Autor: Barra, Alfonso. 
 Londres. 
 Irritación del "Daily Express" por el auge del turismo en España  :   
 Greville-Bell entró en nuestra patria con un importante cargamento de tabaco. 
 ABC.    12/09/1963.  Página: 31. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

IRRITACIÓN DEL «DAILY EXPRESS» POR EL AUGE DEL TURISMO EN ESPAÑA

Comenta desafortunadamente la decisión de la justicia española de imponer multa o subsidiaria detención

a un súbdito inglés

GREVILLE-BELL ENTRO EN NUESTRA PATRIA CON UN IMPOR-TANTE CARGAMENTO DE

TABACO

Londres 11. (Crónica telefónica de nuestro corresponsal.) Los trámites de la Justicia española

relacionados con el delito de contrabando y defraudación cometido por el subdito británico Mr. Anthony

Greville-Bell, han merecido tratamiento "de honor en los órganos informativos. Desde hace varios días el

tema se. ha enseñoreado de las primeras planas de los diarios. A final de cuentas se puede deducir como

moraleja que era más importante la intención de los comentarios que los hechos tratados con tanto lujo

tipográfico. Las declaraciones de nuestras autoridades—según se escribe en Londres, han explicado que

Mr. Greville-Bell debe pagar la multa o cumplir subsidiaria detención—merecen poca tinta de imprenta,

tal vez porque el castigo y la opción son típicos en el procedimiento penal de los países occidentales.

Lo que al parecer merece relieve especial son los disparos de la "recámara dialéctica" de ciertos co-

mentaristas.

El "Daily Express". marca la pauta de esas picaras apostillas.. Encabeza su artículo editorial con un

gráfico que xpo-. ne el movimiento turístico inglés hacia España. En 1950 nos visitaron. 90.000 viajeros

de las Islas Británicas; en 1963 serán un millón. -Estas cifras, que tanto honran el buen gusto viajero de

los británicos y a la hospitalidad de los españoles, no acaban de complacer a los hombres del "Daily

Express".

Dice así el periódico: "El gráfico demuestra un hecho destacarle: la dependencia de España en relación

con el Reino Unido." Este introito es una verdad luminosa si por la misma razón se añade que los ingleses

dependen de España para airear sus bronquios y tornasolar sus epidermis. Gracias a una independencia

tan feliz, las dos partes ganan lo suyo. Pero no es ésta la idea que alienta en la recámara mental del

editorialista: "¡Qué bendiciones llevan esos forasteros a una tierra desnuda y empobrecida!", exclama e]

artículo.

Se recuerda también que nuestros amables huéspedes ingleses desembolsan una tercera parte de los

ingresos que España obtiene del extranjero. Gracias a esa generosidad "se ha mejorado impresionan-

temente el nivel de vida de los españoles". Al parecer, España no está a la altura de las circunstancias

cuando llega la hora de agradecer aquellos favores. La Justicia ha detenido a un inglés por delito de

contrabando, y el "Daily Express" aboga, por la injusticia de que no se aplique la ley. No atiende las

benevolentes aclaraciones de nuestras autoridades y pide con sencillez que pongan en libertad al detenido,

sin más trámites.

La lista de presuntos agravios cometidos por los jueces españoles ocupa largo espacio en los archivos del

periódico. "Otros turistas ingleses han sido "encerrados en las cárceles durante meses sin haber sido

acusados de ningún delito—«lama el "Daily Express"—., Han sufrido amenazas y malos tratos por la

simple circunstancia de verse en envueltos en accidentes. Hágase la suposición de lo que ocurriría si

Inglaterra impide los viajes a España hasta que Mr. Greville-Bell sea puesto en libertad y se den garantías

de justicia para todos los turistas." Vale la pena imaginar el supuesto. Lo más probable es que nuestro

millón de buenos amigos. ingleses protestarían contra el régimen policíaco apadrinado por el "Daily

Express" en la "cuna de la democracia".

Lo curioso del caso es que Mr. Greville-Bell fue condenado cuando no era turista y por actividades que

no guardan ninguna relación con el turismo, salvo que se extienda ese estatuto a! inglés dedicado a meter

en España de matute todo un cargamento de tabaco. Las aduanas británicas no.se distinguen precisamente

por su mano blanda cuando se trata de inspeccionar las maletas, como pueden dar fe los miles de

españoles que han tenido disgustos serios por llevar más de doscientos pitillos o más de media botella de

licor. El que intente la aveníura de acercar un barco a las blancas costas de Dover cargado de tabaco, para

defraudar a las aduanas británicas, seguro que envidiaría la suerte que corre ahora Mr. Greville-Bell..

Al «Daily Express" le duelen muchas cosas: el Mercado Común, Alemania, la prosperidad de los países

continentales, el sol de España e incluso la simpatía de los españoles hacia el millón de ingleses que

disfrutan sus Quince días de vacaciones anúr.Vs en nuestra tierra para regresar a Inglaterra con el sueño

de volver el año próximo. Ese millón de clientes no tienen quejas como las del "Daily Express", entre

otras cosas porque esperan pisar tierra española para comprar tabaco a la tercera parte del precio inglés,

sin el menor deseo de perjudicar su cartera o de reñir con, nuestras aduanas. El auge de las costas

españolas irrita al "Daily Express".—Alfonso BARRA.

 

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