Autor: P. U.. 
 Así se escribe la historia... del presente. 
 Los "Tácito" en acción     
 
 ABC.    16/05/1975.  Página: 110-111, 113. Páginas: 3. Párrafos: 56. 

Así se escribe la historia... del presente.

LOS "TÁCITO" EN ACCIÓN

Lunes: Discuten el tema.

Martes: Escriben separadamente.

Miércoles: Eligen, de entre varios, un artículo.

Jueves: Tareas de impresión en el periódico.

Viernes: El artículo en la calle.

"LA POLÍTICA EN ESPAÑA HA SALIDO AHORA DE LAS CATACUMBAS."

"QUEREMOS LA REFORMA CONSTITUCIONAL, INMEDIATA Y PAULATINA"

• "NUESTRO TIEMPO PERMITE UN PACTO ENTRE UN PUEBLO LIBRE Y UN PRINCIPE

LEAL."

• «NO NOS ASOCIAREMOS MIENTRAS NO CAMBIE EL MARCO DEL ESTATUTO.»

• «EL PSEUDÓNIMO NO DECLARA AMORTIZADO A NINGÚN HOMBRE POLÍTICO ÚTIL.»

Si se esconden en un anonimato encubridor, ni pretenden «matar al tirano», pero van, como

Fuenteovejuna, todos a una en todo cuanto de política económica y social pueda decirse, de España, hoy,

a lo largo y ancho de 416 páginas medianas de libro (13,5 por 21 centímetros). Y como base de identidad

parece considerable. Todo un volumen sobrio y neto de artículos publicados sobre política nacional, en la

Prensa diaria, desde 1973, bajo el pseudónimo —que no es anonimato—, ya popular, y prestigiado de

«Tácito».

¿Quién es «Tácito»? Cualquier español, medianamente introducido en el juego opinante-asociacionista,

conoce a un «Tácito», o a dos o a cuatro. A todos, indudablemente, no. Son muchos. Más de 50. De un

«status» sociocultural similar, medio instalado.

Defienden a ultranza su derecho al no-protagonismo personal, y hablan en plural... en cuanto se está con

media docena de ellos.

Se les tiene dignamente considerados. Son plumas políticas bien cortadas, de seria carga editorial critica,

y ponderado juicio. Son prudentes. Cabalgan a horcajadas de la templanza y la fortaleza, dispuestos a

organizar, si llega el momento, una sociedad más justa. Los «Tácito» no son una «familia política».

Prefieren considerarse «un conjunto homogéneo de tendencias...». Habría que situarles entre los

socialdemócratas, los demócrata-cristianos, los liberales y los progresistas.

No pretenden constituir Asociación política.

Al menos, no lo pretenden por ahora, mientras el Estatuto les siga quedando estrecho, según dicen. Claro

que... un Estatuto puede holgar, y un conjunto de «Tácitos» puede menguar. Pero hoy por hoy, no van

hacia el cauce asociativo.

Se reúnen. Discuten. Contemplan la realidad política de cada momento. Hacen, como dicen los

pedagogos actuales, una «puesta en común» de los temas... Y elaboran artículos. Los artículos de

«Tácito». Anteayer estuve con algunos de ellos, en la sede donde «se cuecen», semana tras semana, esos

editoriales que no sólo comentan los hechos, sino que conforman la opinión pública.

ASI TRABAJA «TÁCITO»

Marcelino Oreja, Juan Manuel Otero, Gabriel Peña Aranda, Jaime Urzaiz, Gabriel Cañada, Gonzalo Pérez

de Armiñán... Estaban citados a las ocho. Fueron llegando con puntualidad, y sentándose alrededor de una

mesa oscura dé grandes dimensiones.

—«¿Cómo trabaja «Tácito»?

—Así. Aquí. Nos reunimos dos veces por semana. Los lunes planteamos temas. Hablamos de lo que está

sobre el tapete de la actualidad. Polimizamos, confrontamos opiniones... Vamos enriqueciendo de peso

especifico la consideración del asunto «protagonista».

