Autor: Cánovas del Castillo y Fraile, Juan Antonio. 
   La Reina Victoria     
 
 ABC.    19/04/1969.  Página: 37. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

LA REINA VICTORIA

Para valorar la venerabilidad histórica de la Reina Victoria ahora fallecida, puede ser expresivo recordar que era prima hermana del último Kaiser de Alemania, asi como de la última Zarina de Rusia, desaparecidos de la escena pública hace más de media siglo, el tiempo de casi dos generaciones.

O que otro de sus primos hermanos, el Rey Jorge V de Inglaterra, murió hace ya treinta y cuatro años, el tiempo de una generación (aunque también sean dos las que se han sucedido en el Trono británico, en el que, desde hace quince años, reinan sobrinos nietos de nuestra extinta Soberana).

Reina inolvidable de España en el primer tercio del siglo. Reina exiliada durante el segundo tercio de nuestra centuria, logró alcanzar el principio de su última tercera, parte, con belleza y señorío singularísimos, como admiramos millares de españoles a raíz de su inolvidable viaje a Madrid el año pasado.

La Reina Victoria relacionó a la Casa Real de España con las del resto de Europa mucho más que ninguna otra de nuestras Reinas, desde tiempos de Carlos III, con la sola excepción de la inolvidable Regente Doña María Cristina. En efecto, desde Luis I parecieron los Barbones seguir una especie de política matrimonial de "pacto de familia".

Su estilo moderno y casi deportivo, sustituyendo las "Reinas bordadoras" por las "Reinas enfermeras" fundadoras de benéficas instituciones, fue una especie de "aggiornamento" en la Corte de España.

Su muerte en el exilio hace más doloroso nuestro dolor. En la alta noche de este 15 de abril, XXXVIII aniversario de su salida de España, imaginamos con pesar la escena que no vivimos de la roca del adiós de Galapagar. Asociamos su memoria al recuerdo del féretro vacío del Panteón de Reyes escuríalense en el que algún día yacerá definitivamente. Y evocamos la calurosa acogida—de bienvenida fugaz y de presentido adiós—dispensada por el Madrid de hace un año, en su mayoría por gentes nuevas que no alcanzaron a vivir o a conocer los días de su benéfico Reinado, cuando nuestra venerable pero siempre bellísima Reina Madre quiso venir a prestar su postrer servicio a la unidad y a la continuidad de nuestra Dinastía y de España. Descanse en paz.—Juan Antonio CÁNOVAS DEL CASTILLO.

 

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