Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
 Matesa: Audiencia Pública. 
 En la mañana de ayer informaron el ministerio fiscal y el abogado del Estado  :   
 La sesión de tarde estuvo íntegramente dedicada al defensor de don Juan Vilá Reyes, señor Gil-Robles. 
 ABC.    29/04/1975.  Página: 13-15. Páginas: 3. Párrafos: 48. 

EN LA MAÑANA DE AYER INFORMARON EL MINISTERIO FISCAL Y EL ABOGADO

DEL ESTADO

La sesión de la tarde estuvo íntegramente dedicada al defensor de don Juan Vilá Reyes, señor Gil Robles

Minutos después de las 10.30 de la mañana, el señor presidente de Sala, con las palabras de ritual, concedió el turno al Ministerio Fiscal para que en cumplimiento de su obligación sostuviera las alegaciones contenidas en su escrito de calificación definitiva contra los procesados q u e se sientan en el banquillo. Muy atentos, pero muy serenos.

Si algo tengo que decir como más significativo del informe del Ministerio Público, es que ha sido conciso y claro. Dos virtudes nada fáciles de demostrar cuando se trata, en el breve espacio de dos horas, de sostener una acusación en un asunto tan complicado, como es el de Matesa que, como ya saben de sobra nuestros lectores, sólo el sumario llena decenas de miles de folios. Claridad y concisión no exentas, en modo alguno, del debido rigor, tanto jurídico como en la exposición de hechos, punto quizá éste último más difícil de conseguir por la profusión de aquéllos y la muy larga prueba testifical y pericial que, en días anteriores, ha tenido lugar en el presente juicio oral. También yo, en esta crónica, quisiera lograr lo mismo: claridad y concisión, y sin, por supuesto, temar partido. Que mis palabras fueran como un espejo, a tamaño reducido, pero fiel reflejo de lo visto y oído en la mañana de ayer.

Comienza el fiscal aludiendo a la frase que, en su día, recogimos de don Juan Vilá Reyes: «Yo me hago responsable de todo.» Con los debidos respetos a la persona que la pronunció, el Ministerio Público sostiene que quizá esa frase, producto de un sentimiento de culpabilidad o de soberbia, no es aceptable para un jurista, ya que ante el Derecho cada uno responde de sus propios actos. El Derecho está constituido por un conjunto de normas que regulan la convivencia humana en busca del bien común y no del bien particular. Todos querríamos, dice, que la norma fuera flexible para nosotros e inflexible para los demás. Pero es evidente que ello no seria justo,

Y es evidente que el dinero que de aquí se dispuso, en forma de créditos concedidos por el Banco de Crédito Industrial a la empresa Matesa, nacía de los afanes de ahorro de los titulares de cédulas de inversión que entregaron sus caudales no para que fueran dilapidados en busca de fines distintos a los previstos en la Ley.

El que las normas entonces vigentes (porque, y ello es premisa fundamental de todo el informe del Ministerio Público, lo que aquí importa es sólo lo ocurrido hasta 1969), en materia de exportación, fueran o no perfectibles es algo que cae fuera del enjuiciamiento penal. Trasladada a nuestro ordenamiento jurídico la experiencia obtenida en otras legislaciones extranjeras, quedan, en todo caso, consagradas normas bastantes y obligatorias que sirvieron perfectamente para que otras empresas, incluso mucho más importantes que Matesa, pudieran llevar a cabo sus afanes exportadores lícitos, con la debida sujeción » lo establecido en la ley. Tanto es así. añade, que el primer administrador judicial, del que hace un encendido elogio, don Manuel de la Quintana y Fergusson, fue capaz de levantar, después de 1969. de las ruinas de Matesa una entidad que exporta «de verdad», más incluso de lo que en la etapa de la dirección del señor Vilá Reyes llegara éste a soñar.

Se extiende a continuación el Ministerio Público en el examen de los instrumentos propios de la exportación. Habla del telar Iwer, de su bondad, que no pone en duda, y habla también de la organización deMatesa, a la que juzga con palabras muy duras. Pero, sobre todo, hace hincapié en un concepto que se ha barajado en múltiples ocasiones a lo largo y a lo ancho del juicio oral: qué debe entenderse por exportación. Para el Ministerio Público no hay exportación, porque simplemente pasen la Aduana española unos determinados telares. Hay exportación, en cambio, cuando existe una venta real del producto exportado, el comprador recibe el género, se obliga en firme y paga el precio convenido. Las normas a las que debió sujetarse Matesa eran precisamente las que contemplaban estas exportaciones reales y no las que califica de meras falacias de exportación.

