Autor: Mendo Baos, Carlos. 
 Con honores de Jefe de Estado. 
 Calurosa bienvenida oficial a los Príncipes en Estados Unidos  :   
 "Somos socios en la defensa y en el progreso económico", dijo el Presidente Nixon. 
 ABC.    27/01/1971.  Página: 15, 17. Páginas: 2. Párrafos: 38. 

CON HONORES DE JEFE DE ESTADO

CALUROSA BIENVENIDA OFICIAL A LOS PRINCIPES EN ESTADOS UNIDOS

«SOMOS SOCIOS EN LA DEFENSA Y EN EL PROGRESO ECONOMICO», DIJO EL PRESIDENTE NIXON

«España quiere vivir en estrecha cooperación con todos los países, respetando las ideas y peculiaridades de cada uno, pero conociéndonos para comprendernos mejor», respondió Don Juan Carlos

S. A. R. TRANSMITIÓ AL PRIMER MANDATARIO NORTEAMERICANO UN SALUDO Y UN MENSAJE PERSONAL DEL GENERALÍSIMO FRANCO

Washington 26. (Crónica de nuestro jefe de Información, enviado especial, por télex.) En una ceremonia llena de colorido y vistosidad, Richard y Patricia Nixon han dado la bienvenida oficial en los Estados Unidos a los Príncipes Don Juan Carlos y Doña Sofía.

Los Príncipes, que llegaron ayer a Baltimore en vuelo especial desde Madrid, pernoctaron en la Academia Naval de Annapolis, en el vecino Estado de Maryland cómo huéspedes del director de la Academia, almirante Calvert. El estricto protocolo norteamericano establece que los invitados presidenciales deben empezar sus visitas al primer mandatario por la mañana. De ahí que la visita oficial, que durará seis días, no haya dado comienzo hasta hoy.

La Casa Blanca, en un claro gesto de correspondencia a las atenciones que el Gobierno y el pueblo español tuvieron con el matrimonio Nixon durante su viaje a Madrid, se ha volcado materialmente con los Príncipes, a los que se han tributado honores de jefe de Estado.

Don Juan Carlos y Doña Sofía llegaron en helicóptero especial de la Infantería de Marina desde Annápolis al parque que rodea el recinto posterior de la Casa Blanca. Desde allí, en un automóvil con los colores nacionales de España y Estados unidos, dieron la vuelta al edificio para detenerse ante la fachada principal, donde eran esperados por el presidente y la señora Nixon.

El espectáculo era impresionante. Desplegados en el gran jardín de la Casa Blanca estaba una representación de cada uno de los servicios armados del país. Ejército— —primer batallón del III Regimiento de Infantería de Fort Myer (Virginia)—, Infantería de Marina—compañía de honor del Distrito de Columbia—, Marina—guardia de honor del Distrito Federal—, Fuerza Aérea—guardia de honor de la base aérea de Bolling—, Servicio de Guardacostas y guardia de honor de Alexandría (Virginia). Los tres Ejércitos habían enviado asimismo sus bandas de honor.

A ambos lados del pódium presidencial se encontraban los miembros de la representación diplomática española y sus familias, y la tribuna de Prensa. Detrás formaba impecablemente la guardia de honor de la Casa Blanca.

El tiempo era frío, pero poco antes de la llegada dé los Príncipes empezó a asomar tímidamente el sol.

Cuando se detuvo, el automóvil que conducía a la pareja, sonaron los diecinueve cañonazos de ordenanza.

Después de saludar a Don Juan Carlos y Doña Sofía con un cordial «Welcome to the United States», el presidente presentó a la pareja a la esposa del secretario de Estado William Rogers, al decano del Cuerpo diplomático, embajador Sevilla-Sacasa, de Nicaragua, y al resto de las personalidades presentes.

Inmediatamente después, el presidente y el Príncipe subieron al pódium para escuchar los himnos nacionales de España y Estados Unidos, mientras Doña Sofía y la señora Nixon esperaban a su derecha.

