Autor: Cortés-Cavanillas, Julián (ARGOS). 
 ABC en Lausana. 
 Ayer recibieron cristiana sepultura los restos mortales de la Reina Victoria Eugenia  :   
 El féretro fue llevado a hombros de Don Juan, Don Jaime y nietos del Rey Alfonso XIII. 
 ABC.    19/04/1969.  Página: 33. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

AYER RECIBIERON CRISTIANA SEPULTURA LOS RESTOS MORTALES DE LA REINA VICTORIA EUGENIA

El féretro fue llevado a hombros de Don Juan, Don Jaime y nietos del Rey Alfonso XIII

ESTUVIERON PRESENTES EN LAS EXEQUIAS MILLARES DE ESPAÑOLES DE TODAS LAS CLASES SOCIALES

Tierra de varias provincias españolas en torno al ataúd

Lausana 18. (Crónica telefónica de nuestro enviado especial.) Poco después del mediodía, con un frío intenso y el ondear de muchas banderas españolas, ha sido sepultado en la tierra extranjera de un maravilloso país el cuerpo de la Reina Victoria Eugenia de España. Había tres millares de españoles junto a la Familia Real en el adiós definitivo, y muchos sacos de tierra de varias provincias de España en torno al féretro, y juntos, también, un poco de musgo y pedruscos de aquel sitio de Galapagar, cuando el primer paso para el destierro en la mañana dramática del 15 de abril de 1931. Con la figura histórica de Doña Victoria Eugenia se cierra otro capítulo de una época que presidió la majestad del Rey Don Alfonso XIII.

Antes, a las diez en punto de la mañana, se celebraron las solemnes exequias fúnebres en la pequeña parroquia del Sagrado Corazón, donde la augusta feligresa fue asidua en el cumplimiento de sus deberes religiosos, como buena católica. Fuera del templo, varios millares de personas, con mucha abundancia de españoles conmovidos, presenciaron la llegada del triste cortejo. De la "Vieille Fontaine" sacaron el ataúd en hombros los hijos, Don Juan y Don Jaime, y los nietos, Don Juan Carlos, Don Alfonso, Don Gonzalo, Don Marco, Don Marino Torlonia, y el hijo político de la Infanta Cristina, Don José Carlos Alvarez de Toledo. A las 9,55 entraron Don Juan y Doña María de las Mercedes y el Infante Don Jaime, seguidos de todos los nietos de la Reina difunta, de los representantes del Jefe del Estado y del Gobierno de España, presididos por el ministro de Asuntos Exteriores, don Fernando María Castiella; de los de la Familia Real británica y del propio Gobierno de Su Graciosa Majestad, de las autoridades representativas de la Confederación Helvética, de los Reyes de Grecia; de los Reyes de Italia; del príncipe de Nápoles y de la princesa María Gabriela; del duque y de la duquesa de Aosta; de la princesa Gracia de Mónaco y del príncipe heredero Alberto; de la Reina Madre y de los Reyes de Rumania; del príncipe Alberto de Bélgica; de don Duarte de Braganza; de varios archiduques de Austria; de la Familia Real egipcia; de los Grandes Duques de Rusia; de las autoridades cantonales y del alcalde de Lausana; de los jefes de Misión en Suiza; de los embajadores extraordinarios; de los ex ministros don José Yanguas Messía, don José Larraz y general Gallarza; de varios académicos de las Reales de España; de diversas representaciones españolas.

El oficio fúnebre le correspondió al nuncio de Su Santidad, monseñor Mardioni —que dio el pésame de Pablo VI—, acompañado del arzobispo de Lausana y del párroco y del clero del Sagrado Corazón. El padre Federico Sopeña hizo el elogio fúnebre de la Reina Victoria, y después, también, el párroco, en francés, pronunció un elocuente "De Profundis" a la española, que en su templo fue siempre una humilde sierva de Cristo.

Hablar de los homenajes de flores y coronas es rayar en lo que parecería tópico. Es digna de destacarse, entre cerca de un centenar, la corona que estuvo expuesta hace tres noches delante del Palacio de Oriente, de Madrid, que durmió en él y que ahora está sobre la tumba de la Reina. De los telegramas recibidos hasta hoy se aproximan a los 20.000, expresando a Don Juan el dolor de mucha gente española y de no poca extranjera. De las representaciones españolas, innumerables, recuerdo al Colegio de Abogados de Madrid, a la Cruz Roja, a símbolos históricos, como, por ejemplo, los del duque de Calvo Sotelo y Jaime Miralles; el recuerdo de la Asociación de Escritores y Artistas, la presencia del Consejo y de la Secretaría Política del Conde de Barcelona, pero, sobre todo, la presencia importante y fundamental de mucha juventud de España, estudiantes, obreros, profesiones liberales y militares laureados. No ha sonado la Marcha Real en el adiós último a la imagen yacente de la Reina Victoria Eugenia. No han sonado las salvas de los cañones. No ha habido un grito histérico ni una emoción descompuesta.

Así ha sido sepultada la dulce Ena en el empinado cementerio del bosque de Vaux, de cara a las montañas nevadas y al lago plácido y melancólico. Era poco más de la hora del mediodía cuando el ataúd que encerraba el cuerpo de una Reina que se engarzó en la fábula y en la Historia fue deslizado suavemente en la entraña de la tierra hasta que Dios quiera que pueda elevarse a la sepultura definitiva del panteón de El Escorial. Por esa esperanza que señaló su esposo en el testamento y que ella repite en el suyo, la Reina Victoria, que tanto amó a España, ha sido enterrada provisionalmente en este rincón suizo donde tanto afecto recogió, porque mucha fue su gentileza en la vida recoleta y ejemplar de la "Vieille Fontaine" durante más de veinte años de exilio.

Cuando caía la tarde, Don Juan recibió a todos los españoles que volvían hacia sus puntos de origen en el pequeño jardín de la residencia de la ya gran ausente, y con profunda emoción y pocas palabras les ha dado a todos las gracias por la presencia generosa y confortante en esta hora tan triste para la Familia Real.—Julián CORTES-CAVANILLAS.

 

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