Autor: Mendo Baos, Carlos. 
   El viaje del Príncipe     
 
 ABC.    03/02/1971.  Página: 15. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

EL VIAJE DEL PRINCIPE

El Principe Don Juan Carlos acaba de realizar su primer gran viaje político al exterior como sucesor a título de Rey en la Jefatura del Estado. El viaje, en mi opinión, tenía dos objetivos principales: de una parte, renacer la imagen de España en el extranjero, tras el proceso de Burgos; de otra, demostrar a la primera potencia del mundo que el régimen tenía resuelto el problema de la sucesión del Jefe del Estado al contar con un príncipe joven, moderno, capaz de asegurar una transmisión de poderes ordenada y sin traumas.

Los dos objetivos se han alcanzado plenamente. En cuanto al primero, se puede afirmar sin lugar a dudas que España nunca tuyo tan buena Prensa en los medios de difusión norteamericanos. Diarios, radios y televisoras dieron cumplida información de la llegada del Príncipe y de su personal «status» en la política española con un gran respeto hacia las instituciones de nuestro país. Nunca se escribió con recelo, como en ocasiones anteriores; nunca se habló del proceso de Burgos, ni se hizo referencia a nuestra guerra civil, cosa habitual en los editorialistas norteamericanos.

El Príncipe, con su juventud, su naturalidad y su preparación, jugó un papel principalísimo en el feliz logro de los dos objetivos. Quiero proclamarlo aquí porque es la verdad. No era fácil salir airosamente de unas entrevistas al más alto nivel en la Casa Blanca y en el Departamento de Estado. Y Don Juan Carlos salió. Periodistas que hacen información en la Casa Blanca me aseguraron que pocas veces habían visto a Richard Nixon tan contento en los últimos tiempos. Tenía razón el presidente norteamericano al afirmar que Don Juan Carlos representaba «la vibración y la fuerza de la España moderna».

Tampoco era fácil, y no sólo por los personajes sino por la susceptibilidad de la Casa Blanca, lidiar un almuerzo con el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, presidido por el poderoso senador demócrata por Arkansas William Fulbright, uno de las «betes noir» de la Administración republicana. Y el Príncipe se ganó, con su habilidad y su «gambeteo» magistral de las preguntas de los senadores, a todos los miembros de un Comité cuyas críticas a los acuerdos hispano-norteamericanos son bien notorias.

Éxito personalísimo del Príncipe la visita realizada a la sede de la Organización de Estados Americanos, que dio comienza con ciertos recelos por parte de algunos de los ministros de Asuntos Exteriores que asistían aquel día a la conferencia continental sobre terrorismo y terminó, gracias a Don Juan Carlos, en apoteosis hispánica. Los ministros y embajadores presentes, con la sola ausencia del canciller mejicano, se disputaban el honor de fotografiarse con el Príncipe, de tomar una copa de champaña con él y de invitarle a sus respectivos países. El decano del Cuerpo Diplomático en Washington, embajador Sevilla-Sacasa, de Nicaragua, me comentaba en el baile de gala ofrecido por el embajador de España ese mismo día, que consideraba de «gran trascendencia» para las relaciones futuras entre Iberoamérica y nuestra patria la visita de Don Juan Carlos a la O. E. A.

Hay que resaltar, asimismo, la presencia del Príncipe en el lanzamiento del «Apolo XIV» en Cabo Kennedy, donde fue acogido con cordialidad extrema, no sólo por parte de su anfitrión, el vicepresidente Spiro Agnew, sino por parte de los invitados presidenciales y los técnicos de la N. A. S. A. que asistían a la ceremonia. La presencia de los Príncipes fue registrada por millones de televidentes gracias a la conexión en directo ofrecida por Mundovisión.

Estoy seguro de que el Príncipe habrá sacado también lecciones provechosas de este viaje á un país, con un sistema político tan distinto al nuestro. Quizá la más interesante de todas haya sido comprobar la clarísima distinción de funciones entre el Ejecutivo y el Legislativo. Cómo éste último actúa de verdadero «watchdog» o cancerbero de las decisiones del primero, haciendo realidad todos los días la gran aspiración de Abraham Lincoln de contar con «un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo».

El Príncipe ha entendido esos principios y esa separación de funciones vigentes en los Estados Unidos y se ha esforzado por explicar a las diversas personalidades con las que se ha entrevistado que el papel de futuro Rey de España será semejante al de un «arbitro» entre las diversas tendencias o facciones políticas existentes en esos momentos en el país. Ha dado a entender que su papel será semejante al de los Monarcas constitucionales existentes en Europa. Sin embargo, esto requeriría algunos retoques, ya que la figura del futuro Rey, tal y como está configurada en la actualidad, es más ejecutiva que otra cosa.

En resumen, «viaje fructífero» en palabras del propio Príncipe, en el que ambos partes han sacado enseñanzas provechosas, y en el que se na puesto de manifiesto el patriotismo de Don Juan Carlos, cuya máxima ambición es servir, por encima de todo, a la unidad de todos los españoles.—Carlos MENDO.

 

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