Nixon improvisó, a continuación, un discurso lleno de afecto y cariño hacia nuestro país, así como para los Príncipes. Dijo:

«Altezas: Les doy la bienvenida en nombre de todo el pueblo de los Estados Unidos a nuestro país y a la capital de la nación. Esta, bienvenida no sólo es oficial, sino también personal.

Hablando oficialmente en nombre del pueblo de los Estados Unidos, debo recordar la gran deuda que tenemos con aquellos valientes exploradores españoles que llegaron al Nuevo Mundo hace muchos siglos.

Y en este sentido nos acordamos de la herencia que tenemos y que debemos a la gente de habla hispana de nuestro país. Recordamos el hecho, por ejemplo, que en estos momentos, inmediatamente después del inglés, los americanos hablan más español que cualquier otro idioma. El español es nuestro segundo idioma.

También pensamos en el presente. En el hecho de que somos socios en la defensa y que somos también socios en el progreso en nuestras políticas económicas; socios en el progreso de la economía—con el mayor índice de crecimiento de todas las naciones de Europa—de su país.

Y también pensamos en el futuro, en la vibración y en la fuerza representada por la gente joven de vuestro país, del que Vuestra Alteza y la Princesa son representantes tan distinguidos.

Y personalmente debo decir que la señora Nixon y yo nunca olvidaremos la bienvenida que recibimos del pueblo español en Madrid hace sólo unos meses.

Permitidme que os dé una bienvenida tan calurosa como aquélla a nuestro país, y espérenos que los pocos días que permanezcáis aquí sean tan memorables para Vuestras Altezas como nuestra estancia en vuestro país fue para nosotros.»

El Príncipe leyó su contestación en español, con voz clara, firme y pausada. Debo aclarar que Su Alteza, cuyo inglés es perfecto, utilizó nuestro idioma, ya que es tradicional que los visitantes extranjeros hagan uso de su lengua nativa en la contestación oficial al presidente norteamericano; contestación que luego es traducida ante los micrófonos por un intérprete oficial de la Casa Blanca. Sus palabras fueron las siguientes:

«ESTE VIAJE CONTRIBUIRÁ A AUMENTAR NUESTRO TRABAJO EN COMÚN, QUE ES LA BASE PARA EL DESARROLLO DE LOS PUEBLOS»

«Señor presidente:

Es éste el cuarto viaje que realizo a los Estados Unidos. Para un español es una emoción siempre nueva la llegada a este continente, al que mi país ha entregado lo mejor de sí mismo, su cultura, su fe, su sangre y sus ideales, todo lo cual, transformado y vitalizado por la personalidad propia de los diferentes países, ha contribuido a formar la realidad americana de hoy.

Durante mis anteriores visitas, adquirimos un conocimiento directo y personal del pueblo de los Estados Unidos. Así supimos de su simpatía y generosidad, su fe inquebrantable en sus instituciones, su capacidad de organización, su talento para movilizar los recursos humanos y naturales; en suma, todos aquellos ingredientes y características que dan como resultado vuestra gran nación.

Pero la visita que hoy la Princesa y yo iniciamos tiene una nueva y más profunda significación. Es la primera que como sucesor y futuro Rey de España realizamos a Estados Unidos con carácter oficial, invitados personalmente por Vuestra Excelencia.

España, por su historia, y por unos ideales comunes de progreso y convivencia, está muy vinculada a los Estados Unidos y a toda América.

Hoy las naciones no pueden vivir aisladas. Una problemática en muchos aspectos universal influye en nuestro mundo. España quiere vivir en estrecha cooperación con todos los países, respetando las ideas y peculiaridades de cada Estado, pero conociéndonos para comprendernos mejor. A este deseo de colaboración para favorecer el progreso de nuestras naciones obedece la firma de los recientes Tratados.

En muchas zonas del planeta se clama por la resolución de graves problemas materiales, pero el mundo de hoy padece, además, otras necesidades urgentes de satisfacer. Quiere libertad, que, para ser auténtica, debe ser responsable y basarse en la paz y la cultura, y exige también la atención a nuevas cuestiones, que una época en constante evolución plantea.

