Cuarto día del juicio Matesa. 
 Tensa y larga declaración del ex director general de aduanas, denunciador del caso  :   
 Su comparecencia y la de otro testigo consumieron la sesión matutina. 
 ABC.    12/04/1975.  Página: 25-28. Páginas: 4. Párrafos: 98. 

TENSA Y LARGA DECLARACIÓN DEL EX DIRECTOR GENERAL DE ADUANAS,

DENUNCIADOR DEL CASO

Su comparecencia y la de otro testigo consumieron la sesión matutina

Madrid. (De nuestra Redacción.) Sólo dos testigos llenaron, totalmente, la sesión matinal de la cuarta jornada dedicada, en el Palacio de Justicia, al caso Matesa. Fueron don Francisco Javier García Ruis, inspector diplomado de Tributos, del Instituto de Crédito a la Exportación y don Víctor Castro Santamaría, cuya presencia era esperada con auténtica excepción, ya que fue él quien, como director general de Aduanas que era a la sazón, formuló en julio de 1969 la denuncia contra don Juan Vilá Reyes, que dio origen al escándalo Matesa.

Don Francisco García Ruiz, aue comenzó su declaración a las once menos cuarto de la mañana, manifestó, a preguntas del Ministerio Pública, lo siguiente:

Conoció los rumores sobre Irregularidades en el funcionamiento de Matesa, pero tanto el Banco de Crédito Industrial como Crédito y caución dieron Informes favorables. Hallándose en Méjico para asistir a una Asamblea profesional fue Invitado por el señor Juárez, de Matesa, & visitar varias fábricas que utilizaban telares Iwer sin lanzadera. Habló con uno de los usuarios que se mostró satisfecho de estos telares. En cuanto a las gestiones acerca de la Banca, privada manifestó que en realidad Matesa no presentó nunca un balance serlo y aunque accedió a una auditoría no llego a traducirse en hechos, por lo aue la Banca privada no colaboró.

Interrogado por el defensor de don Juan Vilá Reyes, don José María Gil Robles, el testigo informó sobre la misión del Instituto de Crédito a la Exportación y aclaró puntos sobre los créditos llamados globales o para fabricación de «stocks». Al Banco de Crédito Industrial le preocupaba ser el único financlador de todas las exportaciones de Matesa. El crédito oficial —dijo— existe precisamente para facilitar a las empresas los créditos, aue son más difíciles de obtener en la Banca privada.

DECLARACIÓN DE DON VÍCTOR CASTRO

A las once y media Inició su declaración don Víctor Castro Sanmartín, director general de Aduanas desde 1964 a 1970. Su interrogatorio se prolongó hasta las dos menos veinte de la tarde, aunque se produjo media hora de suspensión. Entre las numerosas respuestas dadas al ministerio fiscal, recogemos las más sobresalientes:

Los exportadores recibían la devolución de los impuestos, en razón de la desgravación fiscal. Se producían unas 400.000 operaciones de este tipo al año. El prestaba atención personal a las más importantes. Como estas devoluciones se realizaban a los dos años —al convertirse en firmes—, a finales de 1968, cuando habían de liquidarse las correspondientes a 1966, como temía sobre Matesa Indicios que no le gustaban, encargó a la inspección fiscal que le prestara una especial atención. Al mismo tiempo aue ordenaba esta Inspección, advirtió al Instituto de Moneda Extranjera. La Inspección fue muy larga. Dio lugar a 40 actuaciones de los Inspectores. Matesa no prestó su colaboración. Envió al inspector señor Montesinos, de la Aduana de Irún, a Portugal, donde comprobó que existían 40 ó 50 talleres de Matesa de los cuales sólo funcionaban 15. Elaboró un informe en el que se señalaba que Matesa no fabricaba, no tenía personal obrero, señalaba a sus telares un precio excesivo, no llevaba contabilidad, acusaba falta de seriedad en sus contratos, se vendía a sí misma, presentaba resistencia a la actuación de la Aduana y, en defindtiva. señalaba la existencia de un peligro de quiebra. Este informe lo entregó personataiemrbe al ministro de Hacienda. Retrasó el abono de unos 100 millones de pesetas por desgravaciones a Matesa, que ya había recibido unos 500 millones de pesetas por el mismo concepto.

