Hacia la equiparación jurídica de la mujer     
 
 ABC.    06/09/1974.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

HACIA LA EQUIPARACIÓN JURÍDICA DE LA MUJER

E1 anuncio del acuerdo adoptado en el último Consejo de Ministros presidido por el Príncipe de España, relativo a la remisión a las Cortes de un proyecto de ley sobre la situación jurídica de la mujer casada, ha desatado una auténtica ola de comentarios marcados por él signo del feminismo, con el común denominador de la queja ante el aparente, menosprecio que la legislación ha tenido para el sexo débil, tradicionalmente.

El proyecto, básicamente, se articula sobre, el reconocimiento de la igualdad de derechos y deberes de ambos cónyuges, y conlleva sustanciales modificaciones de los Códigos Civil y de Comercio. En su letra, la mujer no pierde su nacionalidad al desposarse con un extranjero, si no deben remunerar a ella, no sera ya necesaria la licencia marital para la realización de actos jurídicos de la esposa, y se establece que el régimen económico del matrimonio pueda sufrir ulteriores modificaciones.

Por supuesto, en el ánimo de todos está, como un hecho irreversible, que la disminución de las diferencias jurídicas entre el varón y la mujer redunda en una mejor y más útil calificación de esta última en el contexto de la sociedad. Y que, cuando los desniveles actuales se hayan superado por completo, nuestro entorno social será ño solamente más justo, sino también más rico en posibilidades.

Sin embargo, resulta curioso discurrir sobre si la tan anunciada y perseguida emancipación de la mujer, concepto del que han hecho bandera no pocos movimientos extravagantes, es resultado de la paulatina incorporación de las féminas al mundo del trabajo o si, por el contrario, los logros jurídicos han favorecido esa integración laboral hoy contemplada como una fuerza que, de modo gradual, va perdiendo su carácter potencial para manifestarse en la práctica cotidiana.

Si consideramos la resultante real, poco importará el camino recorrido hasta llegar a ella. La mujer es, en la actualidad, un elemento de la sociedad con proyección que excede los estrechos ámbitos familiares de antaño y con capacidad de independencia intelectual, económica y aun política. El reconocimiento de la mis misma constituye, sin duda, ese proyecto dé ley. Es como el espaldarazo legal a una situación, a un hecho, a todas luces evidente, que no se habría producido antes, qué Carecia de precedentes histéricos. Y resulta doblemente oportuno, por lo que de logro representa para la mujer española y también frente a la ya cercana celebración del Año Internacional de la Mujer.

Solicitar, de otra parte, un estudio completo de las diferencias jurídicas vigentes que sitúan al bello sexo en inferioridad de condiciones frente a los varones, no parece ciertamente inoportuno, siempre que vaya acompañado de una toma de conciencia por parte de la sociedad; siempre que la propia sociedad advierta, con propósito de enmienda, diferencias y deficiencias.

Pretender que de un plumazo, aun cuando la pluma sea de nuestro máximo organismo legislativo, se supriman tabúes, reticencias más o menos justificadas históricamente y desconfianzas asentadas desde siglos, sin que haya una correspondencia previa por parte dé los estamentos sociales, sería improcedente.

Es a la sociedad completa, y a las propias mujeres muy especialmente, a quien corresponde habilitar los cauces para el logro de esa igualdad jurídica entre los sexos que hoy se considera fundamental para un desarrollo más armónico de los países.

 

< Volver