Autor: Obregón, Antonio de. 
   La Reina Victoria en Portugal     
 
 ABC.    19/04/1969.  Página: 37. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

LA REINA VICTORIA EN PORTUGAL

Lo primero que resaltaba de su personalidad era su elegancia y, después, su gentileza y tacto para tratar a las personas.

Cuando la boda de la Infanta Doña Pilar, la Reina visitó Lisboa y Estoril. En el aeropuerto, el día de su llegada, se abrió la gran mampara de los visitantes ilustres y apareció Doña Victoria Eugenia vestida con un traje rosa pálido estilo "sastre" que llevó siempre como nadie. Su tocado, su maquillaje, las flores que llevaba prendidas—su preferencia eran las rosas y las orquídeas—suponían tal acierto que todos se volvían a mirarla. ¿En qué consiste la elegancia? Cualquier prenda, cualquier detalle, el menor ademán se convertían en "gen-tility" por un secreto que ella poseía. Su presencia, aun otorgando confianza a todos, los envolvía en un halo de respeto. Esa circunstancia de su trato, de su confianza potestad, se revelaba, por ejemplo, en que estando allí su hijo Don Juan de Borbón, sus nietos, con figuras de toda Europa: los condes de París, los príncipes de Monaco, los archiduques de Austria, políticos, embajadores, altos funcionarios, en fin, que habían acudido a recibirla, se las arregló de modo que dio a cada uno lo suyo sin graduar deliberadamente su gesto cordial, de modo que nadie se quedó defraudado, sino con el premio de su sonrisa y de su frase amable. ¿Cómo se hace esto?

En Estoril, en el hotel Palacio, pasó unos días felices recibiendo a cuantos querían verla, y sus damas acusaban recibo de los numerosos ramos de flores, atendiendo a los teléfonos. Algún rato paseaba. A pesar de sus años daba la impresión de una mujer al día en todo. Cuando varios miles de españoles desfilaron ante ella en el almuerzo-homenaje al Conde de Barcelona en el Estoril Sol, su rostro expresaba sosiego y alegría. Con naturalidad, no exenta de coquetería, recibía también a las "fuerzas de ataque" del periodismo mundial: "París Match", "Oggi", "Life", "London Illus-trated News", "relevándoles", de ser inoportunos, con gracia y garbo que trascendía a madrileñismo de adopción. Como retuviera, mientras aguardábamos para saludarla, al periodista portugués Augusto de Castro, nos explicó con plena sencillez:

—Fue amigo de mi marido. Luego le vi en Roma, una o dos veces, donde tuvo cargos diplomáticos.

Desde entonces no le había vuelto a ver.

Recibía mensajes y flores. Conservaba la memoria y ligaba retazos del tiempo pasado con el presente.

Los días que la Reina pasó en Estoril fueron para ella, por muchos motivos, inolvidables, y la presencia de tantos adictos a su hijo, la mejor ofrenda, la más apreciada por ella, que había dicho:

—Yo hice cuanto pude y puse de mi parte todo para agradar a los españoles. Si en alguna medida no lo logré, no fue precisamente por no haber hecho cuanto de mí dependía para lograrlo.—Antonio DE OBREGON.

 

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