lo cree firmemente. Y yo con él. Creo que ha querido servir a España exportando «agresivamente» (la palabra que más ha repetido).

Creo qne se «enamoró», valga el término, del telar Iwer sin lanzadera, creo que fondo un colosal imperio comercial, de asistencia técnica, ingeniosísimo, posiblemente eficaz..., pero con un dinero que no era suyo, ni del Estado español, sino de todos nosotros, de todos los españoles. Y ahí puede estar su calvario.

Porque para lograr aquella bella meta, aquel sueño feliz, «sorteó» dificultades, trabas administrativas.

Hubo letras que desde el momento de su emisión se desdecían con otros documentos, hubo contratos de pedido en firme que eran, en frase de su defensor, sólo facturas proforma, hubo disposiciones de fondos a través de créditos globales no suficientemente ajustados en su concepción, tramite y disponibilidad a lo legalnente estatuido. Y hubo... un desfase tremendo, un boyo económico gravísimo en perjuicio de la economía nacional. ¿Delito? ¿Falsedades? ¿Estafas? ¿Cohechos? Todo eso está todavía por ver.

Aún falta mucho juicio. Faltan declaraciones de otros procesados, de los testigos, los informes de los peritos, los alegatos de la defensa y de la acusación. Falta sobre todo la razonada ponderación de los señores magistrados. Pero si algo ha quedado evidenciado en este primer día de juicio es la inteligencia, la sagacidad y el amor al riesgo propio de gran jugador —en el mejor sentido de la palabra—. de hombre de negocios fuera de serie, que se presentó en la figura de Vilá Reyes.

Pero pesan mucho todavía las pausadas afirmaciones del fiscal: sus preguntas sobre el porqué de la simulación de contratos, sobre las sociedades interioradas, sobre las evasiones de capital, «obre las ventas de Matesa a sí misma —no en todos, pero sí en átennos casos—. Pesan mucho la realidad de los telares cuyo destino final ha sido te chatarra, el nada claro juego de los créditos de posfinanciación con pedido en firme cuando la firmeza leí pedido aún no existía, el aumento del plazo para el pago del telar por el importador más allá y más lejos de lo autorizado por la Ley española. Son muchas las gabelas que quizá sólo la inteligencia y el altruismo de Vilá Reyes —sí, su altruismo, aunque con ello lograra ser rey de un imperio industrial por él creado— y la sagacidad y el oficio d* los defensores, sobre todo de los abogados Gil Robles, Fernández Montes. Torres, José Antonio García Trevijano, Mosquete, el venerable ex decano don Fausto Vicente Gella, Ruiz de Velasco y la resultancia de las pruebas que aún quedan por practicar, logren destruir.

Con todo, la acusación más grave con que tropezarán las defensas será acaso la desproporción de la que acusa el Ministerio Público entre las sumas recibidas por Matesa para financiar operaciones de exportación, y las invertidas realmente con esos mismos fines; Jos créditos de prefinancíación de los que puede faltar la prueba que se destinaran en su integridad a la fabricación de maquinaria textil; el dinero suministrado por el Banco de Crédito Industrial acaso invertido en atenciones personales del principal procesado o en adquisiciones en España de empiesas de variada naturaleza o en finan Elación no legitimada de las necesidades que las Delegaciones Iwer necesariamente tuvieron en el extranjero.

Con todo, él juicio no ha hecho mas que empezar. Muchas son las bazas con que aún cuenta la defensa. El tono, Jurídicamente hablando, ha sido muy alto. Nulas, las alusiones a cuestiones políticas (un detalle significativo: nadie aludió ayer, porque todos comprendían que estaba fuera de lugar, a ningún tipo de ayuda recibida de o por Matesa en concomitancia con otras entidades de fines * índole extracomercial).

Lector: hoy, de nuevo a las diez treinta de la mañana, volveremos a entrar en Sala para contarle a usted la continuación de este apasionante caso.—José María RUIZ GALLARDON.

 

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