Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   Otra importante declaración     
 
 ABC.    22/04/1975.  Página: 35-36. Páginas: 2. Párrafos: 14. 

AUDIENCIA PUBLICA OTRA IMPORTANTE DECLARACIÓN

Tenía mucho interés, y no sólo para la defensa, la declaración del ex ministro de Comercio, don Faustino García-Moncó. A las 10,42 de la mañana, exactamente, compareció ante la Sala para responder a la primera y ritual pregunta que le dirigió el señor presidentes —¿Se llama usted...? Entre el público, otra vez numeroso, las mismas caras de siempre. Los bancos primeros, destinados a la Prensa, repletos, y con los informadores atentos, bolígrafos en mano, ante las cuartillas blancas. Había, como era de suponer, expectación.

Pocas veces he visto declarar con tanta tranquilidad con tando dominio de sí mismo, a un testigo. Parecía como un significado opositor que se sabe perfectamente los temas que le han tocado en suerte y que está dispuesto a dejar bien claro ante el Tribunal que se conoce la asignatura. Sin ninguna falta en su dicción, afirmando con segundad aquello de que estaba seguro y dejando en dudoso lo que para él lo era, don

Faustino García-Moncó dio. con toda corrección y sin ninguna acritud, una versión, que yo, como cronista veraz que pretendo ser, no puedo dejar de pasar por alto: el llamado escándñalo Matesa tuyo una doble vertiente: económica y .política. Vayamos, por tanto, por partes.

Económicamente, Matesa, como todas las firmas exportadoras, se encontraban con. una legislación insuficiente. España estaba, en la mitad de los años sesenta, dando los primeros pasos en materia de exportación industrial, y nuestros fabricantes tenían que reñir no sólo con la competencia de otros extranjeros en los mercados a los que acudían, sino también con la ayuda que a estos, a los exportadores extranjeros, les prestaban sus respectivos Gobiernos.

El nuestro, principalmente, los Ministerios económicos más afectados, conocían estas dificultades y se aprestaron a superarlas. Dificultades, sobre todo, en materias de institucionalización de canales crediticios y de seguros. Al exportador había que favorecerle y par» ello era necesario instrumentar, como se dice ahora, un acceso rápido y ágil al crédito que la Banca privada, más tradicional y apegada a distintos mercados, no facilitaba en la medida de lo deseable.

Y ahí surgió el primer error, según la declaración del ex ministro de Comercio. El Instituto crediticio adecuado debió ser el Banco Exterior de España, con una experiencia, una capacidad y unas relaciones que hacen de esta empresa bancaría la más idónea dentro del panorama español, para atender a las necesidades exportadoras. Pero se eligió otro camino y se encomendó la misión al Banco dé Crédito Industrial, menos apto, siempre según la versión del señor García-Moncó, para el buen desarrollo de esta tarea.

Por supuesto que en su gestión ministerial, el señor Garcia-Moncó tuvo diversos contactos con el señor Vilá Reyes. Pero no llegó a tener sospechas de que algo funcionara irregularmente, sino a partir de abril de 1969. Desde esa fecha, y a través, sobre todo, de las informaciones que ^proporcionaron sus servicios y los señores Trillo y Zabala, aquellas sospechas de irregularidades s* convirtieron en la certeza comercial de que cuantiosísimos créditos estaban en sprave peligro. Y entonces la Administración, como primera medida, exigió del deudor, Matesa, que con todo su activo garantizara los préstamos. «Es lo que hace cualquier acreedor: y luego ya hablaríamos.»

Su preocupación máxima, a partir del descubrimiento de la situación real, fue la de recuperar los activ.os de Matesa. Y aquí viene el segundo punto —el político— importante en su declaración. Los activos de Matesa hubieran podido ser recuperados. Así, tajantemente, lo afirma el entonces titular de Comercio.

¿Cómo? Con la incautación por parte del Estado —no del Gobierno. como puntualizó— de la empresa.

Todo ello al amparo de la ley de 1939 que permitía esa incautación. El decreto estuvo preparado y de él tuvieron conocimiento numerosos ministros que hasta fecha reciente habían elogiado reiteradamente la labor de Matesa. Pero el decreto no llegó a publicarse en el «Boletín Oficial del Estado». No fue nunca aprobado. «¿Por qué?». «Por motivos políticos». «¿Quién fue la persona que se opuso?». «Don Manuel Fraga Iribarme».

En otras palabras: García-Moncó —y así creo que lo entendimos todos— careó en la cuenta del ex ministro de Información, no el escándalo Matesa, sino algo para mí mucho más importante: la pérdida, la imposible recuperación, de los activos de esta empresa. Y ello, no por razones económicas, sino por «motivos políticos».

¿Qué duda cabe que la defensa salió muy satisfecha del interrogatorio? Lo ha bía llevado con suavidad, yo diría que hasta con sosiego. Y, a través de las declaraciones del excepcional testigo, dejó tres cosas muy claras:

Primero.—Que el instrumento de financiación no era el idóneo.

Segundo.—Que el señor Vilá Reyes estuvo dispuesto a entregar todo, absolutamente todo su patrimonio para responder de sus actos.

Tercero.—Que si los activos de Matesa no se llegaron a recuperar fue porque no se puso en juego el decreto preparado para la incautación de Matesa que, en opinión del señor García-Moncó, hubiera salvado la situación futura.

¿Modifican estos testimonios los hechos y su calificación? Sobre este punto, que resolverá la Sala, se encargarán de argumentarlo acusación y defensas. Por supuesto que el tema no carece de trascendencia publica. Aunque sea eos» distinta la valoración e influencia jurídica que todo ello proceda estimar por los juzgadores. Y hoy ya me estoy limitando a hacer «crónica judicial» y no comentario .político.—José

María RÜIZ GALLARDON.

 

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