Autor: Ysart, Federico. 
 Dos procuradores abandonan el dictamen. 
 Asociaciones únicas sindicales     
 
 Madrid.    02/12/1970.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

Dos procuradores abandonan el dictamen

Asociaciones únicas sindicales

Las Asociaciones sindicales serán únicas. Lo aprobó ayer la Comisión de Leyes Fundamentales con los

votos en contra del ponente don Fernando Suárez, Esperabé de Arteaga y Villegas Girón. A las diez de la

noche se puso punto final al debate quizá de mayor trascendencia de cuantos se han sucedido en las

últimas cinco semanas con ocasión del dictamen del proyecto de ley Sindical.

Los procuradores sindicales han sido los primeros en defender la unidad, aspiración fundamental, según

ellos, del mundo del trabajo. "El pluralismo—continuaron argumentando los señores Fugardo y Martínez

Estenaga, con el asentimiento del resto de sus compañeros—debilitaría la posición de los trabajadores al

dividirlos."

Según la opinión de otro frente, consagrar en la ley Sindical el pluralismo asociativo es dar cabida a las

ideologías en un sindicalismo apolítico por definición. "El mundo del trabajo debe estar unido,

profesionalizado; ésa, es la línea más actual de todos los sindicalismos", dijo en pro de la unidad el

consejero nacional señor Ballarín, para quien un viaje a, la República Federal Alemana ha bastado -según

confesión- para invertir el sentido de la enmienda que ahora hace un año presentó en pro del pluralismo.

La predeterminación de los fines

La postura triunfante de la ponencia se asentó en bases más filosóficas, a la vista de la intervención del

señor Herrero Tejedor.

"El concepto de "asociación", desde el punto de vista histórico, jurídico o sociológico, no es univoco. Hay

Asociaciones en que la fuerza subjetiva de la voluntad de sus componentes no encuentra limitación, salvo

la de la necesaria licitud de los fines: en ellas, es la voluntad de los asociados la que cuenta y sólo esta

voluntad. En ellas caben como nexos asociativos todas las razones de afinidad o de identificación que

pueden mover la voluntad de sus componentes. Motivaciones ideológicas, políticas, culturales, etcétera.

Pero hay otras asociaciones en que los fines Que persiguen están predeterminados de manera objetiva; en

ellas juega también la voluntad de los componentes, que es el instrumento fundamental para el ejercicio

del derecho natural de asociación que mencionaba el señor Suárez, pero esta voluntad ha de encontrarse

en torno a un fin o a un ámbito de fines objetivamente determinados.

El Fuero del Trabajo, al hablar de las asociaciones sindicales, se coloca en el campo del concepto de la

asociación para fines específicos, que aunque participa de los caracteres generales de las otras

asociaciones, las constrime a la persecución de un fin fijado por la misma norma. Aun aquí caben dos ti-

pos de asociaciones: aquellas en que se fija un ámbito de fines mas o menos amplios y aquellas otras en

las que el fin principal aparece objetivamente determinado sin ningún género de dudas.

Cuando se trata de asociación con fines objetivamente predeterminados—y en este caso la determinación

del fin viene impuesta por una norma de rango constituciona1—. la voluntad de los asociados tiene

necesariamente que coincidir en este punto y no puede dirigirse a otros propósitos diferentes, en este caso

de la defensa de los intereses peculiares."

Un problema de honestidad

Quizá la clavé del problema, por encima de todo tipo de argumentaciones, radique en la cuestión

planteada en el turno de rectificaciones por don Fernando Suárez. Dirigió a la conciencia de los presentes

la siguiente interrogante: "Si de vuestra voluntad dependiera borrar de la declaración XIII del Fuero del

Trabajo la palabra "asociaciones" y sustituirla por "corporaciones" o algo similar, ¿no lo haríais? Si esto

es así, quienes tienen prejuicios a la hora de desarrollarlas seriáis entonces vosotros."

Consumo interior

Pero una cosa parece evidente: que si se habla de asociaciones se hagan—mejor dicho, se dejen hacer—

asociaciones. Y no puede parecer correcto lucrarse superficialmente, y sobre todo de cara al exterior, con

la aceptación de una terminología que posteriormente y para el consumo interior se vacía de contenido.

El señor Escudero Rueda dijo que el posibilismo (término muy empleado en sus obras políticas por uno

de los ponentes, concretamente el señor Iglesias Selgas) sólo cabe en este caso a partir de la aceptación de

la ley en el seno de la empresa. "El planteamiento que aquí se hace es utópico, no se corresponde a una

realidad en la que, por ejemplo, los convenios colectivos se desarrollan con el desconocimiento por parte

de una de las partes contratantes de la realidad económica de la empresa."

"¿Por qué se va a condicionar la vida de las organizaciones encargadas de la defensa de los intereses

profesionales individualizados (Asociaciones), además de hacerlo con las de composición, con las

encargadas de defender los intereses comunes (Sindicatos) ? "

"Para mí—dijo por su parte el señor Zubiaur—este tema de las asociaciones es fundamental. Si yo fuera

del partido comunista discutiría en la calle la ley Sindical, pero desde dentro me aprovecharía del

monolitismo para escalar todos los puestos que en ella se configuran."

Dos legisladores menos

Las discrepancias de ambos procuradores, los señores Escudero y Zubiaur, que a lo largo de las últimas

cinco semanas no han conseguido nada positivo con sus enmiendas e intervenciones, llegaron ayer a un

punto de tensión, al anunciar que se retiraban de la Comisión, renunciando a las enmiendas que les

quedaban por defender. Fueron contestados dolidamente primero y con cierto aire de reproche después

por el presidente, y continuaron en la sala. A partir de hoy ya no estarán.

Federico Ysart

 

< Volver