Significación de un viaje     
 
 ABC.    27/01/1971.  Página: 16. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

SIGNIFICACION DE UN VIAJE

La visita del Príncipe a Estados Unidos no puede dejar de registrarse en lo que tiene a la vez de valor significativo y simbólico. Porque ante todo quiere decir que el Príncipe se halla ya en condiciones de plenitud política para ostentar la representación de nuestro país en su proyección exterior y en sus contactos de diálogo y amistad con las demás potencias. Persia y Francia constituyen las primeras etapas de esos contactos internacionales en los que se va perfilando la personalidad del futuro Rey de España.

Los Príncipes son ya huéspedes de honor del presidente Nixon. No son éstos, sin embargo, los primeros contactos de la Familia Real española con los Estados Unidos. Recordemos varios viajes de amistad, realizados por Don Juan de Borbón a la gran nación norteamericana, desde el primero, recién casado, en 1935, hasta el efectuado el año pasado, sin olvidar la travesía atlántica realizada a bordo del «Saltillo» en 1958, desde Estoril hasta la costa de Virginia. Estos viajes del Conde de Barcelona—y sus entrevistas con tres presidentes de la Unión—han contribuido dé manera innegable a consolidar la amistad entre los dos pueblos y a proyectar, al otro lado del océano, en momentos difíciles, la verdadera imagen de España.

Hoy más que nunca es de justicia reconocerlo así.

El Príncipe es un símbolo del porvenir de España. Todo en él descubre un talante de hombre moderno:

simpatía, sencillez, conocimiento de las realidades del país, cualidades que, por otra parte, tienen en su egregia familia ascendiente de la mejor ejecutoria. Pero, además, Don Juan Carlos ha sabido hacer suyo ese estilo castrense de la vida que las Academias militares enseñan educando en su sobria austeridad el espíritu de sus caballeros cadetes. El Príncipe es alumno distinguido de las tres Armas. Y en su formación gravita ese sentido de servicio a la Patria que constituye hoy la mejor característica del espíritu de nuestro Ejército. Es decir, el futuro Monarca de España es ante todo un soldado templado en lealtades y abnegaciones castrenses, y que lleva además en sus venas la sangre de muchas generaciones que han consagrado su vida a los penosos sacrificios que impone la realeza. Todo ello hace de él una figura excepcionalmente dotada para llegar un día a personalizar la Monarquía de la que sus antepasados fueron titulares y a la que él llega tras una formación en la que juega no sólo el sentido de la disciplina y del honor como corresponde a un militar, sino el adiestramiento en las más arduas tareas de la política y de la Administración.

Este es el joven Príncipe que hoy simboliza a nuestra nación en Estados Unidos. Pero su viaje no es puramente protocolario ni su carácter representativo se ciñe a lo estrictamente formal. Don Juan Carlos va a entrevistarse con el presidente Nixon, con el secretario William Rogers, con el senador Fulbright y con una serie de personalidades del Gobierno y del Congreso, en reuniones y almuerzos oficiales. En Oak Ridge visitará unas instalaciones de uranio; en San Diego, la base naval, y en Cabo Kennedy, la base de lanzamiento del «Apolo XIV». Estados Unidos dialogará así con la España de hoy y de mañana. Con la que tiene asegurada su continuidad, porque su futuro no aparece sometido a contingencias ni veleidades del azar, sino encauzado constitucionalmente hacia la estabilidad que representa el régimen monárquico.

España está hoy presente en la juventud, en el dinamismo y en la cordialidad de su Príncipe, pero también en la capacidad, en la discreción, en la experiencia de quien sabe que un día tendrá que poner en juego todas sus virtudes personales y políticas para cumplir con dignidad el sino marcado por la Historia.

Porque no son fáciles estos contactos internacionales en los que lo personal de las figuras queda superado por la importancia nacional que ellas significan. Y en verdad que con ocasión de otros viajes de esta índole, el Príncipe ha sabido dar pruebas ejemplares de su talento, de su prudencia, de su conocimiento y competencia, tanto en asuntos de política interna como en materia internacional.

La significación de este viaje no se acota en el horizonte de unas horas o de unos días. El eco de su importancia se proyecta en el futuro de las relaciones de España con Estados que hoy confirman en el más alto nivel su voluntad de colaboración en las tareas de la paz mundial y en el progreso de los respectivos pueblos. Se trata, en último término, de confirmar que una nación se cuida de asegurar las bases de su permanencia política hacia el mañana. Porque hacer lo contrario—como diría Ortega—equivaldría al más triste paradigma de la barbarie.

 

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