El ministro de Hacienda le aconsejó que visitara las instalaciones de Matesa, para comprobar si su informe respondía a la realidad. Lo hizo, y tres meses después elaboró un nuevo informe ratificando el anterior. Sospechaba que Matesa estaba financiando empresas extranjeras mediante evasiones de capital, pero no tenía pruebas. Una síntesis de su informe la envió también a Crédito y Caución.

INTERROGA EL SEÑOR GIL ROBLES

A las doce menos cuarto de la mañana inició un largo interrogatorio el defensor de don Juan Vila Reyes, señor Gil Robles: Entre sus muchas afirmaciones recogemos las siguientes:

Posee experiencia empresarial, como jefe de los Talleres de Automóviles ´del Ejército español. Puede opinar sobre problemas de exportación. Estaba convencido de que los precios señalados por Matesa para sus telares eran excesivos en relación con otros telares análogos. Como entonces se carecía de experiencia en la Aduana, se hicieron estudios a fondo. El valor que se tomaba como base para la desgravación era el precio del producto exportado para sus ventas en el interior. Matesa no vendía en España. Sólo existía alguna empresa que había comprado uno o dos telares. Otra empresa que había comprado veinte o treinta no Interesaba porque su vicepresidente era el señor Vilá Reyes. El telar no satisfacía a los clientes españoles. Al no existir precio de venta en el Interior hubo de recurrir a los costos reales.

SEÑOR GIL ROBLES: ¿Se tuvieron en cuenta los muchos millones que durante años gastó Matesa en investigación?

SEÑOR CASTRO: Visité personalmente las instalaciones de investigación de Matesa. En apariencia eran formidables, pero constituían mi derroche, porque allí trabajaban muy pocos. Sólo vi corrillos.

CUARTO DÍA DEL JUICIO MATESA

El público rompe en murmullos y risas, que el presidente corta con un golpe talante Se campanilla. El presidente del Tribunal Intervino también varias veces para pedir al señor Gil Robles que no dialogara con el testigo, ni le preguntara sobre hechos posteriores a los que se juzgan.

UNA RED COMERCIAL DESPROPORCIONADA

Manifestó el señor Castro que, en su opinión, la red comercial de Matesa en el exterior es desproporcionada a sus necesidades.

A los Estados Unidos se enviaron 4.500 telares, que luego se repatriaron a Pamplona y allí siguen pudriéndose. El tema del valor de los telares fue sólo un motivo de alarma. No se sancionó a Matesa por esa razón. Se le conminó a devolver el dinero recibido por ventas irreales. El director general de Aduanas de Portugal informó que en aquel país habían entrado 140 telares, de los que 100 estaban en depósito franco.

SEÑOR GIL ROBLES: Es decir, que los telares exportados a Portugal estaban en Portugal.

SEÑOR CASTRO: Sí, pero los esportados a Méjico estaban en Charleston.

SEÑOR GIL ROBLES: Ese es otro problema.

Risas. El presidente hace sonar la campanilla y anuncia que si vuelven a producirse manifestaciones entre el público hará desalojar la sala.

SEÑOR GIL ROBLES: Lo evidente es que los telares se exportaban.

SEÑOR CASTRO: Pero no se trataba sólo de enviarlos fuera, sino de que se vendieran y se pagaran.

SEÑOR GIL ROBLES: Pero salieron realmente.

SEÑOR CASTRO: Sí. Tuvimos confidencias de que Matesa enviaba cajones llenos de piedras.

