Autor: González Muñiz, Antonio José. 
   Tampoco temblará el pulso del sucesor de Franco en su día  :   
 El Movimiento Nacional ha aceptado la Monarquía, porque la Monarquía aceptó el Movimiento Nacional. El Príncipe de España continuará el Régimen que ha devuelto la paz al país y sacó a la nación de su letargo. 
 Hoja del Lunes.    28/07/1969.  Páginas: 1. Párrafos: 18. 

ESPAÑA DESDE DENTRO

TAMPOCO TEMBLARA EL PULSO DEL SUCESOR DE FRANCO EN SU DIA

El Movimiento Nacional ha aceptado la Monarquía, porque la Monarquía aceptó el Movimiento Nacional

EL PRÍNCIPE DE ESPAÑA CONTINUARA EL RÉGIMEN QUE HA DEVUELTO LA PAZ AL PAÍS Y SACO A LA NACIÓN DE SU LETARGO

Por A. J. GONZÁLEZ MUÑIZ

NO hay ya motivo de incertidumbre ante el futuro político de España. Franco ha designado a su sucesor en una histórica y memorable sesión plenaria de las Cortes Españolas y éstas han aceptado, mediante votación nominal y pública, la propuesta hecha por el Jefe del Estado. A Franco le sucederá en su día, y a título de rey, Su Alteza Real el Príncipe de España don Juan Carlos de Borbón y Borbón. Han terminado, pues, las especulaciones sucesorias y las interpretaciones acomodaticias sobre el futuro de España.

Franco, desde hace treinta años, fue perfilando, con prudencia política, el futuro de España. Soldado, político y estadista, es también un pragmático y conoce y valora las realidades. Concibió un sistema político cuando el Estado había dimitido de sus augustas funciones. Aquél fue un momento de excepción en la Historia contemporánea española. Recibió un poder incierto, vacilante, en una grave crisis, y supo preservar, por la fuerza de su personalidad indiscutible, la llama vacilante de la autoridad ordenadora hasta convertir aquel poder incierto y vacilante en el eje de un auténtico Estado. El poder que los españoles confiaron a Franco en la crisis guerrera fue el germen fecundo de instituciones públicas en un proceso no interrumpido.

Franco preveyó el futuro de España. Pero sabía sobradamente que para que exista la debida previsión del futuro es necesario que exista una continuada acción política y que ésta sea respaldada por el pueblo, que asegure el desarrollo histórico y la marcha ascendente de la Patria y que evite que puedan reproducirse las causas y condiciones que llevaron a España a los sacrificios necesarios para salvarse. Aseguró la estabilidad y desde ésta perfiló el futuro, que ahora acaba de abrir con la designación de quien ha de sucederle en su día.

LA PRUDENCIA POLÍTICA DE FRANCO

El papel histórico de Franco en la España de hoy viene a ser el de un Sila que restablece la tradición nacional, adaptándola a su tiempo. España, desde ahora en adelante, acelerará aún más su proceso de perfeccionamiento político. Franco, en treinta años de buen Gobierno, ha demostrado lo que es capaz de hacer un país unido y en orden, a pesar de todas las dificultades que sufrió y que cercaron a la nación. Su gran empeño ha sido consolidar las instituciones creadas—España tiene una Constitución abierta—y los hábitos de convivencia sobre ellos basados y perfeccionar el sistema de vida político-social surgido en estos años de constructiva, paz.

Sus tres difíciles empresas al terminar nuestra guerra civil eran: restablecer el orden, la justicia social y desarrollar la economía nacional. Sin vencer en estas tres empresas no era posible encararse abiertamente con el futuro político. De aquí la, prudencia de Franco, que sabía que la victoria alcanzada en 1939 no lo significaba todo si no se la aseguraba sólidamente y si no se garantizasen sus frutos para el futuro.

Lo fundamental para Franco y para los españoles hace treinta años no era establecer inmediatamente entonces el futuro político de España, sino resarcir a la nación de las cuantiosas pérdidas humanas y materiales que había sufrido, ordenar el trabajo, restablecer el orden, producir, levantar a España y lograr la convivencia entre todos los españoles. Todo esto imponía la necesidad de tener un jefe firme a la cabeza de la España convaleciente de una guerra. Cierto es que, terminada la guerra civil, algunas minorías se empezaron a preocupar por el futuro político de España y pensaban en la fórmula de una monarquía.

También pensaba en ese futuro Franco, pero más realista y sabiendo que él era el arbitro de los diversos grupos que integraron el Alzamiento Nacional, se preguntase, acaso: ¿Se puede al día siguiente de una guerra sangrienta cuando los abatimientos de una parte de la población española estaban lejos de estar claros, dividir el campo de los vencedores por una cuestión teórico-política? No era ésta entonces la batalla que había que ganar, sino la de reorganizar el país. Por otra parte, la opinión pública española no hubiera comprendido por qué el vencedor de la guerra se retiraba antes de haber arreglado las dificultades surgidas como consecuencia del conflicto.

Aquí brilla la prudencia política de Franco. Hay que reconstruir, al mismo tiempo que a la nación, su futuro. Fueron arrancadas de cuajo dos ideologías consideradas mortales: el comunismo y la masonería.

La doctrina de la Falange Española y de la Comunión Tradicionalista informarían el nuevo Estado.

