Autor: Baró Quesada, José. 
   Franco presidió con su esposa y los Príncipes don Juan Carlos y doña Sofía el homenaje a los Reyes Católicos en Valladolid  :   
 El Gobierno y el Cuerpo diplomático asistieron a los actos conmemorativos del matrimonio de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón.. 
 ABC.    19/10/1969.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

FRANCO PRESIDIO CON SU ESPOSA Y LOS PRINCIPES DON JUAN CARLOS Y DOÑA SOFÍA EL HOMENAJE A LOS REYES CATÓLICOS EN VALLADOLID

El Gobierno y el Cuerpo diplomático asistieron a los actos conmemorativos del matrimonio de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón

FUE INAUGURADO UN MONUMENTO A LOS MONARCAS QUE FORJARON NUESTRA UNIDAD NACIONAL Y PATROCINARON EL DESCUBRIMIENTO Y LA CIVILIZACIÓN DE AMERICA

Valladolid 18. (Crónica de nuestra redactor político, enviado especial.) Hace quinientos años—el 18 de octubre, según unos historiadores; el 19, en opinión de otros tratadistas—contrajeron matrimonio en el salón principal, en la casa de Juan de Vivero, en Valladolid, doña Isabel, Infanta de Castilla, jurada Princesa heredera del Reino en los Toros de Guisando, y don Fernando, Principe heredero de Aragón.

Boda celebrada contra la voluntad del monarca castellano, Enrique IV, hermano de la Infanta, Días antes, en la misma casa de Vivero, donde se alojaba doña Isabel, vio ésta por primera vez a Fernando, que se presentó en Valladolid disfrazado de criado de unos supuestos mercaderes aragoneses. Gutierrez de Cárdenas se dirigió a doña Isabel señalando a don Fernando con el dedo y diciendo con desbordada alegría: "Ese es, ése es". Desde entonces quedaron las SS en su escudo de armas.

He aquí, en un acto de amor y rebeldía que parecía intrascendente, el origen, la forja del Estado español, de la Monarquía popular e imperial, de la unidad nacional, del fin victorioso de ochocientos años de Reconquista, del descubrimiento y civilización de América, de la unión del Trono y el pueblo, del abatimiento del poder de la nobleza, de la desaparición del feudalismo y de la penetración política y militar de España en Europa. El Escorial, las Meninas, Lepanto y Don Quijote se cimentan en esa noble y fragrante aventura juvenil.

LLEGADA DE SUS EXCELENCIAS Y SUS ALTEZAS REALES

Hoy, en esta capital de alma recia y perenne españolismo, se ha conmemorado con multitudinario fervor aquel acontecimiento romántico y providencial de 1469. Calles y plazas henchidas de gente que vitoreaba y aplaudía. Innumerables pancartas y banderas. Vibrantes músicas y patrióticas canciones. Fuerzas armadas cubriendo la carrera. Cielo parcialmente nublado. Aclamaciones al Caudillo y al Príncipe, que llegaron a mediodía procedentes de los palacios de El Pardo y de la Zarzuela. Les recibieron, en la plaza de San Pablo, el Gobierno, altos mandos militares, Cuerpo diplomático, prelado de la archidiócesis, jefes de las Casas Militar y Civil, alcaldes de Madrid, Barcelona y otras ciudades españolas y primeras autoridades provinciales y locales.

ACTO ACADÉMICO E INAUGURACIÓN

Fueron rendidos los honores militares al Jefe del Estado y al Príncipe, que separadamente (los Príncipes entraron en la ciudad minutos antes) oyeron la Marcha Real española, Himno Nacional, desde un arengario y pasaron revista, acompañados del ministro del Ejército, a una compañía de tropas de la VII Región. La vieja Falange jonsista vallisoletana vitoreó y aplaudió fuertemente al Caudillo y al Príncipe, y al paso de cada uno de ellos inclinó, en homenaje a Franco y a Don Juan Carlos, las banderas rojas y negras de las escuadras y representaciones. La esposa del alcalde entregó ramos de flores a doña Carmen Polo y a la Princesa. A continuación, acto académico en el Museo Nacional de Escultura. Palabras del ministro de Educación y Ciencia y del rector de la Universidad. Después, en el mismo edificio, visita a la Exposición Documental e Iconográfica del Centenario. Una hora más tarde, en la Rosaleda, inauguración y bendición de un monumento a Isabel I y Fernando V, que lleva el lema "Tanto monta". Habló el alcalde de Valladolid.

PALABRAS DEL CAUDILLO

Desde la Rosaleda se trasladaron Su Excelencia y Su Alteza Real al Ayuntamiento. Inmenso gentío de toda la provincia, congregado en la plaza Mayor, frente a la Casa Consistorial, lanzó al aire gritos de júbilo. El Jefe del Estado, el Príncipe y sus esposas salieron, con otras autoridades a la terraza. Hubo una cálida salutación del gobernador civil. Y el Generalísimo, entre el entusiasmo de la muchedumbre, dijo:

"Castellanos y españoles todos: Gracias por ese entusiasmo (una voz: "Gracias a ti"), por esa firmeza de vocación, por ese espíritu que os llevó a las trincheras a conquistar la unidad de España. (Grandes aplausos.)

Hoy celebramos un acontecimiento trascendental en la vida de la nación:

El V centenario del matrimonio de los Reyes Católicos. Aquello fue un esfuerzo de la unidad de España, que forma un jalón importantísimo que nos ha dado luego toda la unidad de los Reyes Católicos. Ese matrimonio celebrado aquí nos trajo los días de gloria de la nación; el descubrimiento de América, la transformación de España en una unidad y en una disciplina.

El Movimiento Nacional, con sus sacrificios, nos trajo esta otra unidad de los españoles, la unidad de las tierras y de los hombres de España, la unidad en el resurgimiento... (clamorosos aplausos interrumpen a S. E.).

Hoy contemplamos esas setenta y nueve industrias creadas por el Plan de Desarrollo en Valladolid; hoy disfrutamos de la transformación industrial de esta ciudad, y hoy celebramos en este V centenario la unidad de los hombres y de las tierras de España. Mantenedla y defendedla como cosa propia; que nadie nos desvíe de la unidad creada a costa de tantos sacrificios y entonces tendremos la seguridad de que marcharemos viento en popa por el camino del progreso. (Se produden las grandes aclamaciones.)

Y llevad a todos los rincones de la provincia, a todos los ámbitos de España este saludo expresivo mío y esta gratitud por haber sabido mantener la unidad, pese a todos los avatares. ¡Arriba España!"

ALMUERZO EN EL AYUNTAMIENTO

Franco dio los gritos de ritual del "Cara al sol", entonado por la muchedumbre. En los salones del Palacio Municipal—ante el cual ondeaban las banderas de los países de nuestra estirpe—fue servido un almuerzo en honor de Sus Excelencias y Sus Altezas Reales, con asistencia del Gobierno y otros invitados.

Concluida la comida regresaron Sus Excelencias y Sus Altezas Reales a Madrid, entre las ovaciones de millares de vallisoletanos y de los vecindarios de los pueblos del trayecto.—José BARO QUESADA.

 

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