—¿Que esta semana es...?

—La ley de Régimen Local presentada a las Cortes por el ministro de la Gobernación.

—Sigamos con la técnica editorial de «Tácito».

—Bien. Luego se elaboran por escrito, individualmente o en equipo los artículos, normalmente varios, y

la mayoría de las veces en solitario, sobre ese tema acordado y discutido.

Los miércoles volvemos a reunimos, pero ya con el material redactado. Se leen los posibles artículos. Se

elige uno y se descartan los demás. O del esquema de uno, y de las ideas de otros varios, se perfila y

ultima uno definitivo, que se envía al periódico. Mejor dicho, a los periódicos. Ahora publicamos en 20

periódicos españoles. Empezamos con «Ya» solamente.

—Curiosidad mínima: ¿cuánto cobra «Tácito» por su aldabonazo semanal?

—Nada. Ni una peseta.

(Bromeo diciéndoles que ponen muy barata la cotización y que así es fácil la competencia. Uno de ellos

me pregunta si les considero pecadores de intrusismo... Y yo les califico rimbombantemente como

«parlamento de las plumas con poder»).

Está representada la clase media profesional: un abogado, un abogado del Estado, un ingeniero, un

financiero-empresario, un catedrático, un diplomático...

—Les falta a ustedes el obrero.

—Está presente. En nuestros planteamientos está muy presente. Fíjese usted bien, el obrero está

plenamente de acuerdo con nuestras ideas. Precisamente porque pretendemos una democracia pluralista.

—¿Están ustedes de acuerdo con el sindicalismo español actual?

—No se ha publicado todavía un artículo nuestro que trata a fondo ese tema. Esperamos conocer más a

fondo los movimientos de opinión, al respecto. Creemos que no está suficientemente explorada la

voluntad del trabajador. Tendrían que ser unos Sindicatos libres, y a los trabajadores correspondería el

hallazgo y puesta en vigor de las fórmulas de agrupación que considerasen más adecuadas para la defensa

de sus derechos.

«Tácito» cree que debe defenderse la libertad sindical y la representatividad y electividad en todos sus

niveles. Este punto es muy interesante. Y, también, nuestra concepción de la economía como medio al

servicio del hombre, para asegurar y mejorar su calidad de vida. La protección legal al derecho de

propiedad privada, pero supeditada a las necesidades de la colectividad...

—Ahí, ahí... y una política fiscal progresiva.

—Justamente.

NI PROTAGONISMO NI ASOCIACIÓN

—¿Para qué nació «Tácito»? ¿Hubo un primer «Tácito» solitario...?

—«Tácito» nació plural. En 1973. Surgió como un grupo de amigos, que teníamos una identidad esencial

de criterios y aspiraciones: lograr una sociedad más justa, más solidaria, más democrática y pluralista.

Con un propósito distante, en cuanto a participación política «oficial», como grupo; pero coherente en

cuanto a la forma de hacer, de trabajar: reunimos en torno a una mesa, reflexionar en común sobre los

acontecimientos de cada día de nuestra política y del mundo que nos afecta, discutir temas... y

publicarlos.

—Reflexionar en público suele llevar a la adopción de una postura de compromiso...

—Sí. Al menos a una actitud política determinada. «Tácito» ha nacido, como un conjunto homogéneo de

hombres que intentan potenciar mucho más lo que une que lo que separa; hombres que creen que en este

histórico momento es preciso reflexionar y actuar cara al futuro próximo...

—¿Coinciden ustedes de un modo homogéneo o en sus artículos sacan la «media proporcional» de los

pareceres?

