Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   Sesión matutina     
 
 ABC.    18/04/1975.  Página: 33-34. Páginas: 2. Párrafos: 18. 

AUDIENCIA PUBLICA

SESIÓN MATUTINA

La sesión de la mañana comenzó bajo el signo de una gran incertidumbre. En la sala de togas de «abajo», que es como los abogados llamamos a la de la Audiencia, para diferenciarla de la correspondiente al Tribunal Supremo, tuve ocasión de saludar al letrado señor Gil Robles. Me dio la impresión de encontrarse notablemente afónico. Dudé de que pudiera actuar. A su lado se encontraba el letrado Vázquez Guillen dispuesto a continuar su tarea. Pero aquél, hombre de naturaleza extraordinaria, fue recuperándose a lo largo de la sesión matutina, como lo demostró a través de los que no dudo en calificar sus más brillantes y eficaces interrogatorios.

Me explicaré: Los testigos que declararon por la mañana, señores Juárez, Pérez Agreda y Tornos, pertenecientes a la sazón a la Compañía Española de Seguros de Crédito y Caución, ofrecían a la defensa de don Juan Vilá Reyes una nueva faceta del asunto: ¿Estaba o no enterada la compañía de Seguros de la existencia de filiales de Matesa en el extranjero? Sobre este extremo manifestaron los testigos que tenían conocimiento de las relaciones de Matesa con los Estados Unidos, que se reflejaban en los boletines que publicaba Iwer. Con toda certeza, de la resultancia de este hecho y de otros de naturaleza similar, así como del buen funcionamiento y éxito de los telares, su aceptación en América, etcétera, obtendrá sabrosas conclusiones en su día el señor Gil Robles. Aunque no se deba olvidar que la compañía de seguros —en la que no interviene la Banca privada directamente—, que, como es normal, percibe las primas al suscribirse éstos, ha cobrado del orden de 600 millones de pesetas, de los que cedió el 80 por 100 al Consorcio de Compensación de Seguros (eso también quedó claro), ofreció devolver esa cantidad en su día al Banco de Crédito Industrial por considerar nulos los contratos asegurados

No entraré yo en el tema «civil» de la discusión sobre la validez o nulidad de aquéllos ni sobre si se cumplieran o no con las obligaciones correspondientes por parte dé unos u otros en orden a vigilancia, solvencia, riesgos asegurados, etc., todo ello es objeto de otra larga serie de procesos que no constituyen precisamente el presente procedimiento criminal. Lo que creo que buscaba la defensa del señor Vilá Reyes era demostrar unos ciertos conocimientos de lo que se han calificado como irregularidades, dirigiendo el interrogatorio con extraordinaria habilidad.

Otro testimonio de gran interés fue el del funcionario señor Oliveros, ex jefe de la Inspección del Instituto de Moneda. Aludió éste último a una muy minuciosa y satisfactoria inspección llevada a cabo en Matesa, pero luego resultó que la misma quizá hubiera resultado preparada «ad hoc», según se dedujo del testimonio del que fue gerente de Fomer. entidad que, a través de Interpei. estaba prácticamente identificada con Matesa.

E! fiscal se batió con su habitual habilidad, recordando a algunos testigos, concretamente a don Daniel Mestre —otro empleado de Matesa—, algunos extremos ya declarados por él en el sumario, respecto a la costumbre de la empresa representada por don Juan Vilá Reyes de no presentar en el Banco de Crédito Industrial las «cláusulas adicionales», que desvirtuaban —fueron sus palabras— los pedidos en firme, necesarios para obtener los preciosos créditos aue viabilizaban el desarrollo de Matesa. También hubo testigo aue incluso afirmó haber adquirido una filial de Matesa en Caracas —Lencetex— por cinco dólares para. según dijo, salvar lo aue valía dos millones de dólares del patrimonio de la empresa, amenazado de quiebra por falta de paso a acreedores al no recibir fondos de Matesa.

En resumen: una sesión matinal no muy apasionante, pero en la que para el atento seguidor del proceso se han ido perfilando aspectos que serán piezas fundamentales de la acusación y las defensas.

