Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   Se va componiendo el rompecabezas     
 
 ABC.    10/04/1975.  Página: 31-32. Páginas: 2. Párrafos: 9. 

AUDIENCIA PUBLICA

SE VA COMPONIENDO EL ROMPECABEZAS

Un juicio oral es en cierto modo, como un puzie. Hay que ir encajando pieza a pieza. Sólo así se logra el resultado final de componer unas conductas humanas coherentemente explicadas. A veces surgen flecos, piezas que no encajan, mal fabricadas o que quedaron en el olvido. Entonces la tarea es mucho más difícil. Y todos los que intervienen en la administración de justicia —magistrados, fiscales, abogados— se esfuerzan por aclarar, por reconstruir lo que ya es historia, pero puede suponer consecuencias gravísimas para e) futuro de unos hombres, siempre respetables.

Anteayer, toda parecía ir cuadrando con bastante lógica. Ayer comenzaron las dificultades: algunas contradicciones, ciertas omisiones, reiteradas preguntas —quien quiere probar demasiado suele no probar casi nada—. Resumamos lo ocurrido.

Se perfila la materia a enjuiciar. Durante todo el día fueron desfilando ante los señores magistrados —excelente en cada una de sus cantadas, pero siempre oportunísimas intervenciones, el presidente— varios de los encartadas. A fuer de sinceros, la sesión tuvo menos intensidad dramática que la de la jornada anterior, en la que consumió su turno don Juan Vilá Reyes. Ayer, el casi protagonista fue su hermano don Fernando y con él comenzo a desflecarse, permita seme la expresión —nada menospreciadora—, de la idea luminadora de gran industrial que empujó a dan Juan Vilá hasta donde hoy se encuentra. Más trabajo, mucho más para las defensas. Perqué cuando se cuenta con hombres de la talla humana de Juan Vilá Reyes, la labor resulta infinitamtsníe más fácil. Equivocados o no, hombres de este porte parecen como iluminados y hay algo en ellos que arrastra y hasta convence

NO ocurre otro tanto con sus restantes compañeros de proceso. Doa Fernando Vilá Reyes, más que defenderse o defender una idea, quiso atacar en un triple frente. Apuntando el tenia hacia los Estados Unidos donde vivió largos años, y señalando después como a uno de los grandes responsables del desastre Mate-sa a quien ni siquier» está encartado: uno de los dos administradores que. al borde de la «debacle», quisieren salvar la empresa: el señor Trillo Mancisidor. Don Ignacio Trillo no estaba en la sala, pero está citado como testigo, y entonces, cuando declare, podrá aclarar de lo que sobre él dijera dor Fernando Vilá Reyes.

Y en un tercer frente de aefensa, ya esgrimido en el sumario, presentándose como absolutamente sumiso a las órdenes de su hermano don Juan. «Era rotundo, inflexible», nos dice..., y sin embargo la empresa —también la americana— cometió los mismos errores, idénticos hechos por los que acusa el fiscal.

¿Razones? ¿Quizás la especial legislación americana?, ¿o el afán de cap. tar clientes? Ninguna parece convencer por ahora al Ministerio Público ante la sangría de divisas. Y eso es lo Que se Pregunta la gente, ¿A dónde ha ido a parar el dinero? Aunque se nos diga que de haber seguido Matesa funcionando con la ayuda estatal española hoy sería la gloria mayor de la industria patria. Creo que es peligroso jurar con fnturibtes de por sí incomparables como creo que lo es olvidarse * veces de declaraciones sumariales.

Ardua tarea le aguarda al excelente ahogado señor

 

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