"Quiero ser, en su día, un rey de nuestro tiempo"  :   
 "Nunca seré yo dique que contenga, sino cauce por el que poder discurrir ordenadamente". Discurso del Príncipe en el Colegio Mayor Antonio Rivera. 
 ABC.    13/03/1971.  Página: 39. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

"QUIERO SER, EN SU DIA, UN REY DE NUESTRO TIEMPO"

«Nunca seré yo dique que contenga, sino cauce por el que poder discurrir ordenadamente»

DISCURSO DEL PRINCIPE EN EL COLEGIO MAYOR ANTONIO RIVERA

El Principe Don Juan Carlos ha presidido la imposición de becas a, los colegiales del Colegio Mayor Antonio Rivera. Le acompañaban la Princesa Doña Sofía, el ministro de Educación y Ciencia y el subsecretario del mismo Departamento, y el presidente del Patronato del Colegio, don Blas Piñar.

El Príncipe impuso las becas y recibió de manos del ministro la de colegial de honor.

A continuación, tras la lectura de los premios literarios «Antonio Rivera>, pronunció un discurso don Blas Piñar, que, entre otras cosas, dijo que «cuando se hace de la injusticia un banderín de combate, porque la máxima injusticia es que estos centros se conviertan en centros de la subversión, nos colocamos en primera línea y arrancamos el banderín, porque no hay mayor injusticia que la que se infiere a la Patria y al pueblo cuando se despilfarran por quienquiera—profesores o alumnos—y bajo instigaciones de procedencia diferente todo cuanto pudo haberse invertido de la escasa renta nacional en atenciones urgentes. En tanto que esta injusticia mayor contra la Patria y el pueblo no se supere, las otras injusticias no son mas que la máscara hipócrita de los que aspiran a desunir al pueblo y a desmembrar la Patria».

Seguidamente se dirigió al Príncipe para recordar que había afirmado compartir las inquietudes y los nobles anhelos de la juventud española. «No en balde el Jefe del Estado quiso que los avatares de la política no le arrancaran sus raíces, despersonalizándole o europeizándole. Por eso aquí se formó y educó y encontró la mejor escuela para cumplir los altos deberes que la providencia le señala.»

«Vuestro juramento—dijo finalmente— os abrió las puertas de la sucesión a la Jefatura del Estado, pero a la vez el respeto en unos casos y la adhesión en otros de muchos españoles que de ese juramento, hacían depender la suya y con ella el ofrecimiento y la colaboración a la gran tarea de la continuidad y de la evolución homogénea de un régimen alumbrado por la victoria con alas: las de la tradición y la revolución nacional.»

DISCURSO DEL PRINCIPE

Cerró la sesión el Príncipe, quien dijo: «Todos sabéis cómo me siento unido a los jóvenes españoles en sus ambiciones y proyectos: cuánto confío en una juventud auténtica consigo misma y que ante su preocupación por las cosas de España, y el deseo de alcanzar una sociedad más justa, no se refugie en la critica, sino en su capacidad de entrega y sacrificio, que no aspira al privilegio, sino al trabajo.

Hoy el mundo parece haber puesto de moda la reivindicación de derechos. Pero solo reclamando derechos—por muy irrenunciables que sean—no se conseguirá la justicia social y la adecuada convivencia. Todos sabemos que no sólo hay derechos, que también hay deberes: que no sólo hay exigencias, sino que también hay virtudes y sacrificios. Y, por tanto, la consecución del bienestar individual y social en un contorno de justicia, orden y libertad, exige el cumplimiento de un amplio repertorio de deberes individuales y sociales, sin los cuales resultaría utópico todo sistema de organización social»

Para los jóvenes, cualquier hora de la patria es siempre importante. Porque significa el comienzo de su participación en la convivencia social, y por ello, en el futuro que un día ha de ser de su exclusiva competencia. No perdamos nuestro tiempo y estad preparados, con vuestra propia disciplina, con vuestro esfuerzo, con la cultura que es hoy vuestro oficio, con los talentos de que disponéis, el primero de los cuales es precisamente el vigor generoso de estos años. Hago hincapié en la cultura y educación qué es uno de nuestros problemas principales y estoy cierto que también será el más rentable.

El entusiasmo no debe generar vagas y difusas ilusiones, sino concretarse en claros y explícitos objetivos.

Estos no son otros que tratar de alcanzar con nuestro esfuerzo cotidiano un mayor equilibrio moral, una creciente capacidad de convivencia y un acelerado progreso, sin ruptura. Con generosa comprensión hacia el pasado, sin olvidar las mejores esencias de nuestra más gloriosa tradición, pero mejorando cada día.

Con clara visión de lo que exige nuestro futuro.

Podéis estar seguros que nunca seré yo dique que contenga, sino cauce por el que poder discurrir ordenadamente. Porque

 

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