HISTORIA DE MATESA Con todo detalle se extiende en la historia de la empresa Matesa que nace en 1964, en las diversas vicisitudes de su vida; en los estadios o estamentos de su organización; en cómo desembocó en una complicadísima «holding» tras la cual se ocultaba el verdadero control de quienes intervenían en lo que califica de fabuloso negocio. ¥ explica cuál era la organización interna de Matesa.

en la que distingue, en primerísimo término. la figura de don Juan Vilá Reyes auténtico cerebro director, que no admite réplica, en ningún caso. Inmediatamente después, el llamado «nivel de política de empresa», constituido por Jose otros tres principales encartados, don Fernando Vilá Reyes y los señores Trius y Banquells. Otro escalón más que, si bien tenía atribuciones parecidas al anterior, no ostentaba responsabilidades idénticas, y, aunque hubieran podido, sus componentes cometer actos delictivos, ya fueron juzgados, en su día, por la Jurisdicción Especial de Delitos Monetarios. Y un último estadio, de «planificación estrategica, que tenía como misión la ejecución de lo acordado, incluso colaborando, a veces, en las evasiones de capital.

Matesa nació forzada a vivir del crédito. Y al crédito acudió: primero al del Banco Exterior de España, que precisamente después de asumir riesgos de hasta trescientos millones de pesetas en empréstitos procedió a su rápida liquidación. Recuerda al respecto el fiscal la declaración del testigo señor Ferro, quien ya en 1965 se estrañó de que las divisas que tenía que recibir su Banco como reembolso de los préstamos concedidos procedieran-d e 1 lugar distinto a aquél al que se destinaban loa telares vendidos.

Con la Banca Privada fueron múltiples los intentos de Matesa para llegar a distintas soluciones de entendimiento. Pero la Banca Privada, aunque en ocasiones concedió determinados créditos, nunca quiso embarcarse en la aventura. El propio señor Brosa, director general de Banesto y jefe del Departamento de Extranjero, dice el fiscal, tuvo ya sospechas, según declaración sumarial, cuando, en su día, se desplazó a Pamplona a visitar las instalaciones de la empresa prestataria. En las reuniones posteriores que Matesa tuvo con la Banca privada, el caballo de batalla siempre fue el mismo: los Bancos particulares para conceder créditos a la empresa exportadora exigían conocer la realidad, y. pese a las dotes persuasivas del señor Vilá Reyes y sus colaboradores, pese al ofrecimiento hecho por la Banca privada de una auditoría que aclarara la situación, ni la auditoría se hizo ni la situación quedó lo suficientemente aclarada como cara que se decidieran los directores de los Bancos particulares a prestar su dinero a Matesa.

Todo ello candujo a la empresa, que dirisría Juan Vilá Reyes, a acudir al Banco de Crédito Industrial como fuente única de financiación.

MATESA: AUDIENCIA PUBLICA

Distingue, a continuación, los cuatro tipos de créditos a la exportación que el Banco de Crédito Industrial podía otorgar. Y analiza aquellos que (créditos de posfínanciación prefinanciación y créditos para «stocks») fueron más usualmeiite utilizados por Matesa.

CRÉDITOS ¥ CONTRATOS

El concepto fundamental en este tipo de créditos —y sin duda el concepto que sera más debatido por las defensas— es e1 de contrato en firme. Para el fiscal, contrato en firme es un concepto elemental, que lo entienden juristas y no juristas; se trata de un contrato real, en el que se traslada el dominio, en el que se vende ateo que, al mismo tiempo, se compra en firme.

Pues bien, todos los contratos en firme que eran exigidos por el Banco de Crédito Industrial para la concesión de créditos, o al menos la mayor parte de ellos, quedaban desvirtuados por la actividad maliciosa de Matesa en virtud de las famosas «cláusulas adicionales) desconocidas y acuitadas al Banco, y en virtud de las cuales el comprador no se obligaba a nada y sí tan sólo servía el contrato como un medio para la obtención de créditos oficiales del Estado español.