Montamos un sistema de comprobación. Hicimos una inspección en un barco, después de cargado. Las cajas contenían realmente telares, que salieron de España para Charleston y ahora están en Pamplona. Se contrataban barcos enteros que llevaban la carga a Charleston, desde donde se reexpedía. Pero en 1966 se enviaron a Charleston 660 telares y salieron sólo 200; en 1967 se enviaron 1.200 y salieron 100; en 1968 se enviaron 1.800 y salieron 88. Es decir, en el primer año, un tercio; en el segundo, un décimo, y en el tercero, un veinteavo.

SEÑOR GIL ROBLES: Estaban en Charleston en concepto de «stocks».

SEÑOR CASTRO: Cuando se compra una mercancía y se paga es porque se necesita. Matesa presentaba clientes que pagaban antes de tiempo.

Al manifestar el señor Gil Robles que se enviaban a Charleston consignados a la empresa American Iwer, creada por Matesa para cumplir con la legislación americana, evitando con ello fuertes impuestos, manifestó el señor Castro:

TELARES ABANDONADOS

—Pero desde Charleston se enviaban telares al Perú y a Méjico, donde no creo que se aplicara la legislación norteamericana.

Aclaró el señor Gil Robles que en Perú iba a montarse una gran industria textil, con numerosos telares «Iwer», que no llegó a ser realidad por cambios políticos en el país.

SEÑOR CASTRO: Mis noticias son que los telares que llegaron al Perú estaban abandonados en la selva.

SEÑOR GIL ROBLES: ¿Abandonados? ¿Dígame cuántos y dónde?

SEÑOR CASTRO: No lo sé.

SEÑOR GIL ROBLES: Seguramente sabe usted lo que son las empresas multinacionales. Matesa fue pionera en ese campo.

SEÑOR CASTRO: Sí, pero todas las que conozco, y en España hay algunas, realizan inversiones para ganar dinero.

SEÑOR GIL ROBLES: La realidad exportadora de Matesa se cumplió. Los telares solterón, incluso para EE. UU.

SEÑOR CASTRO: No comparto esa idea, Unas salidas fueron ciertas, otras discutibles y otras falsas.

LOS TELARES REPATRIADOS

Al señalar el señor Gil Robles que el Estado le debe todavía dinero a Matesa, el señor Castro manifestó que había retenido 124 millones correspondientes a desgravación fiscal, en la seguridad de que Matesa tendría que devolver a Hacienda más dinero. Explicó que él no había ordenado la repatriación de los 4.000 telares que se encontraban en Charleston y de otros centenares situados en varios puntos de Europa.

Se limitó a sugerir tres soluciones a la administración judicial de Matesa, que eligió una. Al ser repatriados, esos telares tenían que pagar derechos, de importación, por lo que fue preciso recurrir a una ficción jurídica, prolongando el recinto aduanero a Pamplona.

SEÑOR GIL ROBLES: Si tenían que abonar derechos de importación es porque habían sido exportados.

Y pudieron ser vendidos en EE. UU. si no se hubieran repatriado. Solamente en fletes se gastaren 110 millones de pesetas, sin necesidad. Esos telares están siendo objeto de nueva exportación.

SEÑOR CASTRO: Eso na. En 1971 se repatriaron 1.400 y sólo han salido 200, na sé si como chatarra o como tales telares.

Añadió el señor Castro que sus datos habían sido obtenidos precisamente de la Dirección General de Aduanas el día anterior.

SEÑOR GIL ROBLES: Que conste en acta, con toda precisión, ese dato y su origen.

DESCANSO CON DESALOJO

Al disponer el presidente que se suspendiera la vista durante unos minutos, eran las 12 horas y 40 minutos. Por primera vez el presidente Ordenó que se despejara 1; sala. El público era muy numeroso y si guió el vivo diálogo del interrogatorio con extraordinario Interés. En determinado momentó, al establecer el señor Castro una cierta comparación del telar «Iwer» con en telar «Sultzer>, don Juan Vilá Reyes n pudo contener un gesto que no escapó E presidente, don José María Salcedo, quie le pidió que se limitara a atender, sin ex teriorizar gestos.