LA SESIÓN DE LA TARDE. IMPORTANTE DECLARACIÓN DE DON JUAN IGNACIO TRILLO

La sesión de la tarde fue ocupada durante más de dos horas por la declaración de don Juan Ignacio Trillo.

Un hombre joven, empresario competente, que ha ocupado- y ocupa diversos puestos de responsabilidad en la empresa privada.

Pregunta el fiscal: Conoció a don Juan Vilá Reyes en 1968 y comenzó a, estudiar la problemática general de la exportación. Con este motivo e! señor Vilá le propuso que ocupara el puesto que otra persona relevante había dejado vacante en la empresa. El señor Trillo se tomó tiempo para pensarlo; hizo varías visitas a Pamplona y Barcelona (en una de las cuales advirtió ya la tirantez existente entre la Inspección Fiscal y Matesa por la duplicidad de domicilios fiscales). Y puso condiciones: fundamentalmente que nada de cuanto se hiciera o se pudiera hacer en el futuro en Matesa tuviera el menor atisbo de irregularidad.

Aceptó así prestar su colaboración a la que se unió el señor Zabala. Pero pronto, concretamente el 2 de abril de 1969, tuvieron la primera evidencia de que algo ocurría en Matesa altamente irregular. Muy resumidamente diremos que ese día, Miércoles Santo, aparecieron en las oficinas de Madrid, en manos de un empleado ai parecer de categoría insignificante, cuatro sacos de viaje que contenían dinero. Billetes nuevos. El señor Trillo, extrañado, comunicó telefónicamente con el señor Vilá que estaba en Barcelona. Este le aseguró que era para pagar la nómina. No contento con esta explicación, el señor Trillo hizo seguir la pista a quienes llevaban aquellos sacos con una cantidad no inferior a 50 millones de pesetas, y pudo comprobar que los fondos no iban destinados a pagar nómina alguna, sino a otras finalidades. ¿Cuáles? El señor Vilá se lo confesó poco tiempo mas tarde: pagos en el extranjero por cuenta de Matesa.

Ante estas circunstancias, los señores Trillo y Zabala comunicaron su decisión de separarse de la empresa. El entonces ministro de Comercio les rogó que esperaran, con la finalidad de salvar los activos que pudieran existir fuera de España, no titulados a nombre de Matesa, dejando para mas tarde la, resolución de los problemas propiamente monetarios.

Por eso, para salvar esos bienes en el extranjero, dice el señor Trillo que continuó junto con el señor Zabala. Investigó, preguntó y averiguó que en chico años se había cambiado cinco veces de sistema de contabilidad, otras tantas de jefes de contabilidad y logró que, al fin, en reunión celebrada el 28 de maya de 1969, presentara él señor Vilá un balance ante el ministro de Comercio en él que existía una partida de más de fres mil millones de pesetas como inmovilizarlo, y que, según el señor Vilá, eran participaciones de Matesa en empresas extranjeras y telares situados fuera de España.

A la vista de todo ello se decidió la formación de un Comité de trabajo o Comisión informal, se intentó verificar el balance y se pudo comprobar, siempre según la i versión del señor Trillo, que existían cerca de cinco mil millones de cuentas de olientes sin comprobar, amén de aquellos activos en el extranjero de valor al menos dudoso.

En tales condiciones ¿qué hacer? Se aceptó que, por lo pronto, todos los componentes anteriores del grupo Matesa cedieran sus participaciones en esta empresa y en cualesquiera otras bajo una nueva administración que llevarían los señores Trillo y Zabala y asf se llega a acordar el 15 de julio. Puntualiza el testigo qce tanto su aceptación como la del señor Zabala se sujeto a la condición de Que nunca podría implicar ningún tipo de responsabilidad por el pasado, que la empresa no podría proseguir su vida sin nuevas ayudas económicas y que no existían garantías de llegar a obtener una suficiente información.

