Autor: Baró Quesada, José. 
   Don Juan Carlos     
 
 ABC.    19/12/1971.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LA SEMANA POLITICA

DON JUAN CARLOS

Hubo, entre otros aconteceres de los últimos días, un Consejo de Ministros que abrió paso al proyecto de ley de Administración Local, un coloquio de López Rodó con los directores de los medios informativos acerca del III Plan de Desarrollo, la apelación personal de Vilá Reyes ante el Tribunal Económico Administrativo Central contra la sentencia del Juzgado Especial de Delitos Monetarios, la adscripción de los procuradores en Cortes a las diversas Comisiones parlamentarías y unos cuantos incidentes de cierta consideración en la Universidad de Madrid. Sin mengua de la importancia de todos y cada uno de los hechos indicados destacó el viaje oficial del Príncipe a Ciudad Real y Almadén. Fue un episodio de suma trascendencia por el multitudinario clamor popular—auténticamente popular—que rodeó a Don Juan Carlos en su desplazamiento al sur de Castilla. Millares de campesinos y obreros testimoniaron a Su Alteza Real, de manera espontánea y cordialísima, su inquebrantable adhesión.

Era lógico. El Príncipe Don Juan Carlos de Borbón, heredero de una larga dinastía de Reyes españoles, es no solamente el sucesor legal del Jefe del Estado, según lo dispuesto por los representantes del pueblo el 22 de julio de 1969 a propuesta de Franco, sino—y esto tiene singular relevancia para nuestro porvenir—un hombre formado rigurosamente desde niño en muy amplias y profundas enseñanzas prácticas y teóricas encaminadas al ejercicio de sus futuros deberes. Y digo deberes y no derechos porque se forjó, ante todo, en el más duro y estricto sentido de la responsabilidad. Educación disciplinada, férrea, que no se improvisa cuando se trata de tan alta y difícil misión. Aprendizaje militar y civil muy especial y personal del noble oficio de Rey.

A lo que hay que añadir—todos lo saben—su tacto, tu prudencia, su inteligencia, su patriotismo, su cordialidad, su sencillez, su ancha humanidad, tu intenso trabajo cotidiano, su acendrada fe religiosa, su vida honesta y austera, tu hogar, que es ejemplo de cristianas y españolísimas virtudes. El Palacio de la Zarzuela, con Don Juan Carlos y Doña Sofía y los Infantes Elena, Cristina y Felipe, refleja lo más depurado y digno del ambiente familiar español. Ese ambiente católico que no ha podido extinguir ninguna innovación materialista en nuestro suelo.

Los mineros y labriegos de Almadén, como tantos otros trabajadores de España, vieron eso y más en el Príncipe. Por ello vitorearon su nombre y estrecharon su mano. Expresaban así el respeto a la Ley, el acatamiento a la voluntad de Franco, la adhesión al sucesor, la confianza en la Monarquía, el amor a la Patria.

Don Juan Carlos ha vivido una vez más unos días en olor de multitud.—José BARO QUESADA.

 

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