Ante la cancelación de "Madrid"     
 
 ABC.    26/11/1971.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

ABO. VIERNES 26 DE NOVIEMBRE DE 1971.

ANTE LA CANCELACIÓN DE «MADRID»

Como profesionales del periodismo, como colegas en el duro y sacrificado servicio de la información, no podemos ni debemos silenciar nuestra sincera y enorme consternación ante la cancelación de la inscripción registral de «Madrid», diario de la noche; a consecuencia de la cual ese periódico no se publicará, por ahora, y ha dicho ayer adiós a sus lectores.

La historia de «Madrid» en sus últimos años no ha sido tranquila. Está salpicada de amargas vicisitudes.

Sobre el colega de la tarde han recaído varias y distintas sanciones, que culminaron en dos particularmente graves: multa de 250.000 pesetas a su director y suspensión por dos meses decidida el 31 de mayo de 1968; y multa de igual cuantía y suspensión por plazo igual de tiempo,-acordadas el 12 de julio de 1968.

En ambas ocasiones, desde estas columnas editoriales, expresamos nuestra lamentación por tan severos castigos. En ambas ocasiones, después de subrayar las diferencias de opinión que separan A B C y «Madrid», nos lamentábamos del. daño que siempre significa la desaparición, aun temporal, de un periódico, daño para la formación en lícito contraste de pareceres de la opinión pública. En ambas ocasiones opinamos que no parecía haber proporción equilibrada entre la dureza de la sanción y la causa donde se concretó la misma.

«Cuando las Cortes Españolas—escribimos entonces—aprobaron la vigente ley de Prensa e Imprenta entregaron al Gobierno un instrumento de valor inapreciable, pero que exige un minucioso cuidado en su manejo, sobre todo en la esfera de las sanciones. El pueblo español no admite, no tolera campañas subversivas, ni quiere en modo alguno publicaciones que vulneren los límites que a la libertad, valor siempre deseado, pone el artículo segundo de la ley. Pero quiere también ese mismo pueblo una ordenada adecuación entre faltas y sanciones, una ecuación que resulte satisfactoria y al mismo tiempo lógica.»

Salvada la evidente diferencia de las circunstancias actuales y de aquellas otras, el espíritu de estas consideraciones sigue siendo válido y actual. Vigente y aplicable.

Ahora, de nuevo, una vez más, debemos comentar otra severísima resolución punitiva que cierra «sine die» el diario «Madrid». Y una vez más y de nuevo nos dolemos públicamente de la consumación de estas cosas, de la realidad de estos negativos aconteceres en el mundo periodístico, que esta tarde dejarán un lamentable hueco entre los manojos de Prensa en los quioscos.

Aunque no nos corresponda entrar en el análisis de las disposiciones legales y razonamientos en los cuales se dice fundada la drástica resolución cancelatoria, no podemos evitar plantearnos interrogantes considerables acerca de su coincidencia en el tiempo—sólo dos días después—con la publicación de un fallo de la Audiencia Territorial que devolvió ciertos derechos a las acciones del presidente del Consejo de Administración del diario «Madrid». Circunstancia que, en cualquier caso, no aminora nada el tono del juicio particular que nos merece todo el asunto.

Aun apreciando en cuanto valen los buenos deseos que manifiesta el Ministerio de Información en su nota, en lí que hace constar su preocupación po¡ los problemas laborales y. profesionales que se produzcan y su postura favorable a una fórmula que permita mantener la edición del diario, no nos resulta posible dejar de sentir verdadera alarma profesional ante una demostración de contundente fuerza—administrativa, pero fuerza al fin—que somete, con el cierre, al silencio a un órgano de opinión tan respetado y tan respetable, con tanta tradición y tanto encomiable servicio, como el diario «Madrid».

Condolidos, consternados, sintiéndonos como profesionales y como empresa alcanzados de algún modo, pues nada fasto o nefasto en la vida de los demás periódicos nos es ajeno, escribimos este apresurado comentario. Con la inquietud despierta por vulnerabilidades que siempre creímos superadas. Y deplorando absolutamente toda ocasión/ todo acontecer, donde se revela que el rigor no acepta matices y prescinde de muy naturales y lógicas templanzas.

 

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