Otro tanto cabe decir de las letras de cambio, qué era necesario presentar al Banco de Crédito Industrial, para que éste las hiciera llegar al importador-comprador, al objeto de que las aceptara y, previa esta aceptación, obtener el préstamo Matesa. Esas letras eran también desvirtuadas, o falseadas, porque existían, en poder de los importadores-compradores cartas y documentos de Matesa que las dejaban sin valor o efecto alguno.

Con todo ello, sigue diciendo el fiscal, se faltaba a la verdad al suscribir las pólizas del seguro, muchas veces a la buena fe, y siempre incurriendo en la confabulación que exonera a la compañía, según la cláusula 33 de las pólizas.

Pero no quedan en ello las falsedades. También los conocimientos de embarque dejaban de responder a la verdad. Los que se presentaban para la obtención de los correspondientes créditos y justificar la salida de la mercancía de España no eran reales. Estos tenían puntos de destino muy distintos, normalmente centralizados en América del Norte, donde quedaban los telares que allí llegaban en «stock» sin comprador real, como era obligado.

De ahí surgió la sospecha de la Dirección General de Aduanas, que pensó, en Un principio, en que lo que ocurría no era otra cosa sino que Matesa se servía de hacer figurar unos precios superiores a los reales de las materias exhortadas —cosa que ha ocurrido- en 22 casos— para obtener mayores beneficios por el concepto de desgravación fiscal.

Psicológicamente, todo obedecía según el Ministerio Público a la prisa, a la urgencia, que siempre tenía don Juan Vilá Reyes en la obtención de créditos. Por eso, incluso forzó la concesión de líneas globales de créditos, normalmente de 500 millones de pesetas, que facilitaban la más rápida obtención del numerario y, en definitiva, los trasvases de dinero y consituiente perjuicio al Estado español.

DEFRAUDACIÓN

¿Resultado de todo ello? La prueba pericial ha puesto de manifiesto que entre 1964 y 1969 el Banco financió 20.331 telares Iwer, de los que se construyeron tan sólo 13.450. Pero de estos 13.450 sólo salieron de España 10.636, de los cuales no todos fueron realmente vendidos, ya que 8.316 fueron a parar a las filiales de Matesa —que según él fiscal equivale a que Matesa se comprara a sí misma—. En definitiva, que de aquellos 20.331 telares financiados por el Banco de Crédito Industrial sólo en 2.321 casos la operación respondió a la verdad. Traducido a pesetas hace que la defraudación por todos conceptos, y aun teniendo presentes todos los descuentos que es menester tomar en consideración, alcance la cifra de 8.993.446.982 pesetas, en la Que Matesa ha perjudicado a1 erario público.

El destino que se daba a estas cantidades ilegitimamente extraídas era muy vario. Por lo pronto, para atenciones propias (no olvidemos los altos sueldos de algunos de los empleados de Matesa, hoy procesados) al respecto, incluso cita el fiscal el balance del administrador judicial adjunto, señor Samaniego, quien establece una cuenta de don Juan Vilá Reyes por más de 253 millones de pesetas para las compras de empresas en España; para el pago de intereses de los créditos (unos 625 millones de pesetas) y de las pólizas de seguros (algo menos de 600 millones de pesetas); para la financiación de empresas en el extranjero (compra del Banco del Perú en 74 millones de pesetas, compra de una empresa en Luxemburgo por 14 millones de pesetas para las «autotransferencias», préstamos a empresas filiales y financiación de «holdings», etc.).

Esos han sido los hechos delictivos Imputables a los cuatro primeros procesados, en concepto de autor don Juan Vilá y cómplices los restantes.

DELITOS DE COHECHO

A continuación se refiere a los delitos de cohecho. Habla de la actuación del señor Alonso Calleja, ingeniero industrial, subdirector desde 1963 del Banco. Visitó las factorías de Matesa en España y en el extranjero. Insiste en el valor de los informes que emitiera el procesado, informes que sin duda tenían peso e influencia en orden a la concesión de créditos. Alguna de sus memorias la califica de «demencial», como la que rindió el señor Alonso Calleja a su vuelta de la Feria de Basilea, en la que, según la versión fiscal, no se había llegado a vender ni un solo telar; y, sin embargo, para el señor Alonso Calleja se habían comprometido 6.000 telares, por valor de 60´ millones de dólares, y pendientes de venta 12.000 más, por importe de 100 millones de dólares.

