Señor Silva Muñoz. 
 "Hay que terminar con los ajustes de cuentas entre la clase política"     
 
 Informaciones.    06/05/1975.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

SEÑOR SILVA MUÑOZ:

«HAY QUE TERMINAR CON LOS AJUSTES DE CUENTAS ENTRE LA CLASE POLÍTICA»

MADRID, 6, (INFORMACIONES.)—«De las nuevas posiciones sobre la Democracia Cristiana

comparto una buena parte de sus puntos de vista, no me seduce una nomenclatura prestada a la confusión

y pienso que lo importante es la inspiración política de unas ideas básicas de la ética cristiana, como la

inviolabilidad de la vida humana y el respeto a la personalidad. Mas si a pesar de todo queremos seguir

hablando de democracia cristiana, para entendernos, como término hábil del léxico político, aceptemos

los hechos como son » Esto dijo ayer tarde don Federico Silva, ex ministro y principal promotor de la U.

D. E. (Unión Democrática Española) en la conferencia que pronunció en el Coléalo Mayor Pío XII, bajo

el título «Ayer y hoy de Ángel Herrera»

Durante toda su disertación política fue de la mano del cardenal Herrera Oria, para quien —dijo— "la

reforma, constitucional es algo natural".

"He callado durante algún tiempo —comenzó diciendo—, consciente de que una democracia no se

improvisa, y formar una asociación, como formar un partido, es empresa colectiva, lenta y complejísima

de tejido de muchas voluntades, de pactos y de extraordinaria paciencia, incompatible con alharacas,

estrépitos o precipitaciones: callé, por no desorientar a la opinión pública, confirmaciones o desmentidos,

que de todo pudiera haber habido, contribuyendo a una zarabanda desinformativa; y, en fin, por respeto a

los medios de información y a quienes en el país tuvieran interés por conocer verazmente lo que no se

podía explicar, porque no pasaban de ser intentos o proyectos, rectificables siempre, y a veces puramente

imaginativos, aunque estuvieran llenos de buena voluntad por parte de muchos. Siento poca atracción por

los rumores de la fronda y repulsión por una imagen de protagonismo de mi persona.

Yo afirmo que un viento sincero de fe profunda en España, de moderación condenatoria de todo

radicalismo, de seguridad para el trabajo y la convivencia, que haga posible la paz de los espíritus y la

promoción de nuestro progreso económico, moverá esas aguas y será a la vez la mejor garantía frente a

los que quieren destruir sin mas horizonte que la utopía, u ofrecen la imagen falsa de una nueva sociedad

fabricada a gusto y medida de sus execrables instintos de poder.

De ahí nace la segunda parte de la afirmación herreriana: la condena de la anarquía política. Hay que

terminar de una vez con los ajustes de cuentas entre la clase política, con el revanchismo, con la altanería

del que se pacifiquen ellos», con la idea de que el poder político es un botín a disputar entre unos pocos, y

con las radicalizaciones y la violencia como instrumento.

REFORMA CONSTITUCIONAL

La reforma constitucional —siguió diciendo— es para Herrera algo natural. Si la Constitución real, lo

sociológicamente vivo ha cambiado, más necesario es aún procurar ajustar la vida nacional a la

Constitución escrita y aplicada, entre otras razones, porque sólo así podrá saberse si la Constitución vale o

no vale, si se aparta o no de la Constitución real, si ofrece o no dificultades insalvables de aplicación.

CIUDADANÍA

Pero la gran lección de Ángel Herrera es la apelación constante a la ciudadanía, ¡Fuera temores si estamos

dispuestos a actuar unidos, si sabemos organizamos, si esa poderosa corriente de pensamiento que

califican muchos de derechas, es capaz de desencadenar una acción digna de su tradición, de a la altura de

sus convicciones y de lo plausible de los móviles que deben inspirarla! ¡Basta de preocupaciones,

susurros y suposiciones al estamos decididos a salir a la palestra para un contraste de política civilizada,

pero bien entendido que solo así podemos exigir la «civilización» para todos! ¡Basta de inhibiciones que

solo sirven para adormecer en la confianza a quienes serían victimas de su propia pasividad! y todo ello

sin activismo ni desgarros, tenazmente, seriamente, firmemente. Serenidad, mesura y sentido de la

responsabilidad, integrándonos todas las fuerzas y todos los hombres de buena voluntad cuyo común

denominador sea España, la seguridad de su futuro y la fidelidad a su profundo y verdadero destino

histórico»

 

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