Autor: Narvión, Pilar (CASANDRA). 
   Mujer y elecciones     
 
 Pueblo.    18/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

MUJER Y ELECCIONES

Mt parece extremadamente útil para el uso de los responsables de los partidos políticos, traer aquí y comentar, las resoluciones que la ponencia de «Política» aprobó en los famosos Estados Generales de la Mujer, que se celebraron en Versa 11 es en 1969. con asistencia de las representantes de todos los estratos y todas las tendencias del país vecino y un buen número de invitadas de casi todos los países de Europa.

El documento es muy largo y prolijo; pero destacaré cinco puntos de los acuerdos que vienen como anillo al dedo en nuestra actual circunstancia electoral:

1. Los estados mayores de los partidos deben dedicar más atención a la presencia de la mujer en la primera fila de la acción política y no limitarse a presentar sus candidaturas en circunscripciones sacrificadas y de relleno.

Me explicaré. Es práctica muy extendida en los estados mayores políticos, presentar un buen número de candidatas en circunscripciones que su partido tiene totalmente perdidas y en las cuales su presencia es puramente de relleno. Se presenta allí a una «mujer-víctima» que no tiene la menor posibilidad de salir elegida; pero cuyos votos cuentan en el porcentaje del partido y cuyo nombre figura en la lista de las mujeres candidatas del partido de modo que una coalición puede presumir de contar con «el 30 por 100 de mujeres entre sus candidatos» cuando la amarga realidad es que de ese 30 por 100 el 25 por 100 van, simplemente de bulto al degolladero.

2. Convencerá los hombres de que la vocacación política de las mujeres no es un hecho insólito y que es únicamente su posición de simples «acompañantes» el que las desanima.

Añadiré que si no existe ningún atleta que sea capaz de someterse a los sacrificios que representa entrenarse para una olimpiada, si no tiene un mínimo de posibilidades de ser seleccionado, tampoco existen mujeres capaces de lanzarse a la militancia y a la vida política. si saben que nunca serán «seleccionadas» para otra cosa que no sea hacer sobres, pegar sellos y constituir la patrulla de aplausos de los líderes de sus partidos. En EE. UU. las grandes brigadas de movilización de las elecciones son las mujeres, que quedan reducidas a ocho congresistas, ninguna senadora y una gobernadora de Estado, a la hora del reparto de la tarta de las elecciones que ellas han amasado y llevado al horno con tanto entusiasmo y sacrificio.

3. Que las listas electorales presenten un porcentaje de candidatas femeninas que reflejen mejor la realidad del electorado.

En Francia el 53 por 100 del electorado, como en España, son mujeres; pero la política sigue haciéndola los hombres. En parte por culpa de las propias mujeres que son bastante insolidarias con las de su propio sexo, pues la mujer vota con más facilidad a un hombre que a una mujer, de no ser así no habría una sola candidatura que no se llevase la mayoría en las urnas, si consiguiese la a dhesion del 53 por 100 del electorado que son de su propio sexo.

4. Acabar con la práctica generalizada de que los partidos políticos sólo se acuerdan de los temas femeninos de sus programas en épocas de elecciones. Cuando llegan al poder, olvidan las promesas «femeninas» con admirable facilidad.

5. Las propias mujeres deben tratar de tener una mejor educación cívica y una mejor información de los programas de los partidos y de los problemas nacionales.

Este aspecto de la cuestión me lleva a comentar la famosa frase, tan femenina, de «a mi no me interesa la política», como si la política fuese un ente abstracto solo para hombres y no fuesen problemas políticos todos los que preocupan a la mujer desde el precio del colegio y la seguridad del empleo del marido, en la madre de familia y la esposa, hasta la igualdad de derechos laborales en la trabajadora activa.

La ley Electoral está servida, el menú político sobre el tapete y las mujeres no debemos, ni podemos, quedarnos al margen del gran debate nacional

La ley Electoral ya está servida, quiere esto decir que nos encontramos en vísperas del comienzo de la campaña oficial electoral, campaña en la que las mujeres, que constituimos el 53 por 100 del cuerpo electoral, tenemos algo que decir.

 

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