Media hora después se reanudó la vista En la última parte de su declaración, e señor Castro se refirió a sus entrevista; con don Juan Vilá Reyes.

SEÑOR CASTRO: Siempre que hablé cor él se quejaba de la legislación y de sus limitaciones, pero se centraba principalmente en. el tema de la desgravación.

Dijo el señor Castro que no sabía nada sobre el hecho de que los accionistas de Matesa habían puesto sus títulos de propiedad a disposición de los administradores designados por los Ministerios de Hacienda y de Comercio.

SEÑOR GIL ROBLES: A las cuarenta y ocho horas de ese acuerdo el testigo presentó su denuncia ante el Tribunal de Delitos Monetarios.

SEÑOR CASTRO: Formulé esa denuncia el 17 de julio de 1969.

SEÑOR GIL ROBLES: Pero la tenía preparada con anterioridad.

Negó el señor Castro esta afirmación aunque reconoció que la elaboración del borrador había requerido varios días.

SEÑOR GIL ROBLES: La denuncia estaba escrita a máquina, pero la fecha fue escrita a mano.

SEÑOR CASTRO: Está mandado que se ponga la fecha a mano en el momento de firmar y presentar el escrito.

SEÑOR GIL ROBLES: ¿Y por qué lo presentó al Tribunal de Delitos Monetarios y no a la jurisdicción ordinaria, si pensaba que se habían cometido estafas...?

SEÑOR CASTRO: No he afirmado que hubiera estafas. Había irregularidades sobre legislación fiscal, que traté de corregir, y otras que podían constituir delitos monetarios.

Finalmente el letrado señor Fernández Montes, abogado de la Administración judicial de Matesa, puso de manifiesto la contradicción existente entre la afirmación del señor Castro al afirmar en su informe que Matesa carecía de bienes inmuebles, maquinaria de fabricación y personal obrero digno de mención, cuando el informe de los administradores del Ministerio de Hacienda y Comercio cifraba el activo de Matesa en 4.769 millones de pesetas.

SEÑOR CASTRO: Podría tener activos, pero eran muy pequeños frente a las obligaciones contraídas.

El señor Fernández Montes agregó: En el informe de los administradores se dice que si Matesa cesaba en su actividad quedarían sin trabajo dos mil trabajadores, empleados directamente, y 5.000 en industrias complementarias.

El señor fiscal puntualizó por último que la razón de la repatriación de los telares era que se adeudaban 110 millones de pesetas de gastos de almacenaje, que se Incrementaban cada mes en ocho millones mas.

A las dos menos veinte de la tarde, el presidente suspendió la vista.

VIVO DUELO DIALÉCTICO ENTRE EL SEÑOR GIL ROBLES Y UN INSPECTOR DE ADUANAS

£1 auge y el fracaso de Matesa, sus frutos y frustraciones, base de otras declaraciones testificales en la sesión de tarde

La sesión vespertina, que se Inició a las seis, fue seguida con el mismo vivo interés por el público que llenaba la sala.

PROVEEDOR DE PIEZAS FUNDAMENTALES DE LOS TELARES

Fue el primer testigo don Francisco Luzuriaga, proveedor de una parte fundamental de los telares Iwer, en cuya calidad comenzó sus relaciones comerciales con Matesa en 1961 y Que mantiene en la actualidad.

Tanto él como su hombre de confianza, don Antonio Diez Lopetegui, testificaron el incremento constante de pedidos de Matesa, con la recesión del año 1969, así como la importancia de sus instalaciones.

El señor Luzuriaga manifestó que ha seguido proveyendo a Matesa para paliar el coste sufrido por el «affaire», lo cual —respondió al señor Gil Robles— le ha acarreado alguna dificultad de tipo Industrial.

