"Entre Don Juan y Don Juan Carlos no hay discrepancias"  :   
 Dice Ruiz Gallardón en "Actualidad Española". 
 ABC.    22/05/1969.  Páginas: 2. Párrafos: 17. 

«ENTRE DON JUAN Y DON JUAN CARLOS NO HAY DISCREPANCIAS»

Dice Ruiz Gallardón en «Actualidad Española»

"La Actualidad Española" ha publicado una entrevista de su redactor don José Carlos Clemente con don José María Ruis Gallardón. La personalidad del entrevistado—que es, a los cuarenta y dos años, uno de los más sobresalientes juristas de nuestro país—y la trascendencia de los temas planteados son materias que, por su evidente interés, ofrecemos a nuestros lectores en este extracto.

—A raíz de los últimos acontecimientos, ¿ve usted clara la instauración de la Monarquía en una persona determinada?

—Conforme a la Ley de Sucesión, el Generalísimo Franco puede en cualquier momento proponer a quien, cumpliendo los requisitos establecidos, estime que debe ser su sucesor. De otra parte, vacante la Jefatura del Estado, son las Cortes quienes deben pronunciarse en virtud del mecanismo de todos conocidos, para que el Rey sea proclamado como tal. A mi juicio, y no creo estar equivocado, las cosas no han cambiado nada. No creo que ninguno de los posibles sucesores del Generalísimo Franco haya modificado su "status", que seria lo único que modificaría la situación legal.

Pero si lo que me quiere preguntar es sobre si las declaraciones del Príncipe Don Juan Carlos le hacen más idónea o le sitúan, por así decirlo, mejor colocado para acceder a la más alta magistratura del Estado, me parece de quien de esta suerte opine no las ha entendido rectamente. El Infante Don Juan Carlos no ha proclamado su superioridad o su mejor derecho a ser Rey. Tampoco puede haber desconocido que es su padre, Don Juan, quien, según la legitimidad histórica de la Monarquía española, debe ser llamado a reinar. Sólo muy altas consideraciones de Estado -—que a mi juicio no concurren en el caso y a las que, desde luego, el Príncipe ni siquiera alude—podrían provocar y justificar que Don Juan abdicara a favor de su hijo. Pero, repito, nada hay que, hoy por hoy, y ante una más que problemática designación de sucesor en vida por parte de Franco, justifique tan ardua medida. Que yo sepa, el Generalísimo ha guardado un impenetrable silencio sobre las declaraciones, y ni ha pedido a Don Juan que abdique, ni mucho menos ha usado de sus prerrogativas constitucionales para designar a Don Juan Carlos como sucesor.

Para entusiasmar al pueblo español, la Monarquía deberá ser cauce y solución. Me explicaré: cauce para todas las aspiraciones legítimas de los españoles. Cauce para que el discurrir de la vida política española sea orden. Cauce para que el desarrollo económico sea progresivo. Cauce para superar las contradicciones sociales internas de la comunidad. Y siendo todo ello solución adecuada y prudente del sistema actual, puesto que legalmente es su salida. Si la Monarquía consigne que el tránsito de un régimen a otro se haga con orden y sin perjuicio de ninguna de las pretensiones legítimas de los ciudadanos, entusiasmará, Y yo creo que puede hacerlo.

«EL REY NO PUEDE SER NI EL JEFE DEL EJECUTIVO NI, MUCHO MENOS, EL LÍDER DE UNA FRACCIÓN»

—¿Qué limitaciones y qué poderes debe tener un Monarca moderno?

—Yo acentuaría más el carácter de poder moderador sobre cualquier otra competencia. En todo caso, el Rey no puede ser—"a radice"—ni el jefe del Ejecutivo ni, mucho menos aún, el líder de una fracción. He aquí su principal ventaja sobre cualquier presidente de República, que, quiérase o no, como político, tiene siempre el lastre de proceder de un sector y no de todo el país.

—¿Es usted de la opinión de que Don Juan Carlos es el Príncipe idóneo para continuar el actual sistema?

—Pienso que Don Juan Carlos es ciertamente un Príncipe idóneo. Pero pienso que "rebus sic stantibus", no es el Príncipe más idóneo. Precisamente, uno de los méritos de la Ley de Sucesión—y de la Ley Orgánica del Estado—es permitir la coincidencia de la legitimidad nacida del 18 de Julio con la tradicional de la Corona de España. Y esa coincidencia es un bien en sí nada despreciable. Por otra parte, el propio Príncipe Don Juan Carlos ha manifestado en sus recientes declaraciones que él está donde está en virtud de una serie de circunstancias, unas históricas y otras actuales. Para ser fiel a las primeras deberá cuidar al máximo no quebrantar la legalidad monárquica. Pero, afortunadamente, creo que no habrá problema. Porque el patriotismo del padre y del hijo son evidentes.

—¿Es cierto que estas declaraciones han dividido y, además, han confundido a los monárquicos?

—Sinceramente, no. Mi información, hasta donde llega, me hace decir que la casi totalidad de consejeros privados del Conde de Barcelona, en las contestaciones que enviaron a Don Juan coinciden sustancialmente. Además, si entre Don Juan y Don Juan Carlos no hay discrepancias —y de que no las hay puede estar usted seguro—, ¿por qué habría de haberlas entre los monárquicos?

—Pienso que existen algunos grupos muy concretos que van a oponerse a la eventual restauración monárquica en la persona de Don Juan. ¿Qué grupos podrían ser éstos?

—Todos aquellos—y en la medida en que existan y pesen socialmente—que para sus fines particulares pretendan quebrantar el orden y la estructuración ordenada, justa y democrática del Estado. Hay que mirar las cosas de frente y no hurtar el cuerpo. Sólo los resentidos y los totalitarios—en el peor sentido de la palabra—querrán negarse a apoyar la solución más lógica del problema sucesorio español.

—¿Y en cuanto a Don Juan Carlos?

—Mire usted, Don Juan Carlos, como ya he dicho, tiene su puesto en la dinastía. Será Rey y contará con todos los apoyos precisos cuando le corresponda. Todo lo demás es argumentar con futuribles, lo cual, como usted sabe, no es aconsejable.

—Caso de ser Don Juan la persona designada por el Consejo del Reino y las Cortes Españolas, ¿cambiaría, según criterio, algún aspecto de la estructura política del país: es decir, ¿se iban a permitir, por ejemplo, los partidos políticos?

—Vivimos en un régimen de Constitución abierta, que, entre otras ventajas, tiene la de poder ir adecuando a las circunstancias la legalidad vigente. De otra parte, admitida en la Ley la concurrencia de criterios, una ordenación legal de la misma podría revestir la forma de lo que en el mundo democrático de hoy se conoce bajo el nombre de partidos políticos, con las naturales y obligadas correcciones impuestas para lograr su autenticidad y no volver a caer en los errores del pasado.

 

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