Al señor Vilá Reyes le interesaba tener buenas relaciones —así, dice el fiscal, se deduce del sumario— con el señor Alonso Calleja. Por eso cree verosímil el regalo de un automóvil «ni muy caro ni muy barato» que ordenó se hiciera don Juan Vilá Reyes. No da valor alguno, e incluso aporta testimonios contradictorios, a la explicación de que el coche fue compensado con la venta de un piso. Alude, incluso, a determinada frase de un testigo, que personalmente hirió te sensibilidad del fiscal.

Respecto del letrado señor Pellicer, también procesado, las palabras del fiscal son muy breves. Reconoce que no tenía voto en las reuniones del Comité del Banco de Crédito Industrial, pero sostiene que las cantidades percibidas por el procesado, a través del letrado señor Balaguer, no parecen responder a trabajos profesionales de un abogado, sino más bien a determinadas informaciones que pudiera proporcionar como secretario del Comité del Banco.

No cree que si se tratara de trabajos profesionales llegara a cobrar por «iguala» de aquel letrado de Barcelona señor Balaguer, y aduce a su favor cómo el señor Villar Palasí, también letrado, cobró sus trabajos por minuta.

Tampoco se ocupa el señor fiscal con gran extensión del cohecho que se dice perpetrado por el señor Leyra. Explica que, en todo caso, es verosímil que percibió como regalo 500.000 pesetas, aunque el talón no llegara a ser hecho efectivo en ventanilla, ni como quería don Juan Vilá, «fotografiado cuando lo cobraba». Menos aún ocupa el tiempo que dedica al empleado del Banco señor Vindel, quien, en un claro pluriempleo, pero para «agilizar» el trámite de las operaciones que afectaban a Matesa, percibía 20.000 pesetas mensuales extras.

CALIFICACIÓN DE LOS HECHOS

Con ello termina la exposición de hechos del fiscal y entra en la calificación jurídica de los mismos.

Hemos de hacer especial hincapié al alabar esta parte de su informe. Sin necesidad de extensas citas jurisprudenciales, sin aludir más de lo estrictamente necesario a las tesis sustentadas por la doctrina, ve el fiscal en los hechos que narrados quedan, por lo pronto, cuatro delitos de estafa. ¿Por qué cuatro? Porque dentro de la tipología de la estafa hay cuatro engaños perfectamente individualizados que hacen que por el tipo delietual sean diferentes unos de otros. En unos, en engaño consiste en el llamado contrato de pedido en firme. En otros, en los contratos y letras de pago aplazados que son falsos; en un tercer grupo, el engaño está en las cantidades obtenidas para «stock», nacidas de la falsedad del volumen declarado de la exportación de! año anterior, y en cuarto y en último lugar, en las cantidades defraudadas en concepto de mayor desgravación fiscal.

Hay, pues, cuatro maniobras engañosas, aunque todas ellas sean subsumjbles en el tipo legal de aparentar

bienes o crédito, empresas o negociaciones imaginarias.

En cuanto a las falsedades, éstas aparecen muy claras. Son 417 perfectamente individualizadas a las que se refiere en su escrito de conclusiones definitivas. Falsedades, no del tipo de las del artículo 306 del Código Penal, sino más bien, falsedades en documento mercantil, aunque ello, a efectos de pena, tenga poca trascendencia, ya que la sanción de multa que comporta últimamente está ya indultada.

EL DELITO CONTINUADO

Adelantándose a las posibles argumentaciones de la defensa, tirata de resolver las dudas que, llegado el momento de enjuiciar jurídicamente los hechos, puedan presentarse. Así, se refiere en primer término a que no cabe hablar de delito continuado. Para la Jurisprudencia sólo hay delito continuado —dice-— cuando no quepa, cuando sea imposible, la individualización de los hechos, individualización que aquí es perfecta. Ello en cuanto a las estafas. Reconoce, sin embargo, que la Jurisprudencia, a partir sobre todo, de una sentencia del Tribunal Supremo de 14 de abril de 1973, admite la falsedad continuada. Pero continua, sólo cuando cada una de las falsedades sea mero jalón de un único iter criminis. Y en el presente caso hay 417 préstamos; hay pues 417 caminos criminales.