Como se ve, día a día la situación se El 24 de julio los señores Zabala y Trillo, en Barcelona, y tras doce horas de reunión con empleados de la empresa, llegan a comprobar que en lugar de los 3.000 telares en stock de los que hablaba el balance que el señor Vilá había presentado, la realidad es que se alcanzaba la cifra de 12.500. El señor Trillo —que durante su larga declaración ha llegado a beber cuatro vasos de

agua— afirma rotundo: La conclusión a la que llegamos el señor Zabala y yo, fue que el 80 por 100 de las operaciones llevadas a cabo por Matesa no eran ciertas, frente al 20 por 100 que como dudosas nos diera el señor Vilá en sus primeras informaciones.

Inmediatamente toma la palabra el defensor de don Juan Vilá. Insiste en la vinculación de los señores Trillo y Zabala como* empleados de Matesa. Pregunta al testigo acerca del sueldo que cobraba. Don Juan Ignacio Trillo contesta: 200.000 pesetas mensuales, pero añade: Don Fernando Vilá cobraba 675.000 pesetas y los señores Tríus y Ballcells 500.000 pesetas cada uno.

Insiste el señor Gil Robles: ¿usted suscribió un informe en el que afirmaba que [a empresa Matesa era viable? Responde el señor Trillo: Si; pero con una puntúalización: que se diera por perdido todo lo anterior. Vuelve a la carga el letrado de la defensa,, siempre en cumplimiento de su misión: —«¿Pero no dice lo contrario de lo que usted afirma el informe del grupo de expertos nombrados por el Estado?»—. El señor Trillo contesta que él se responsabiliza de su propio informe con las comprobaciones que pudo llevar a efecto, y ello a pesar de las limitaciones que tuvo por las dificultades que encontró y sobre todo del progresivo deterioro del valor de unos stocks de telares en el extranjero. (Algunos de éstos, según el señor Gil Robles, reimportados a España y reformados, han sido actualmente vendidos con posterioridad en un precio superior al doble del inicial. En este punto el señor Trillo afirma que desde que dejó la empresa no puede asegurar nada. de lo que haya ocurrido en la empresa.)

Lo que sí es cierto, dice, es que Matesa controlaba o estaba interesada .en más de 102 sociedades y que aunque el señor Vilá Reyes colaboró desde el 15 de julio de 1964 en la transferencia de los activos, una vez embargada Matesa por el Juzgado de Delitos Monetarios, él, junto con el señor Zabala, no tuvieron otra solución que la de dimitir.

Claro está que a lo largo de las diversas intervenciones hubo otras consideraciones de interés. Así, un rápido viaje a Portugal del señor Trillo, donde pudo comprobar, a través de un tal señor Murillo, la inexistencia de contratos reales, y una pregunta muy importante, a mi modesto entender, del letrado señor García Trevijano, acerca de si no es más cierto que fue precisamente un informe de su defendido, don Luis Alonso Calleja, obrante al folio 3.197 del sumario, de febrero de 1969, y en el que se pnjpuso un plan de reajuste, lo que advirtió ya una situación de muy difícil arreglo.

Oirás pequeñas minucias, dicho sea con los debidos respetos, hubo también. Algunas de «lias, relativas a regalos de Navidad ordenados, durante su corta gestión, por el señor Trillo, a distintas personalidades..., pero regalos que resultaron ser un par de libros de alguna colección editorial.

Quedaban aún por prestar declaración don Lorenzo Zabala Biehi, don Gregorio Galán Martínez y don Alfredo Moreno Agustín. No he podido escucharlas, aun que me informan que las del primero si mantuvieron en la línea del señor Trillo y -las dos últimas hicieron mayor hincapié en los temas relativos a los presuntos cohechos. Pero tengo que abandonar el salón para entregar mi crónica a tiempo. Mas no puedo por menos de resumir mi impresión para los lectores. El proceso ha entrado en una fase de clarificación. Se van depurando hechos, se perfilan las intenciones de la Administración Pública (muy principaímente salvar los activos en el extranjero), los deseos de todos de mejorar la legislación y la práctica exportadoras españolas, y también, hay que decirlo, la decidida voluntad de don Juan Vilá Reyes de poner todo su patrimonio a disposición de sus* acreedores. Mas también, y como telón de fondo, una empresa, MATESA, que recibió cuantiosísimos créditos, fruto del ahorro de todos los españoles, de muy difícil, por no decir imposible reintegro.—José Maria RÜIZ GALLAR DON.

 

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