Matesa: un caso y una meditación     
 
 ABC.    13/04/1975.  Página: 21. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

MATESA: UN CASO Y UNA MEDITACIÓN

El 13 de agosto de 1969 publicó ABC el editorial: «Matesa: Un caso y una meditación», que casi seis años después conserva toda su vigencia e interés. Al reproducirlo hoy, en plena celebración del proceso más sonado de los últimos años, invitamos nuevamente a la meditación que entonces propusimos.

La sigla Matesa, correspondiente a Maquinaria Textil del Norte de España, S. A., fabricante del telar sin lanzadera «Iwer» y titular de «carta de exportador» de primera categoría, se ha convertido en uno de los nombres más reiterados en la Prensa nacional. Por desgracia, también fe extranjera le dedica ya su atención.

En ABC es ésta la primera vez que nos referimos a ella expresamente, aunque varios colegas parecen no dudar en haber descubierto, al aire de algunos de nuestros comentarios económicos, alusiones intencionadas y posturas definidas sobre la percha del ya bautizado «caso Matesa».

Siempre hemos tenido por norma huir de cualquier atisbo de sensacionalismo, máxime cuando las implicaciones y los hechos no pueden definirse con absoluta certidumbre, al menos en su alcance definitivo, pero tampoco quisiéramos arriesgarnos a que se interpretara nuestro silencio como una actitud de encubrimiento informativo al servicio de determinados intereses o para el soslayo de posibles

responsabilidades personales.

El país —y con él nosotros— pide conocer la versión auténtica de lo sucedido, pues, lamentablemente, se trata de un asunto que. por su cuantía y circunstancias, tiene evidentes repercusiones económicas, e incluso políticas, dentro y fuera de España. La opinión pública, alertada y aguijoneada, requiere cuanto antes el tranquilizante de una información objetiva de los -hechos a través de un comunicado oficial, que nos parece imprescindible, para interrumpir el aparente misterio» y demostrar que la acción de gobierno no pretende- opacidades. La ejemplaridad es en este caso tan importante socialmente como cualquier otra consecuencia, por perturbadora que fuere, que tratara de evitarse.

¿Qué ha pasado con Matesa? Sin aseverar versión alguna en tanto no exista la oficia!, limitémonos a resumir lo que está en la calle, con visos que rebasan el simple rumor. Parece ser que, están comprometidos créditos oficiales por cuantía que supera los 10.000 millones de pesetas, concedidos en base a unas exportaciones de telares que no han sido consumadas efectivamente o se han hecho en condiciones tales que no hace previsible su reembolso, y sobre las que Matesa, en cambio, ha percibido una desgravación fiscal del 11 por 100, calculada en función de los precios de venta declarados, muy superiores a los de coste real. Para hacer posible esta comercialización «sui generis» se contaba con la colaboración de una serie de filiales, cuyo establecimiento e inversión .se ha hecho en parte al margen de la legislación española en materia de divisas.

Ante esta versión —repetímos que extraoficial—, las preguntas del hombre de la calle son las siguientes: ¿Cómo es posible que el Banco de Crédito Industrial no haya sido capaz de comprobar estas anomalías y haya seguido financiando hasta el último momento con tanta generosidad? ¿Cómo es posible que nuestras autoridades competentes no lo hayan sido más para descubrir a tiempo esta situación? ¿Cómo es posible que tanto dinero pueda concederse a una firma sin contar coa suficientes medios de vigilancia y de garantía sobre su adecuada utilización ?

Existe, a nuestro juicio, un riesgo evidente de desenfocar el tema, en general, y desorbitar las respuestas en particular, por falta de un exacto conocimiento de .cómo está montada la financiación de las exportaciones españolas)_ cuyo sistema —discutido con reiteración— se ha roto ahora con estrépito en este clamoroso caso de Matesa. Por ello consideramos necesaria una meditación´ sobre una realidad bien conocida por parte de nuestros exportadores y banqueros. Permítasenos sintetizarla en varios puntos:

• El credito no es una panacea para el comercio exterior y exige una administración bajo receta.

• Las operaciones de comercio exterior han sido un añadido estatutario a las tradicionales funciones del Banco de Crédito Industrial, que no tiene por qué tener mentalidad exportadora y al que, desde luego, no se le ha dotado de suficiente, organización para desarrollar el gran porcentaje que absorbe de. nuestra financiación total de exportaciones.

El negocio exportador y su financiación se mueven en un círculo vicioso. ´La necesidad de recursos ajenos es tan grande y tan desproporcionada a los recursos propios, que el exportador a escala rentable ha de conformarse a vivir bordeando una situación técnica de suspensión de pagos

La Banca privada, que trabaja con dinero de sus clientes, tiende racionalmente a ser prudente, ya que los exportadores alcanzan pronto un techo de riesgo excesivo, los seguros hasta la fecha no han representado una garantía automática, la experiencia de algunos países es mala y determinadas nuevas exportaciones encierran, cas¡ por definición, peligros demasiado fuertes.

En suma, la política crediticia española en materia de exportaciones —casi un alarde de-: rápida instrumentación jurídica— necesita perfeccionarse en cuanto a su ejecución y vigilancia, asi como en todo lo referente a la aplicación de coberturas. El sistema, con su institucionalización defectuosa, ha sido el gran responsable de complicidad en el «caso Matesa».

Tras estas consideraciones es importante prevenir v yugular dos posibles consecuencias que acechan a nuestra exportación, como carambola inevita ble. Una, la lógica reacción en la Banca oficial y privada a extremar ahora exigencias formales y acurnular garantías, con lo que podría dificultarse tal vez la

financiación de exportaciones sanas y razonables. Otra, el descredito que por contagio puede recaer sobre otras producciones exportables españolas, que tratarán de acentuar, naturalmente, nuestros competidores.

Matesa: un caso y una meditación Hace falta un enfoque serio, global v comprensivo, que diseccione los problemas y las responsabilidades, pero sobre todo, que trate de conciliar los imperativos de la Ley con los intereses nacionales, puestos en jaque por unos comportamientos y unas operaciones que debemos impedir a toda costa que puedan volver a repetirse.

 

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