Autor: Batlle Sales, Mercedes. 
   Ni machismo ni feminismo     
 
 Diario 16.    01/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Ni machismo ni feminismo

Hoy, ningún periódico o revista que quiera dar la tónica de los tiempos deja de insertar en sus páginas artículos, entrevistas o noticias que tengan como protagonista a la mujer discriminada. Ningún partido o corriente ideológica deja de insertar el tema como denuncia con poder de captación evidente.

Y ciertos sectores de mujeres lo utilizan como plataforma de manera radical y revanchista, con la actitud y mentalidad que siempre han tomado los grupos, sectores, clases o etnias, que han sido sujeto pasivo de una opresión y marginación social injusta.

Que la de la mujer lo es, que estamos en los reductos de una sociedad tradicionalmente machista, se reconoce casi unánimemente y ante ello, como ante casi todos los temas que el individuo discute, las posturas radicales son las que más ruido hacen y las que más público arrastran.

Yo estoy en desacuerdo con ellas, aunque soy consciente de que intentar mantener el equilibrio es siempre más arriesgado y menos rentable.

No creo que la solución esté en una postura radicalizada de la mujer, pues el feminismo radical nos conduciría a una sociedad en la que subsistirían las irreconciliaciones. La postura del machismo radical es igualmente insostenible.

Ya deberíamos haber madurado lo bastante como para ser conscientes de que necesitamos la unión para poder resolver cuestiones que nos afectan como sociedad en conjunto,

¿Acaso la paz y la guerra, la ecoconomía, la educación, los medios de comunicación, el urbanismo, el trabajo, etc., no tienen como sujetos a todos los hombres, sin distinción de sexo, raza o ideología? ¿Acaso es lógico que ante tantas alienaciones que sufre el hombre como tal permanezca dividido?

La lucha ha de ser de la sociedad entera contra quienes mantengan la postura discriminatoria de uno o de otro signo. Y las armas, la educación y la legislación, o la legislación y la educación, que la una es reflejo de la otra. Aunque la más inmediata sea la legislativa, porque la educación es cuestión de tiempo.

Cuando la discriminación legal no exista el juego de la emulación de los individuos para demostrar su capacidad acabará con la demagogia sobre el sexo.

 

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