—Sería ingenuo pensar que los laboristas ingleses o los republicanos norteamericanos o los

socialdemócratas alemanes tienen una coincidencia plena de pensamiento. En nosotros, concretamente,

hay una rica gama de opiniones y nuestras actitudes y expresiones públicas vienen a ser siempre fruto de

acuerdos que buscan el término medio o el punto más común del pensamiento.

—Huyen de protagonismos. También de etiquetas políticas demasiado definidas; ahora bien, ese no-

protagonismo de las personas singulares del grupo ¿implica un porvenir de anonimato político para cada

uno de ustedes?

«Tácito» excluye sólo los protagonismos en el momento actual de formación, pero no los protagonistas,

no a los hombres; no intenta declarar amortizado a ningún hombre político que sea útil para el país y que

pretenda colaborar en la vía de la democratización española. «Tácito» no es sino un pseudónimo

colectivo, para publicar y firmar unos artículos de Prensa. Pero lo importante no es el pseudónimo, ni los

hombres que hay detrás, sino las ideas del grupo y el poder ser espejo en el que se miren muchos otros.

—Les une una base sustantiva mayor y más importante que lo que pueda separarles. No se consideran

ustedes «élite». Su capacidad, editorial al menos, de convocatoria es fuerte... Y sus temas de trabajo,

absolutamente políticos. ¿Por qué no constituyen asociación?

—Efectivamente, nuestro propósito ha sido desde el principio comprensivo y no excluyente, ni elitista;

dialogante y no doctrinario... Pero no vamos a constituirnos en asociación por una razón que ya hemos

dicho en dos de nuestros artículos: la estrechez del Estatuto de Asociaciones. Los condicionamientos

ideológicos y políticos y las dificultades materiales que supone, eliminan muchos sectores de opinión.

Muchos sectores —las fuerzas democráticas, homologas a las que protagonizan la vida política europea

occidental— quedan retraídos y sin participación. Y las fuerzas, hasta ahora «unificadas» al Régimen, se

atomizan y disgregan. Dos efectos perniciosos. Nosotros creemos que el Estatuto, como instrumento de

participación, nació ya frustrado. Habría que modificarlo.

—Haciendo desaparecer ¿qué?

—Los preceptos que producen discriminación ideológica y, entre ellos, los que otorgan facultades al

Consejo Nacional que, en nuestra opinión, contradicen principios constitucionales terminantes. Es

necesario el camino hacia otras asociaciones.

—Y en tal caso, los «tácitos»...

—Si se modificase el Estatuto en este sentido, contemplaríamos la posibilidad de planteámoslo. Mientras,

no. Es más, creemos que los que se asocian no conseguirán nada, aun cuando vemos con todo respeto (o

que se haga por modificar, hacia una democracia plural, la vida política española.

—Se censura a «Tácito» por su madrileñismo centralista editorial.

—Ahora vamos a empezar a publicar en provincias. El tema del regionalismo es clave en nuestro

pensamiento común. Hoy mismo, como ya le hemos dicho, vamos a abordar la reflexión sobre la ley de

Régimen Local y el Regionalismo. «Tácito» pretende el reconocimiento de las peculiaridades regionales,

en función del hecho diferencial de la diversidad de pueblos que constituyen el Estado español.

—¿Y qué opinan, -específicamente, de la nueva ley de Régimen Local?

—Es un retroceso. Aparecen las mancomunidades sólo como una posibilidad, y muy limitada a servicios.

Es un desacierto.

—¿Hay muchos regionalistas «natos», en la acepción más rigurosa?

—La mayoría somos, de provincias.

RELATIVAMENTE CENTRO. RELATIVAMENTE IZQUIERDA

—Ni hemos patentado una exclusiva de la verdad, ni pretendemos un monopolio pragmático de la

organización para que el país llegue a un sistema democrático-pluralista, en el que todas las opiniones

tengan su sitio. Queremos que el sistema electivo, por supuesto con sufragio universal, sea lo más directo

posible a la Cámara legislativa. Y que el órgano ejecutivo sea también representativo, sin perjuicio de

estabilidad y autoridad. Pero es necesario que los órganos del Estado representen la soberanía del pueblo:

sólo los que representan al pueblo legítimamente deben gobernar.