No observó anormalidades en Matesa.

INSPECCIONES ADUANERAS

Declaró a continuación don Manuel Montesino Sobrino, inspector de Aduanas, intervención que revistió especial interés no sólo por la índole profesional del testigo, sino por su papel en el descubrimiento de los hechos imputados. Su declaración adquirió especial viveza ante el interrogatorio del señor Gil Robles: se entrecruzaron entonces la habilísima dialéctica del letrado con la abrumadora precisión de hechos y datos del testigo. La ironía de aquél era objetada vivamente por éste, y como versaba sobre hechos que en otro momento serían absolutamente banales, pero se les daba categoría de soporte dialéctico, el interrogatorio, que tuvo más de discusión o debate entre dos correctos, pero firmísimos antagonistas, caló en el público, que subrayó con risas, no amonestadas por la «residencia, algunos de sus momentos.

El señor Montesino, en un servicio de Inspección que le fue ordenado el año 1967, comprobó que Matesa tenía diferentes domicilios fiscales; al Ir a estudiar los libros solamente pudo hacerlo en un libro de balances que no llegaba a 1967. Manifestó sus sospechas a la superioridad.

UN VIAJE A PORTUGAL

Relató el testigo su visita de inspección a Portugal, a cuya Dirección de Aduanas se pidió informe, dado el elevado número de telares —seiscientos— que había allí, pero se interesó que las investigaciones fueran de tipo oficioso. Don Juan Vilá invitó al señor Castro, como director español de Aduanas, a que visitara una factoría que en una revista española había salido fotografiada en Oporto como de Matesa, y el señor Castro delegó en el testigo la visita. Pero en el domicilio facilitado por el señor Vilá no había, sino un local abandonado, a cargo desuna mujer que indicó que la fábrca había sido trasladada a otro sitio, donde, en efecto, fue encontrada, con unos ochenta telares y sólo veinte en funcionamiento.

Sin conocer el idioma portugués y con la versión que le ofrecían sus acompañantes acerca de las manifestaciones que allí le hicieron, pudo entender que esa fabrica pertenecía a un «holding» portugués de espresas extranjerías que formaban parte de otro suizo, en el que estaba integrada Matesa.

Relatado este viaje, prosiguió sus manifestaciones al fiscal corroborando las irregularidades que éste le exponía en cuanto a los documentos de embarque de mercancías.

Al abogado del Estado le aclaró la razón de la demora entre la orden de investigación y la emisión del informe —unos dos años.

DEBATE DEFENSOR-TESTIGO

Se entabló a continuación lo que no dudamos en llamar duelo entre el señor Gil Robles y el testigo.

—Matesa no es que tuviera un domicilio fiscal y varias oficinas o centros; es que tenía declarados varios domicilios fiscales y es una infracción. Concretamente, primero declaró tres y luego seis. Por eso se le requirió para que designara uno.

—luego se trataba de una mera irregularidad administrativa.

—Efectivamente.

—USted vio los libros...

—Perdón. El de balance y diciembre de 1966 era la fecha del último asiento. El libro Diario y el Mayor fue Imposible verlos a pesar de los requerimientos múltiples.

—Y en ese famoso viaje...

—No creo que tenga nada de famoso. (Risas.)

—Bien. ¿Las vagas sospechas de que usted ha hablado, llevaron á investigaciones concretas?

—Si (El testigo las enumera, explicándolas y relatándolas con sus resultados, sin consultar una sola nota.)

—Por favor, no haga su enumeración tan rápida porque el señor secretario no puede transcribirlo al acta

—advirtió el presidente.

El testigo más pausado, pero con igual seguridad, prosiguió, después de repetir lo que había dicho antes rápidamente, y añadió el nombre de los barcos usados por Matesa para sus fletes.