El pueblo español valora los esfuerzos y sacrificios del pueblo americano al servicio de la paz. Tened la seguridad de que los españoles mantenemos esos mismos ideales y vamos hacia ellos sin más condicionamiento que nuestra propia manera de ser y la necesidad de proseguir nuestro desarrollo económico para alcanzar cada vez mayor bienestar social y un progreso político de acuerdo con nuestra experiencia y nuestra historia.

Señor presidente: el Generalísimo Franco me ha encargado le transmita sus más sinceros sentimientos de particular afecto y su mayor consideración, y me ha pedido que sea portador de una carta suya. Ambos encargos los cumplo con mucho agrado.

Este viaje, como el de Vuestra Excelencia a Madrid, hace unos meses de tan grato recuerdo para todos, así como las entrevistas que aquí vamos a mantener y visitas que hemos de realizar, contribuirá a aumentar nuestro trabajo en común, que es la base para el desarrollo de los pueblos.

La Princesa y yo agradecemos, señor presidente, vuestra invitación y esta cordial acogida que nos dispensa en unión de su esposa.»

Terminada la ceremonia, el presidente invitó a los Príncipes a pasar al interior de la Gasa Blanca en compañía de sus respectivos séquitos. Después de posar para los fotógrafos y las cadenas de televisión, Nixon expresó el deseo de conocer a los periodistas españoles que hacemos la información del viaje. El propio Príncipe nos presentó al primer mandatario norteamericano, quien preguntó si había algún periodista de La Coruña, ciudad de donde es natural su ayuda de cámara, Manolo Sánchez.

A continuación, el presidente Nixon y el Príncipe mantuvieron una conversación a puerta cerrada, a la que sólo asistieron los embajadores norteamericano en Madrid, Robert Hill, y español en Washington, Jaime Argüelles. El resto de la comitiva tomó café con la Princesa Sofía y la señora Nixon, en el Salón Azul de la Casa Blanca.

A la una de la tarde, hora local, el secretario de Estado, William Rogers, ofrece un almuerzo a los Príncipes, al que han sido invitadas ciento cincuenta personalidades, entre miembros del Gobierno, altos dignatarios, Cuerpo diplomático, etc.

El apretado programa de hoy incluye una recepción en la Embajada de España y una cena de gala en la Casa Blanca. Durante su estancia en Washington, los Príncipes se alojarán en la Blair House, equivalente de nuestro palacio de la Moncloa.

No quiero terminar esta crónica sin aludir a la excelente impresión que los Príncipes causaron ayer a los cuatro mil cadetes de la Academia de Annapolis, que tributaron a la pareja una gran ovación cuando Don Juan Carlos y Doña Sofía visitaron el comedor del recinto donde se encontraban cenando. El Príncipe improvisó unas palabras, llenas de humor y de sentido humano, acogidas con una interminable salva de aplausos por parte de los cadetes puestos en pie.

La entrevista entre el Príncipe Don Juan Carlos y el presidente Nixon duró exactamente una hora y quince minutos, según nos ha manifestado un portavoz de la Casa Blanca.

El secretario de Prensa, Ronald Ziegler, declaró a los periodistas, mientras el presidente y el Príncipe estaban reunidos, que no existían problemas entre España y Estados Unidos. Añadió que se trataría principalmente en las conversaciones de los problemas económicos y de otros proyectos, tales como programas de educación, científicos y agrícolas.

A este respecto, conviene recordar que el Príncipe tiene prevista para mañana una entrevista con el secretario de Salud, Educación y Bienestar, Elliot Richardson, que desempeña una de las carteras claves en ese país. El H. E. W, siglas del Ministerio, emplea sólo en Washington a más de sesenta mil personas.

En el séquito del Príncipe figura el subsecretario de Educación y Ciencia, don Ricardo Diez Hochtleitner, quien, sin duda, aprovechará su estancia en la capital federal para concretar en qué va a consistir específicamente la ayuda norteamericana a España en el campo de la educación, tema de profundo interés para los españoles y que todavía no parece haber sido concretado. Carlos MENDO.

 

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