Los cohechos le parecen también muy claros. El más grave de ellos, el aplicable a los actos cometidos por el señor Alonso Calleja (art. 386 del Código Penal) por la realización de actos injustas, no delictivos, a cambio de recompensa.

Alude a que, a efectos del Código Penal, los restantes procesados por cohecho tienen la consideración,

según el art. 119 del Código Penal, de funcionarios públicos y elio, aunque a efectos administrativos o laborables, no lo sean.

Por último, afirma en cuanto a don Fernando Vilá Reyes y a los señores Trius y Banquells, que el Ministerio Público tuvo sus dudas en orden a si debían ser calificados como coautores de los delitos que se les imputan, pero que ha preferido la mas benévola calificación de cómplices, precisamente por la arrolladora personalidad del director máximo, es decir, de don Juan Vilá Reyes.

RESPONSABILIDAD CIVIL DE MATESA

Y pasa a continuación a tratar de la responsabilidad civil de Matesa. Responsabilidad que fundamenta no sólo en el artículo 108 del Código Penal, sino también en el artículo 22 del mismo cuerpo legal. Porgue ha habido un enriquecimiento lucrativo de la empresa, y porque de otra parte, hace ya mucho tiempo que la doctrina —y cita a uno de los defensores, el catedrático señor Ferrer Sama— viene estableciendo que la responsabilidad civil subsidiaria del art. 22 del Código Penal, no es sólo la dimanante de la «culpa in vigilando» o culpa «in eligendo», simo que basta con la merá dependencia». Pues bien, don Juan Vilá, como todos los demás procesados son, en este sentido, «dependientes» de Matesa. Asi lo prueba el hecho de que cuando el 15 de julio de 1969 se pretende reunir a la Junta general extraordinaria y universal para ofrecer en garantía todos los bienes, comparecen tanto don Juan Vilá Reyes como los restantes accionistas de la misma.

Hay una última alusión importante las nazones por las cuales se eligió el camino de la Administración Judicial y no de la incautación tal como propuso el señor García-Moncó y ratificó en su testimonio. Toma pie el fiscal en una de las frases del ex ministro, quien confesó que el señor Vilá Reyes, tras aquella Junta general universal en. la que puso a disposición del Banco sus bienes, le preguntó «¿y cuándo recuperaré mi empresa?». Ello demuestra, dice el fiscal, que lo que el señor Vilá Reyes hizo entonces no fue una cesión en propiedad de todos sus bienes, sino una simple entrega en garantía. «Aquella firma del 15 de julio de 1969, no tuvo el valor de entrega, y mucho menos de transacción con la administración exoneradora de responsabilidades penales contratadas mucho antes.

El que el señor García-Moncó prefiriera la incautación, no demuestra para el fiscal que fuera método o camino apto para la recuperación de activos. No. Para el señor fiscal la incautación no hubiera servido para ese fin, sino sólo para que fueran entregados nuevos créditos a Matesa con un destino más que incierto.

Con ello, y con una encendida alusión al trabajo y la actuación del abogado del Estado a lo largo de todo el proceso, con especial énfasis a su participación en un incidente del juicio oral termina el largo y brillante informe del Ministerio Fiscal.

INFORME DEL ABOGADO DEL ESTADO

Muy breve fue, pero también muy sustancioso, el alegato del abogado del Estado, don Javier Arauz de Robles. Se suma en un todo a las conclusiones del Ministerio Público, coa una pequeña matización.

Subraya una vez más, que la Administración del Estado ha salido perjudicada, aunque ya desde 1967 trató de aclarar qué ocurría en Matesa. La inspección que el señor Montesinos llevara a efecto aquel año lo demuestra. Es muy explícito en el análisis del convenio del 15 de julio do 1969. Para él aquel convenio no comprometió a la Administración, sino que únicamente fue una oferta del señor Vilá Reyes con entrega de sus bienes en garantía de las obligaciones contraídas.

