Autor: Baró Quesada, José. 
   Don Juan Carlos y Doña Sofía, en América     
 
 ABC.    31/01/1971.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

LA SEMANA POLITICA

DON JUAN CARLOS Y DOÑA SOFIA, EN AMERICA

Sin excesivo interés, en razón del tiempo y de los monótonos y lacónicos comunicados oficia, sencía de las asociales (amén de la auciones políticas, vitales para el futuro inmediato de España, en la agenda del próximo Pleno), transcurrió durante la semana todo lo relativo al Consejo Nacional. Las reuniones de su Comisión Permanente no centraron, como en otras ocasiones, la atención de la opinión pública; sí acaso la de una minoría de observadores políticos. La sesión plenaria en ciernes se ha desinflado anticipadamente por la carencia de asunto tan primordial, esencial, en el orden del día. Es lógico. El Consejo Nacional va a abordar—¿a puerta abierta?—unos problemas ya superados en gran parte.

Problemas que tenían máxima vigencia en diciembre, antes de la suspensión del Fuero de los Españoles, cuando el proceso de Burgos y sus derivaciones mantenían la tensión. Ahora ha decrecido todo. Y lo que importa al país es la plenitud del desarrollo de la Ley Orgánica del Estado, expresión de la voluntad popular en abrumador referéndum. Las asociaciones, tan dilatadas, cuando no silenciadas, son la clave de la ilusión o el desencanto del país.

Más interesante, de momento al menos, es el dictamen del proyecto de ley Sindical por la Comisión de Leyes Fundamentales de las Cortes. Los debates, muy polémicos, presididos inteligentemente por el presidente del Consejo de Estado y de esa Comisión, don Joaquín Bau, concluyeron antes de lo previsto.

Fue una larga y dura tarea parlamentaria que adquirió en algunas sesiones singular relieve. Su terminación abre perspectivas y posibilidades nacionales de carácter político extraparlamentario. Para encararlas, sí se hace, era precisa la previa liquidación de ese capítulo un tanto espinoso de la política española.

Lo más importante de la semana fue el viaje oficial de los Príncipes a los Estados Unidos. La presencia de Don Juan Carlos y Doña Sofía en Washington suscitó primero la curiosidad; luego, la simpatía; por último, la admiración. Y con ella la certidumbre de una España joven, renovada, confiada en el futuro.

América, representada allí no sólo por el país anfitrión, sino también por la Organización de Estados Americanos, que son los pueblos de nues-tra estirpe, entabló dialogo abierto, cordialísimo, con los futuros Reyes de España. Visita histórica, de indudable trascendencia, en la que puso sus ojos y sus oídos la opinión mundial. — José BARO QUESADA.

 

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