Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   Pese a todo, no hay "affaire" Matesa     
 
 ABC.    19/04/1975.  Página: 37. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

ABC. SÁBADO 19 DE ABRIL DE 1975. PAG. 37.

AUDIENCIA PUBLICA

PESE A TODO, NO HAY «AFFAIRE»

MATESA

Después de las jornadas, algunas agotadoras, que llevamos en la Sección Séptima de la Audiencia de Madrid, tengo que hacer una declaración: no hay y probablemente no habrá, porque nunca lo ha habido, «affaire» Matesa. El lector encontrará, la reseña de lo acontecido ayer en otras páginas del periódico. Pero yo he querido adelantar mi comentario, porque responde a un profundo convencimiento.

Resulta que a los españoles nos explotó en el verano de 1969 un tema. Se hablaba de miles de millones despilfarrados, de empresas imaginarias, de mil cosas. Todo ello —por su cuantía y por las personas que se decían implicadas— era o parecía ser muy grave. Hubo basta una crisis ministerial.

Vino luego la instrucción judicial en una doble vertiente: el Juzgado Especial de Delitos Monetarios y la jurisdicción ordinaria. Aquél dictó en su día sentencia, que fue confirmada por el Tribunal Superior. Esta vio constituirse como Sala de Justicia en Pleno al Tribunal Supremo por el fuero especial de algunos de los encartados.

El sumario creció en volumen y folios hasta alcanzar, con sus documentos anexos, cifras casi tan impresionantes como los millones que se decían desaparecidos. Los efectos de un indulto, que descartó del proceso a los acogidos a fuero especial —dejándoles al tiempo sin defensa específica—, redujeron el tema, desde una simple perspectiva procesal, a un procedimiento penal ordinario en el que seguía gravitando el volumen de los capitales prestados y no reintegrados y la cuantía de las penas que solicitaba el Ministerio público, aunque de este punto concreto hablaremos en una próxima crónica para ilustración de los lectores.

Ahora, en estos días, se ha ido desgranando la madeja ante tres ilustres magistrados, a preguntas del fiscal, del abogado del Estado y de las defensas. La libertad es prácticamente absoluta. El señor presidente de la Sala parece como si se resistiera a declarar impertinente cualquier pregunta, tanto es su espíritu liberal y su afán de no coartar las posibilidades de defensa de los abogados. ¿Y qué ha resultado hasta el momento? Pues... un caso jurídicamente —y en ese terreno me muevo— bastante vulgar.

Por supuesto se han querido buscar implicaciones políticas graves y se ha aludido a ministros, industriales, directivos de Banca oficial, etc., en negligencias a aquéllas o con «negocios» o «ayudas extraoficiales» a instituciones religiosas, seglares, a otras. Por supuesto, el ambiente que se respiraba en la tarde de ayer era tenso, tanto por las preguntas al señor Espinosa como por algunos incidentes nacidos al calor de supuestos acuerdos o conversaciones protegidas por la ley de secretos oficiales. Pero nadie, creo yo, ha podido pensar que ninguna alta personalidad se haya llevado un duro —y perdóneseme la expresión— o haya desviado los fondos públicos para atenciones particulares de otro tipo. Por supuesto, lo que queda es nada más —aunque nada menos— que una gigantesca cifra de millones que no llegaron a devolverse a quien los prestó. ¿Culpables o inocentes, los prestatarios y los prestamistas? ¡Ah! Eso lo dirá la sentencia. Pero, políticamente, nada o casi nada.

José María Fernán escribía hace unas fechas en estas mismas páginas un precioso artículo en el que, con toda razón, prefería el término «caso» al de «affaire» para calificar el asunto Matesa. Desde el «affaire Dreyfus» ai «affaire Stawisky», pasando por otros varios casos de la crónica negra judicial, se ha venido reservando ese término para aquellos asuntos judiciales en los que se han demostrado altas implicaciones en corrupción política o administrativa. En Matesa son unos cientos de miles de pesetas, o un automóvil o un par de metros de vicuña, de lo que se habla —cuando se habla— como elemento corruptor.

No. No hay, aunque se busque, «affaire» Matesa. Es un caso más en el que la Justicia no va a tener que lidiar sino con los hechos y con la Ley.

Un caso grave, eso sí, que incluso ha afectado al buen nombre de muchos honrados ciudadanos, pero de ninguna manera el proceso de un régimen o de un sistema.

Por eso, cuando en la mañana de ayer uno de los testigos, promotor antes y después de 1969 de la venta de los telares Iwer en España, nos decía a todos los que llenábamos la Sala que compradores y vendedores constituían y se llamaban a sí mismos orgullosamente «la gran familia Iwer», yo me sentí enternecido.

Porque la historia de Matesa ya no se podrá escribir con mayúsculas. Es un tema, repito, grave y doloroso para los encartados, pero un tema propio de Audiencia Provincial. Y quizá, y eso sí es más importante, constituya un punto grave de meditación para quienes antes, ahora o cuando sea quisieron o quieran hacer de él muestra de contubernio político-religioso-económico. Que no aparece por ninguna parte, pese a 1» ya aludida libertad, no exenta de prudencia, con que el presidente señor Salcedo permite que se lleven los debates.

Y dos palabras para terminar. Durante la declaración del señor Espinosa San Martín, ex ministro de Hacienda, ante una de las preguntas del defensor del señor Vilá Reyes declarada impertinente por el Tribunal, parte del público prorrumpió en aplausos dirigidos al abogado. Incidente que cortó la Presidencia, pero que es significativo. Como lo es también que fuera del estricto marco de nuestra ley de Enjuiciamiento Criminal (artículo 746, apartado 6.°), se pretende que se reconozca la firma que aparece al pie de una fotocopia no incorporada a tiempo al Sumario. Anoche cobró nueva tensión el caso Matesa.

Pero, repito, las aguas volverán » su cauce. De eso, como de que se hará justicia, todos podemos estar seguros.—José María RUIZ GALLARDON.

 

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