Autor: Pérez Serrano, Mabel. 
   Por la gracia de Dios     
 
 Diario 16.    04/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 27. 

Por la gracia de Dios

Mahel Pérez Serrano Presidenta de la Asociación Española de Mujeres Separadas.

Mil novecientos setenta y siete empieza para España con las miradas del mundo puestas en nuestro ensayo habra la democracia.

Nuestro país trampea un momento clave de su historia contemporánea, y se adentra en su futuro con la esperanza de poder alcanzar una nueva forma de convivencia.

Están aún cercanos tos tiempos en que los demócratas convencidos hemos vivido entre el miedo y la represión, por no querer acopiar fórmulas autocráticas.

En esos tiempos no era extraño leer en la Prensa, a pesar de la censura, que grupos de demócratas españoles se acogían a! cobijo de nuestras iglesias cuando necesitaban un ámbito protector para sus asambleas.

La tradición de confesionalidad del Estado español arranca de (Siglos que se pierden en la Boche de los tiempos, en que la cruz y la espada eran símbolos conjuntados que representaban el "salvador espíritu de cruzada".

Juntas la espada y la cruz galoparon por tierras españolas reconquistando, para la fe, las ciudades sometidas al infiel. ¡Siglos ha! Pero...

Más recientemente juntas también en una nueva cruzada de liberación, en defensa de los "valores espirituales de Occidente" —de los que se nos ha dicho hasta la saciedad que España era "el último bastión"— durante tres años de fratricida lucha, fueron recobrando los rincones del solar patrio, que estaban en manos de las hordas ateas.

Parece, pues, una constante histórica española esta bendición sacral a todo poder temporal recibido "por la gracia de Dios"

Están lejos los tiempos en que el poder real utilizaba el Santo Oficio como aliado para fines nada espirituales. Mediante un curioso reparto de funciones terminaban condenados por herejes, y pasados al fuero secular para su ejecución, los nobles, los políticos ambiciosos, o algunos jerarcas de la Iglesia que no aceptaban ciertas "cuestiones" de Estado.

Esta conjunción Iglesia-Estado, en cierta medida burda, con el tiempo se fue sutilizando —la Iglesia se "aggiorna" a tenor de los tiempos— y así se institucionalizaron las firmas de Concordatos. En los Concordatos ambas potestades se intercambian unos privilegios —a veces sin una equiparación en cuanto a número y alcance— que, en ocasiones, cotiza a buen precio el hecho de la sacralización del Estado.

En el caso español, la Iglesia, una vez terminada la Cruzada, y afianzado el régimen del general Franco, no dudó en concordar con éste, y, por cierto, nadie podría decir que no salido beneficiada.

No, la Iglesia nunca fue neutral.

Ahora el cardenal Tarancón, en su "Carta cristiana" última, "¿Partidos políticos cristianos?", condena de modo expreso la "marca registrada que expresa una ideologia y una postura políticas reconocidas fácilmente por todos", la Democracia Cristiana.

En su carta, el cardenal de Madrid vierte determinadas inexactitudes: "...un partido que se presenta como confesional", a lo que hay que puntualizarle que los partidos demácrata - cristianos españoles no somos confesionales y que, por tanto, no queremos y no tenemos por qué aceptar el visto bueno de la Iglesia católica, que —hoy por hoy— más conturba que favorece.

Pero hay que pedirle que sea consecuente en esa postura suya de desligarse del poder temporal.

"Por sus obras los conoceréis", nos dice ese Evangelio que sólo para sí reclama. Y estas obras deberían ser:

1." Prohibir a sus obispos ser procuradores por designación.

2.° No permitir a sus arzobispos ser miembros del Consejo del Reino (el más bunkeriano residuo franquista).

3.° Renunciar a las exenciones fiscales,

4.° No monopolizar las subvenciones del Estado por su actividad espiritual; rechazarlas mientras, proporcionalmente a sus adeptos, el Estado no pague también a las demás confesiones.

5.º Dejar de ampararse tanto en su preponderancia sociológica en temas como la enseñanza y todo lo referente al matrimonio. (Ambos, fuentes de ingresos considerables.)

6.º Prohibir la celebración del matrimonio canónico, sin previa demostración del matrimonio civil, para reparar el holocausto en 1933 —por influencia de la Iglesia— de la ley de Matrimonio Civil de 1932.

7.° Cerrar ese foco de cerrilismo, corrupción y antihumanismo que son sus Tribunales Eclesiásticas, siempre en busca de culpables; para que termine de una vez el compadreo sospechoso de jueces y abogados, amparado en el secreto jurisprudencial, que hacen de ellos el reino de la mentira, y el lugar ideal donde los más fuertes —económica y socialmente— tienen todas las de ganar.

Y, además, hay que decirle al señor cardenal: ¿Cómo se puede sutilizar que el empleo del vocablo cristiano, como denominación de partidos políticos, pueda involucrar a la Iglesia católica o la Jerarquía" de la misma en el país, cuando este término es mucho más amplio que el de la confesión católica? Ya que no se le ocultará, creo yo, al señor cardenal el número crecido de confesiones que, siendo cristianas, no son católicas.

El "cristianismo", como tal, implica una concepción de la vida, del intento de práctica y aplicación del Evangelio a la vida humana, que nada tiene que ver con la Iglesia católica como institución.

(Esta se caracteriza por ser una institución autócrata, jerárquica y centralizada, de carácter, por tanto, absolutista. Y... muchos, y ahora también el señor cardenal, estamos por la democracia.)

De ello podemos deducir que la conjunción de los términos "cristianismo" y "democracia" no sólo no es detonante, sino que encuentra su legítimo abolengo en el mensaje evangélico de Cristo. A la historia de los primeros siglos de la Iglesia (antes de Constantino) me remito.

 

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