—Vamos a hablar ahora del viaje a Portugal, al que no aplicaremos ningún calificativo. ¿Cuánto duró?

—Dos días y medio.

—Y en dos días y medio usted habló con el director de Aduanas, hizo una excursión...

—Nada de excursión. (Risas.)

—-No es necesario que el letrado relate de nuevo lo que ya sabemos —advirtió el presidente.

—Quiero llegar a los hechos.

—Ya los conocemos —insistió el presidente.

—Si usted no tenía traductores oficiales sino sólo sus acompañantes, quiere decirse que de su traducción dedujo...

jNo señor. De la traducción, no. De mi inspección ocular.

Y tras un diálogo cortado por constantes interrupciones y puntualizaciones mutuas, terminó este episodio del juicio cuya conclusión sacó el letrado:

O sea, que había concordancia entre lo exportado y lo que allí había

UN TESTIGO QUE NO RECUERDA

Don Pablo Torrellás, profesor mercantil, trabajó en Matesa. Compareció con airé apagado —es un hombre joven, de poco mas de treinta años— y manifestó haber hecho múltiples viajes como miembro de la empresa.

La su declaración, el señor Vilá Reyes había manifestado en el primer día del juicio, que no quería acusar a nadie —aludiendo a este testigo—, pero que si no tomó graves medidas contra-él fue por estar sometido a tratamiento psiquiátrico.

Su padre y su hermano Intervinieron en la compra del coche de cuya posesión se acusa al señor Alonso Calleja; fue también condenado por evasión de capitales.

Le hicieron múltiples preguntas, a las que casi Invariablemente contestaba con un «no recuerdo» o « si así lo dije, así sería», tras largas pausas de vacilación.

EL AUGE Y EL FRACASO DE MATESA

Don Jorge Robert Pascual y don Francisco San José Colaminas, ambos ingenieros industriales, trabajaron en Matesa. y el segundo sigue haciéndolo, a las órdenes del administrador judicial.

En sus manifestaciones al señor Gil Robles destacaron el auge de Matesa, sus esfuerzos de investigación y su capacidad técnica y las dificultades con que ahora se enfrenta, tanto por su propia situación interna como por la coyuntura mundial. Ambos se extendieron en consideraciones técnicas y comerciales sobre el problema, Ilustrando con cifras sus afirmaciones.

El señor San José Colominas declaró al señor Gil Robles que Matesa no tiene ahora capital propio y no recibe créditos a la exportación, y añadió que time 400 millones de ¡pesetas en letras que no puede negociar ni hacer efectivas, pese a la solvencia de sus avalistas. Si hubiera disfrutado de esa financiación, Matesa tendría solo en telares una cartera de 500 a 600 millones de pesetas; sin embargo, su situación actual es tan precaria que no podemos garantizar el pago a los obreros el mes que viene.

Surgió un Incidente: el señor Gil Robles formuló una pregunta que el presidente rechazó como impertinente y, a instancia del letrado, se hizo constar en acta su proteste a tas efectos procesales oportunos. ÍA {pregunto quedó en acta en los siguientes términos:

«la actual situación de Matesa, cuya responsabilidad no se Imputa a nadie, ¿podía significar un Plan para llevar a la suspensión de pagos en plazo breve?»

—¿No sera, que las dificultades de Matesa radican en su estructura, en su descabellado planteamiento comercial?—Inquirió el flacal en su tumo de pregunta.

—Discrepo de su opinión, señor—repuso el testigo.

-«Peco Matesa tiene un pasivo de 9.000 millones de Desatas, cuyos intereses no ha pagado; debe, asimismo, 700 millones a sus proveedores; Hacienda le entregó 500 millones. Matesa no ha pagado absolutamente nada.

—En efecto, la nueva marcha de Matesa se ha emprendido bajo nuevos supuestos —afirmó el testigo a la pregunta, última de la tarde, que el presidente le formulo.

 

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