Un viaje político     
 
 Informaciones.    27/10/1970.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

UN VIAJE POLITICO

AUNQUE han sido muchos los viajes del Principe de España por el extranjero desde que recibiera el nombramiento de Heredero de la Corona, ninguno resulta tan significativo y tan trascendente como el que en la actualidad le ha llevado a París.

En efecto, esta visita, que ha comenzado siendo un viaje de información militar, para terminar cobrando un valor político de altura y fines todavía indeterminados, es señalada por la Prensa francesa como la «presentación oficial» del Heredero español a Europa. Pero no basta tal interpretación. Este es el primer viaje en que el futuro Jefe del Estado español es mirado oficialmente como tal por los Gobiernos europeos y en que otros motivos adyacentes -la presidencia de una comisión especial, el cumpleaños de la Reina inglesa, la celebración de unas regatas— desaparecen para justificarse por si misma la presencia en el extranjero de don Juan Carlos. Y aunque los contactos que mantiene no tienen un estricto y formal contenido político, si lo poseen el ambiente que rodea a la visita, el interés con que la contempla la Prensa y la intencionalidad que parece desprenderse de ella.

Esta intencionalidad, hemos dicho, no es sólo la de «presentar a un heredero» —pese a que interpretación semejante sea sugeridora de más amplios horizontes—. Es también la de enviar la primera embajada de alto rango del Estado español (la nación, y no su Gobierno) allende las fronteras.

El Principe viaja en su condición de Heredero, futuro Jefe del Estado, representante de la nación y de sus más altos e intocables intereses políticos, la pervivencia y continuidad de nuestro Estado. No le añade nada así a la presencia del Principe la de los ministros del actual Gobierno (Asuntos Exteriores y Educación), que han coincidido con él en París, si no es el refrendo de los gobernantes hacia la figura del Heredero. Y es preciso establecer bien, esta distinción al tiempo de señalar la trascendencia del viaje que nos ocupa y que no entiende de cuestiones departamentales —como entienden los viajes de los ministros— ni de problemas concretos de la política internacional española, sino que está por encima y a un lado de la coyuntura del momento para situarse en sus justos y soberanos límites: la persona designada por el actual Jefe del Estado y refrendada por las Cortes para ocupar el Trono de España acude a París para que los dirigentes franceses conozcan de cerca a quien va a ser el Rey de los españoles y éste tome «contacto directo y de primera mano con la fenomenología política europea».

Ante la continuidad y el aperturismo españoles, esta toma de contacto directo del Principe con Europa —nuestro marco natural de convivencia— es del todo significativa y del todo satisfactoria. Si añadimos al hecho la realidad nada anecdótica de que el periplo francés de don Juan Carlos ha comenzado por una visita de tipo militar, y recordamos la importancia estratégica de la presencia de España en el Mediterráneo, obtendremos un cuadro muy completo y muy aleccionador del futuro político de nuestro país al margen de los problemas coyuntura les de gobierno.

 

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