Asociacionismo político     
 
 ABC.    04/06/1970.  Página: 22. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

ABC. JUEVES 4 DE JUNIO DE 1970.

ASOCIACIONISMO POLÍTICO

Refleja la caricatura del genial Mingóte, que publicamos en este mismo número, ese escepticismo

popular, escepticismo de inercia, que, de algún modo, persiste en la calle ante el anunciado anteproyecto

de normas sobre el asociacionismo. Refleja, decimos, y no puede pedirse otra cosa a un dibujo

humorístico, una opinión popular; más exactamente, una de las opiniones populares. Pero nada más.

Se refiere el chiste a asociaciones tan fantásticas y divertidamente innocuas como las que se formaran

"contra las ventanillas en las oficinas" de "amigos del general Espartero", "pro empresa cristiana sin

exagerar" y otras de la misma burlona. naturaleza. Y se refiere, en cambio, el anteproyecto, sin ambages,

con indiscutible claridad, a asociaciones de acción política en el Movimiento. No asociaciones

recreativas; no asociaciones culturales; no asociaciones benéficas; sino asociaciones de acción política, de

participación política. Asociaciones políticas, en fin, cuya acción, eso sí, discurrirá en el ámbito del

Movimiento y con respeto a sus Principios Fundamentales.

Ahora bien, estos dos requisitos o premisas nada permitan deducir contra su operatividad ni contra su

eficacia. A grandes rasgos, Movimiento equivale, en este supuesto, a orden constitucional establecido, y

Principios Fundamentales, a principios constitucionales. En cualquier país viven los partidos políticos—y

los citamos como contraste extremo y más comúnmente alegado—en idéntica circunstancia: sometidos a

parigual condicionamiento. Desde luego, con una excepción: los partidos comunistas, en los países donde

se admite, que no son todos, la legitimidad de su existencia y pública actuación. Estos, si pretenden, de

acuerdo con su obligada y peculiar lógica política, derrumbar y arrumbar el orden constitucional para

establecer otro en el cual jamás serían ellos combatidos o derrotados. El caso es, mírense las cosas corno

se miren, que el anteproyecto, en su conjunta, ha recibido una acogida favorable, porque es más abierto,

más positivo, más asequible a la formación de asociaciones de acción política de lo que opiniones

generalizadas esperaban. Incluso uno de los requisitos comentados en principio con más grave acento

critico, el número mínimo de diez mil asociados, se contempla ya por las opiniones más ponderadas como

exigencia mínima, como tope que puede, y que quizá seguramente deba ser elevado, en vista de las

experiencias políticas internas; y en vista, también, de las experiencias internacionales de organización

del juego político.

Por supuesto, sólo se trata, hasta ahora, de un anteproyecto que sufrirá en su día, antes de ser ley, las

correcciones O modificaciones que se acuerden en debates a nivel legislativo. Pero ante el texto publicado

repetimos nuestra primera favorable impresión: "Lo importante, social y políticamente, política y

socialmente, es que se ha elaborado y está desde ahora en debate sometido a la opinión pública." Lo

importante es que la necesidad de articular en normas legales el asociacionismo no se ha marginado; no se

ha detenido. Lo importante es que, con buen sentido político, hay probada una voluntad de solución. Que

es, además, en este caso una saludable voluntad de apertura.

El asociacionismo político, exigencia a la par de nuestro tiempo y nuestras disposiciones constitucionales,

si se regula con acierto, como es de esperar, será una palanca decisiva e insustituible para revitalizar, con

legítimas voces políticas de la sociedad, todo el sistema; para reforzar, en suma, los más auténticos

fundamentos del Estado.

El asociacionismo, sin incurrir en las demasías de los viejos partidos, permitirá—a tenor del articulo 3 del

anteproyecto—, "por la expresión de la opinión pública, el análisis crítico de soluciones concretas de

Gobierno y la formulación de medidas y programas orientados al servicio de la comunidad nacional".

Esto bastará para que—según hemos dicho en ocasión anterior—quede aclarada una distinción de enorme

importancia política: la distinción entre la permanencia constitucional y la temporal actuación de un

determinado Gobierno.

 

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