Autor: Cortés-Cavanillas, Julián (ARGOS). 
 ABC en Lausanne. 
 La Familia Real asistió a la ceremonia religiosa celebrada por el alma de la Reina Victoria Eugenia  :   
 Ante la tumba donde reposan sus restos se rezó un responso. 
 ABC.    16/04/1970.  Página: 19. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LA FAMILIA REAL ASISTIO A LA CEREMONIA RELIGIOSA CELEBRADA POR EL ALMA DE LA REINA VICTORIA EUGENIA

Ante la tumba donde reposan sus restos se rezó un responso

Lausanne 15. (Crónica de nuestro enriado especial.) Hace un año que murió, dulcemente, después de una larga vida, más dolorosa que gozosa, en su melancólico destierro de Lausanne, 1a Reina Victoria Eugenia de España, la Reina viuda de Alfonso XIII, la Reina madre de Don Juan, la Reina abuela de Don Juan Carlos. Hace ya un año que sucumbió, a los treinta y ocho de aquel funesto 14 de abril de 1931 en que

tuvo que abandonar la tierra donde no había nacido, pero que era entrañablemente suya: la tierra de un pueblo en que fue Soberana y símbolo de constante acción benéfica y caritativa, en exclusivo servicio personal de los enfermos y de las gentes humildes. En éste primer aniversario han evocado, con la mente y el corazón en alto, a 1a gran Señora, con una sencilla misa por su alma, unos grupos de españoles de distintos estamentos sociales, que no olvidan al Rey de España, que fue consuelo de Europa en el inmenso dolor de la primera gran guerra y que duerme su sueño eterno en Roma, ni tampoco olvidan al hijo que ha vivido y vive ofreciendo silenciosamente, en años difíciles, un abnegado ejemplo de sacrificio y de servicio por España, fuera de la heredad añorada de sus mayores.

En la que fue su parroquia en Lausanne por tantos años melancólicos, rebosante de españoles y de amigos íntimos, se ha rezado por 1a Reina buena y bellísima, esta mañana soleada y suave de primavera. Sin protocolo y casi con la Familia Real en pleno, se ha desenvuelto, en un místico ambiente de recogimiento, la sencilla ceremonia religiosa. En la cabecera de los bancos desnudos, Don Juan y Doña María, Don Jaime, Doña Beatriz, Doña María Cristina, Don Juan Carlos, Doña Sofía, Doña Pilar, Don Alfonso, Don Gonzalo, Don Alfonso de Orleáns, Don Ataúlfo, Don Alejandro y Don Marino Torlonia, todas las nietas restantes de la Reina con sus maridos, las cuatro fidelísimas damas que asistieron a Doña Victoria Eugenia hasta el último suspiro—Angustias Rulseñada, Beatriz Aguilar, Pepita Santos Suárez y Mercedes Somosancho—y um larga teoría de nombres ilustres y de otros más sencillos y tan honorables.

Con presencia relevante se hallaban en el templo los duques de Ancona y Pérgamo, en representación de la Casa de Saboya; el embajador de España en Suiza y señora de Alcover, el jefe de la Casa de Don Juan, duque de Alburqnerque; el de la Reina difunta, duque de Alba, y el de la del Príncipe, marques de Mondéjar. También había algunos trabajadores españoles que quisieron, espontáneamente, reiterar el testimonio de cariño que se manifestó el pasado año, en gran número, al morir la Reina y en la ceremonia de su entierro. No había, en cambio, hombres políticos, sino españoles y amigos, devotos de la Familia Real y de quien, a su cabeza, encarna la dinastía y la honra con una lección de dignidad permanente.

Terminada la misa, cuantos a ella asistieron se trasladaron al risueño y florido cementerio de Lausanne.

Ante la tumba en tierra de Doña Victoria, con una sola cruz pétrea delante y una sencilla inscripción, se rezó un responso y esparcieron el agua bendita, tras la bendicion del sacerdote, Don Juan, Doña María, Doña Beatriz y Doña Cristina. En torno a la tumba, muchas coronas de flores, y sobre ella un pequeño jardín de violetas, de pensamientos, de rosas y de jacintos. Allí seguirán reposando los restos de la que fue la más bella Reina de Europa en este siglo XX, hasta que Dios disponga sean acogidos por España, junto con los de su esposo el Rey inolvidable, en el regio panteón de El Escorial. Julián CORTES-CAVANILLAS.

 

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