Alude varias veces al profundo análisis que de los hechos hizo en su día el Juzgado de Delitos Monetarios y el Tribunal Administrativo Central. Y con las mismas cifras que diera el señor Samanlego en su declaración ante la Sala, demuestra la defraudación en que ha incurrido Matesa. ¿Qué la normativa era incorrecta o incompleta? Quizá. Pero aun así había que cumplirla, y sobre todo, la legislación posterior ha venido a poner de manifiesto que ninguna norma, ni las de antes ni las de ahora, ni permiten ni autorizan sistemas como los que utilizó Matesa para obtener fondos del crédito público y destinarlos a finalidades ilegales.

Su única discrepancia con el Ministerio Fiscal, estriba en que a diferencia de éste, no solicita que la Compañía de Seguros de Crédito y Caución indemnice al Banco de Crédito Industrial con el importe de las primas percibidas por los seguros concertados, ya que existen en la actualidad pleitos civiles en los que se dilucida esta cuestión.

Y así terminó la sesión ya muy entrada, la tarde. La expectación era mucha ante el anunciado informe, primero de las defensas: el encomendado al señor Gil Robles.—José María RUIZ GALLARDON.

SESIÓN MARATONIANA EN EL ASUNTO MATESA

A las cinco y media de la tarde comenzó el informe del señor Gil Robles, defensor de don Juan Vilá Reyes, principal encartado en el asunto Matesa. A las nueve de la noche, el abogado pedía a la Sala o la suspensión de la vista hasta el día siguiente o unos minutos de descanso, anunciando que su informe oral duraría al menos dos horas más. El señor presidente manifestó el deseo de la Sala de que continuara el juicio.

A reserva, pues, de que en nuestra edición de mañana demos con la debida extensión los principales argumentos del defensor, anticipamos hoy las líneas maestras de su pieza forense.

Comenzó narrando la historia de su conexión con el asunto. «La más noble de las figuras que han tomado parte en este proceso, la esposa de don Juan Vilá Reyes, me rogó un sábado del mes de marzo de 1970 que me hiciera cargo de la defensa de su marido. Dudé en aceptar, porque, le dije, tengo fama inmerecida de que politizo los asuntos en que intervengo. Pero ame la insistencia de la trama y su advertencia de que no podrian pagarme entencesimis monorarios y acaso nunca, agente.

Dichas estas palabras, el señor Gil Robles entra en tema. Habla de que el asunto estaba va nolitizado desde por 10 menos un año antes. El testimonio del señor Garcia-Monco, en el presente inicio oral asi lo ha puesto de mamriesto. El 14 de agosto de 1969 cabían dos soluciones o la incantación de Matesa por el Estado, o el escándalo. Se eligió este último. Y una libertad de Prensa. desconocida: hasta aquella fecha, llevo al animo de los españoles que habian sido defraudados en 10.000 millones de pesetas, cifra incluso confirmaba por una nota del Consejo de Ministros.

Toda la primera parte del informe del señor Gil Robles ha tendido a deshacer una a una lo que llama calumnias vertidas contra Matesa y sus directivos. Para negar a plantearse esta alternativa: o el señor Vilá Reyes es un superhombre del engaño o el mver intelectual de funcionarios del Banco de Crédito industrial, de la compañía de seguros de Crédito y Caución, del Instituto de Credio y Largo Plazo, del Instituto Español de Moneda Extranjera., de los agregados comerciales españoles en el extranjero, etc.. es interior al normal ¿Donde esta la verdad?

La—verdad- está, para el señor Gil Robles, en que don Juan Vilá Reyes, que pudo escapar de España fácilmente y con millones, y prefirió ponerse a disposición de la Justicia, no cometio delito alguno Se atuvo al espiritu ae unas normas cuya tetra estaba anticuada, guiada por la nobilísima finalidad —ensalzada y fomentada desde el Estado— de abrir mercados nuevos para España en el extranjero.

Dejemos para mañana el debate de sus argumentos. Digamos hoy tan sólo que para el señor Gil Robles no ha habida nunca delito; todo lo más, meras imarciones administrativas, necesarias para cumplir la finalidad exportadora. Pero todo ello pide la absolucion de su definitivo basado en las razonen que

expondremos en detalle.—J.M.R.G.

 

< Volver