Autor: Cerdán de Ruy del Castillo Ávila, Eloína. 
   Correo telemencial     
 
 Diario 16.    12/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

CORREO TELEMENCIÁL

Asidua lectora de ese periódico, al que considero ecuánime y ponderado al tratar asuntos básicos, me creo en el deber de llamar su atención ante las cartas que vienen publicándose en el mismo, y muy concretamente aquellas transcritas bajo el apartado "Correo telemencial".

No sé si incumbirá al que se firma como transcriptor de las mismas la selección ce la correspondencia recibida, en cuyo caso advierto un ánimo más que tendencioso contra la dignidad femenina. No me cabe en la cabeza que todas, absolutamente todas las mujeres que se dirigen a esa sección lo hagan dando una tan triste dimensión de sí mismas, como individuos y como género, y eso aunque se pasen todo el día ante el televisor.

Naturalmente que los estímulos televisivos no faltan al caso. Y programas como "Mujeres insólitas" están ofreciendo semanalmente una estimable colaboración al alienamiento femenino y al de sus propios opresores, los hombres. Curioso es que el descaro antifeminísta de sus realizadores no haya campado, hasta el momento, más Que por parcelas foráneas y que no se haya atrevido a inspirarse en mujeres de aquende los Pirineos, en casos, por ejemplo, tan sacronacionales como el de la famosa y mi-tica camisa de doña Isabel la Católica. Y es que hay mujeres que aun desde la tumba saben defenderse e imponer respeto. Hasta el último programa de "Vivir para ver" parece como si hubiera estado dedicado en exclusiva a ofrecer de nosotras y de nuestras Justas pretensiones una visión tan deformada como ridicula a tenor de la alevosa selección de imágenes y comentarios groseramente manipulados por su autor y presentador.

Sin embargo, qué bien se cuidan los encargados de programar la TVE de que espacios tan interesantes como el de la abogada McShane no puedan ser vistos por una audiencia masiva de hombres, que a las cuatro de la tarde se encuentran en sus respectivas ocupaciones. Todos los demás, protagonizados por heroicos tenientes, más o menos calvos o sucios, inspectores y abogados son programados en horas de audiencia multitudinaria. Por el contrario, esta inteligente abogada, que en cada episodio arriesga a veces su propia vida para solucionar un caso —y lo consigue siempre—, apenas si ha llegado a calar en el entusiasmo de algunas telespectadoras esclarecidas.

Yo misma soy también abogada,, aunque, gracias a Dios, nunca he tenido necesidad de ejercer para ganarme la vida. Pero si no fuera por mis deberes de esposa, les aseguro que, incitada por el ejemplo de la abogada McShane, cuántas veces me levantaría de mi diván frente al televisor, cruzaría precipitadamente el Jardín de mi villa, sacaría mi Volvo del garaje y me lanzaría a las calles, no a defender la inocencia de algún presunto asesino, sino a acusar ante el mundo la fehaciente culpabilidad cíe la civilización masculina frente a la mujer.

Eloína Cerdán de Ruy del Castillo Avila. (Por la transcripción: Germán Bueno.)

 

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