—Están ustedes enunciando, parcialmente al menos, una reforma de las instituciones. ¿Parten ustedes de

la legalidad vigente? ¿A dónde quieren llegar? Sus artículos, ¿son, de hecho, un programa reformista?

—Partimos, si, de la legalidad vigente, pero creemos que hay Principios que son reformables y queremos

la reforma constitucional. Reforma que debe tener carácter social, en cuanto se refiere a la estructura de la

sociedad, y formal en los esquemas legales. Afectaría a las normas constitucionales y habría de hacerse en

forma inmediata, aunque paulatina, no de una sola vez.

Creemos que la reforma hay que propiciarla ya, desde este momento, para no tener que lamentar después

no haber hecho lo que se pudo hacer.

—¿Tiene capacidad el pueblo español para organizarse democráticamente?

—Está bastante más preparado de lo que muchos creen.

¿Que el pueblo español no está «maduro» para la democracia...? ¡Pero si la ha tenido ya antes! Está

preparado y no desde ahora..., sino desde siempre.

—Aunque «Tácito» no es amigo de etiquetas ni clisés definitivos, ¿se orientaría en un centro?, ¿centro-

izquierda?, ¿centro-derecha? Y, por favor, no me digan que «los conceptos de derecha e izquierda están

superados por el uso y abuso» ni que «se es derecha o izquierda, según donde se sitúe el que habla».

—Bueno, pues... Según los temas, somos «relativamente» centro o izquierda, o... conservadores de

derechas.

Por ejemplo, dentro de los grupos actualmente opinantes tendemos hacia un centralismo; incluso

sociológicamente somos de una clase media profesional. Pero somos relativamente de izquierdas en

cuanto que pretendemos la socialización de los créditos, el sufragio universal (bueno, también lo quieren

algunos de «derechas»), el matrimonio civil y el divorcio civil, la separación Iglesia-Estado...

—¿Separación y Estado no-confesional?

—Sí. Creemos que el Estado no debe ser confesional. Quizá como consecuencia del hecho sociológico de

una mayoría de católicos en el país, la Iglesia católica gozará de una situación especial; pero dentro de la

más estricta separación e indiferencia, el Estado negociará con la Santa Sede aquella situación...

—No se plantean ustedes el tema bipolar Monarquía-República. Sin embargo, afirman la soberanía del

pueblo y no mencionan, en sus «doce artículos» programáticos del prólogo del libro «Tácito», ni la

realidad monárquica, ni a la persona del Príncipe...

—Aceptamos la Monarquía en la medida en que cumpla un propósito favorecedor de la democracia. Pero

no nos planteamos ahora las formas de Estado. Por encima de concepciones doctrinarias, nuestro tiempo

permite un pacto entre un pueblo libre y un Príncipe leal. Pero también este tiempo nuestro muestra la

posibilidad de pueblos libres, sin Monarquía, y la gran dificultad de supervivencia de ésta cuando no sirve

de cauce a las exigibles reformas socioeconómicas que se invocan desde hace tanto tiempo...

—Señores, ustedes que día a día reflexionan sobre «el país», díganme ¿qué esté pasando en España? ¿No

estaremos en pleno sarampión político de teorías de reforma?

—Han ido cambiando los cauces de expresión política: la universidad, los templos, los´ periódicos, los

casinos..., la calle. Ahora la política ha salido de las catacumbas y el país se da cuenta de que

biológicamente ha entrado ya en el cambio.

Y mientras salgo, oigo un rápido fru-frú de papeles que se entremezclan en la amplia mesa oscura donde

los «Tácitos», una vez más, están en acción editorial. Así se escribe la historia... de un presente difícil.

P. U.

Fotos: Sanz Bermejo

 

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