Autor: Talavera, Pablo. 
   Un feminista     
 
 Patria.     Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

PUEBLO

UN FEMINISTA

Señor director:

Hora es ya de poner las cartas boca arriba y jugar sin cartas marcadas, pues estamos asistiendo al desmadre de las llamadas corrientes feministas, que han llegado a pedir, en sus manifestaciones ridiculas y vocingleras, que los hombres seamos castrados, que no sea delito el adulterio, que el aborto sea legalizado, que las pildoras anticonceptivas las pague la Seguridad Social, etc.

Ante tal batiburrillo, yo me pregunto: ¿Por qué desflorar a una mujer constituye delito? ¿No puede darse el caso que en ese momento la desfloración sea recíproca? Además, ¿no piden con voces plañideras ser en todo igual al hombre? ¿Por qué guardarle ese privilegio? Cuando en sus formas de vestir, de expresarse y comportarse incitan al macho a que las monten como vulgares hembras en celo, ¿por qué sigue castigándose la violación ?

Seguramente que muchos movimientos feministas son promovidos por solteronas que no han merecido que ningún macho se fije en ellas, por lo mal que han sido dotadas físicamente por la Naturaleza. ¿En qué consiste la emancipación de la mujer? ¿En no tener un marido que la quiera y la respete; en no parir hijos para recrearse en ellos y educarlos como Dios manda; en no crear un hogar y verse rodeada en él de cariño y admiración y sentirse dueña y señora de su casa? O, por el contrario, ser un juguete sexual del hombre; trabajar en fábricas y talleres, abandonando su hogar y que sus hijos crezcan en la calle, porque para todos no hay guarderías; en ejercer una profesión liberal; ser diputado o ministro... Bueno, pero estos últimos cargos se cuentan con los dedos de la mano y para ellos no todas reúnen condiciones.

Ante tal estado de cosas, nosotros, los machos, estamos dispuestos a que las mujeres sean iguales a los

hombres en todo. Así no será delito la violación; que cada cual se acueste con quien le dé la gana y la que tenga un hijo que le dé su nombre y apellidos, que lo eduque y que apenque con él toda la vida; que pueda ofenderse a la mujer de palabra y obra siempre que lo merezca; que hagan también el servicio militar; que desaparezcan sus privilegios de mujer embarazada cuando esté en gestación y, por supuesto, todos los «infamantes» lazos matrimoniales. Porque uniéndose cada pareja por deseo de ambos, ¿para qué más requisitos? Que los hijos que vengan se críen y eduquen en comunas estatales, a cargo del Gobierno, pues son un lastre para hacer el amor con plena libertad. ¿Es este el estado ideal para la mujer «liberada» ?

Pues que lo consiga. Cuanto antes, mejor.

Le saluda con afecto,

Pablo TALA VERA

Jerez (Cádiz)

 

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