Franco se comprometió, y ha cumplido fielmente, a hacer una España nueva, como cumplió también la promesa de ganar la guerra, promesa que había hecho en 1936, en condiciones mucho más difíciles todavía. Ante las prisas de los que deseaban la restauración monárquica, Franco contestó con su prudencia, y a la impaciencia de algunos impuso su paso firme, cauteloso, pero seguro.

EL REINO DE ESPAÑA

Allá cuando las contiendas marroquíes, los indígenas definieron, con su lenguaje y de manera maestra, llena de admiración, una de las cualidades más brillantes que adornan al Jefe del Estado español: "Franco saber manera". Cierto. España, si el pueblo lo aceptaba, sería de nuevo un reino. Pero un reino que nada debiese al pasado, sino que naciese del acto decisivo del 18 de julio de 1936. Y el pueblo dijo sí en un colosal referéndum celebrado en julio del año 1947.

En 1947 se instaura, pues, oficialmente la nueva monarquía española por voluntad abrumadoramente mayoritaria del pueblo español. El sucesor ideal del Jefe del Estado tendría que ser aquel que mantuviese y conservase su obra, para que no resultasen estériles los enormes sacrificios realizados de 1936 a 1939.

El futuro rey de España—y Franco ha cumplido fielmente esta condición, que anunció hace más de veinticinco años— no debía estar ni entre los vencedores ni entre los vencidos de la contienda civil. Tenía que ser el arbitro supremo de la comunidad española. Lo ha cumplido al designar su sucesor al Príncipe de España don Juan Carlos de Borbón y Borbón. Por otra parte, Franco había señalado de manera clara y terminante que esa monarquía no podía ser liberal o no vendría. Habría de ser una monarquía nueva para una España nueva.

Los españoles, a través de dos referendums nacionales, con veinte años de distancia uno de otro, habían decidido en el primero y reafirmado en el segundo que una monarquía del Movimiento Nacional habría de ser la que continuase y asegurase la obra de Franco. El futuro quedaba perfilado.

EL SUCESOR DE FRANCO

Franco ha querido que su sucesor reciba en su día una España completamente distinta de la que él recibió.

No se ha precipitado en la designación regla. Pero sí aceleró, junto con el desarrollo económico y social de la nación, la institucionalización del Régimen, para poder ofrecer al sucesor, junto con el trono, una España totalmente vertebrada.

En el mensaje a las Cortes Españolas proponiendo a su sucesor, Franco dijo de don Juan Carlos de Borbón y Borbón que "perteneciendo a la dinastía que reinó en España durante varios siglos, ha dado claras muestras de lealtad a los principios e instituciones del Régimen, se halla estrechamente vinculado a los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire, en los cuales forjó su carácter, y al correr de los últimos veinte años ha sido perfectamente preparado para la alta misión a que podía ser llamado". "Esta designación—añadió—se halla en todo conforme con el carácter de nuestra tradición, gloriosamente representada en los bravos luchadores que durante un siglo se mantuvieron firmes contra la decadencia liberal y frente a la disolución de nuestra Patria por obra del marxismo; asegura la unidad y la permanencia de los principios del Movimiento Nacional, está en todo conforme con las normas y previsiones de nuestras leyes, y en su persona confluyen las dos ramas que en su día determinaron las pugnas sucesorias del siglo pasado."

EL PRINCIPE DE ESPAÑA

En la sesión plenaria celebrada por las Cortes Españolas el día 23, después de jurar ante el Jefe del Estado, el príncipe de España dejó bien claro el carácter de la monarquía que va a encarnar: "Recibo la legitimidad política surgida el 18 de julio de 1936." Señaló como líneas futuras el progreso, el desarrollo, la unidad, la justicia, la libertad y la grandeza de España. "La monaquía puede y debe ser un Instrumento eficaz como sistema político, sí se sabe mantener un justo y verdadero equilibrio de poderes y se arraiga en la vida auténtica del pueblo español." "Las más puras esencias de nuestra tradición deberán ser siempre mantenidas, pero sin que el culto al pasado nos frene en la evolución de una sociedad que se transforma con ritmo vertiginoso en esta era apasionante en que vivimos. La tradición no puede ni debe ser estática; hay que mejorar cada día."

"Tengo gran "fe en los destinos de nuestra Patria—dijo también—. España será lo que todos y cada uno de los españoles queramos que sea, y estoy seguro de que alcanzará cuantas metas se proponga, por altas que éstas sean."

Y estas palabras de compromiso político futuro: "A pesar de los grandes sacrificios que esta tarea pueda proporcionarme, estoy seguro que "mi pulso no temblará" para hacer cuanto fuere preciso en la defensa de los principios y leyes que acabo de jurar."

El Movimiento Nacional ha aceptado la monarquía y la persona del futuro rey, porque la monarquía y el futuro rey de España han aceptado el Movimiento Nacional. El futuro rey continuará el Régimen que ha devuelto la paz al país y ha sacado a España del letargo en que yacía desde hace siglos, proyectándola hacia un futuro cada vez mejor.

Franco ha consolidado su obra. Los hombres que, como él, en un momento trágico de su Patria, tienen fuerza y ansia de justicia en el corazón y que conocen las dimensiones reales de los males de la sociedad y del Estado y los remedios oportunos, siempre son los llamados a sustituir ese estado de cosas y la ineficacia del propio Estado para recrearlo después con las capacidades necesarias para evitar una nueva corrupción de sus virtualidades. Y esto es lo que ha hecho Franco.

 

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