Sin perder el norte     
 
 ABC.    01/10/1975.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

SIN PERDER EL NORTE

Un gran estadista se mide por su capacidad de comprensión y de respuesta a los anhelos de un pueblo.

Sobre todo en los momentos cruciales de su historia.

El pueblo español quiere hoy. en prirnerísimo término, mantener su paz social, su unidad y su

independencia. Pero no quiere, tampoco y de ninguna manera, detener o desacelerar su proceso de ins-

titucionalización democrática y su plena incorporación a Europa. No son objetivos distintos y menos aún

discrepantes.

Precisamente la campaña de agitación antiespañola lo que se propone es dificultar ambos a la vez:

perturbar el orden ciudadano español y separarnos del contexto occidental, al que pertenecemos por

nuestra tradición, historia, cultura v necesidad.

Sería ilógico perder el norte y, por querer reafirmar uno de ambos objetivos, desatender al otro.

Lo prudente, lo exacto y caba!, lo propio de un gran estadista es, consciente de esta realidad, no cejar en el

logro de ambos objetivos a la par.

El Occidente europeo se percatará, tendrá que percatarse, de que las maniobras antiespañolas son

también, y en la misma medida, atentados contra sus más legítimos fundamentos e ideales. Estarnos

seguros de ello. Tardarán más o menos tiempo, pero el sentido político de sus dirigentes más sensatos

acabará por comprender que el fomento p la tolerancia de las actuales manifestaciones hieran en lo más

íntimo el eje fundamental de la Europa democrática: el respeto profundo al derecho de todos ios pueblos

que la integran —España entre ellos— a mantener su orden y su paz.

Por su parte, el español sabe que su destino es el mismo que el del resto de aquellos países que hoy se

integran en el área del mundo libre. Ninguna medida que no sea estrictamente necesaria debe interrumpir la

marcha hacia .una progresiva institucionalización democrática y su correspondiente orden jurídico, ga-

rantizador de la participación ciudadana y representatividad gubernamental. Pero nunca al precio de una

paz conseguida ´ tras largos lustros de esfuerzo común y nacida de una guerra civil que ha de ser la última

que conozca la Historia española.

En momentos como los actuales, el gran estadista debe compatibilizar aquellos dos objetivos. Y el pueblo

debe respaldarle en su andadura con su apoyo firme, con su serenidad probada y con su trabajo

constante.

La capacidad de comprensión y de respuesta a este planteamiento es lo que todos esperamos del

Gobierno. Y no le faltará en su acción nuestro decidido apoyo.

 

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