Autor: Cortés-Cavanillas, Julián (ARGOS). 
   El sepulcro de la Reina Victoria Eugenia en Lausana es ahora una montaña de flores  :   
 Ante él rezaron ayer, con Don Juan de Borbón, numerosas representaciones españolas. 
 ABC.    20/04/1969.  Página: 17. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

EL SEPULCRO DE LA REINA VICTORIA EUGENIA EN LAUSANA ES AHORA UNA MONTAÑA DE FLORES

Ante él rezaron ayer, con Don Juan de Borbón, numerosas representaciones españolas

Lausana 19. (Crónica telefónica de nuestro enviado especial.) A estas horas en que escribo unas últimas lineas desde Lausana, en un día de sol pleno y templado, el sepulcro recién abierto de la Reina Victoria Eugenia se ha transformado en una montaña de flores, ofreciendo un muestrario de todos los colores y de todas las fragancias sobre el hueco cavado donde se depositó ayer la tierra de las cincuentas provincias españolas y el musgo y los pedruscos de Galapagar sobre el regio ataúd. Esta tarde, ante la montaña de flores, han rezado el Jefe de la Dinastía y los suyos.

Hablando de flores, cabe recordar la delicadeza de la Reina Isabel II de Inglaterra, que ha querido fueran exclusivamente de los jardines de Windsor las que compusieran la corona que su primo, el duque de Kent, y su tío lord Mountbat-ten, trajeron a Lausana en la mañana de ayer.

Además, es curioso el detalle, porque tradiciouahnente las coronas que envían les Reyes a otros Reyes o príncipes suelen ser de laurel, y por esta vez la Reina de la Gran Bretaña y el Rey de Suecia han preferido romper la regla rutinaria. La primera, con una variedad de flores de sus jardines, y el segundo, con una bellísima corona blanca y negra de arte exquisito, donde el azabache de tantas corolas era el producto de una transformación pictórica. En cambio, muchas ofrendas españolas se han caracterizado por los claveles, las rosas, las mimosas, los nardos, y ha sido tan grande su número, que es absolutamente imposible el enumerarlas.

Del comportamiento y del esfuerzo de los millares de españoles que han venido y que ya han marchado habría motivos para hacer una abrumadora antología de casos y personas, que asombrarían por su fe, su amor, su lealtad e incluso su sacrificio. En este último aspecto ha habido inválidos y ancianos que se han comportado como titanes. Sin hablar de la abnegación de los servidores de la Reina muerta. Y de muchos obreros y obreras españoles que trabajan en Lausana y que algunos han dedicado el tiempo de su reposo a caminar a pie seis o siete kilómetros hasta el cementerio para dejar unas violetas y rezar un padrenuestro.

España ha estado, pues, bien representada ante la sepultura abierta de la Reina Victoria Eugenia, porque había ayer mucho pueblo español mezclado con las representaciones oficiales y con los títulos sonoros, de relieve histórico y de leal conciencia, acompañando en el dolor a Don Juan y a todos sus familiares. Bien representada así la patria en sus cuatro puntos cardinales, porque todas las regiones han delegado sin explícita designación a cuantos espontáneamente, hombres y mujeres, viejos y jóvenes, vinieron a inclinarse a rezar y a llorar ante el cadáver de la Reina.

Del doctor Nicot todo lo que se escribiera sería pálido ante él comportamiento excepcional de este insigne médico suizo, que ha vivido día a día, y tantas veces hora a hora, un drama científico y afectivo, ya que admiraba a Doña Victoria Eugenia. El había dicho a los hijos y a los nietos de la Soberana que aprendieran la lección de cómo se puede morir sin perder la compostura un solo momento. Y cuando al expirar la Reina hizo con sus dedos el suave movimiento simbólico de cerrar los ya cerrados ojos, solemnemente dijo estas palabras: "Su Majestad ha dejado un Reino para entrar en otro." Y pidió que iluminaran toda la casa, para que reflejara en la noche del 15 de abril sobre Lausana la luz inmortal que acababa de encenderse en el espíritu de la Soberana que había muerto.—Julián CORTES-CAVANILLAS.

N. B.—Debo hacer constar que ayer, por error, no se consignó la presencia del conde de París y de parte de su familia en los funerales de la Reina Victoria Eugenia, ni tampoco del duque de Hernani, don Manfredo de Borbón, como representante de la Soberana Orden de Malta, además de su condición familiar, y del Rey Adamidi Frasheri, en nombre de sus Majestades el Rey Lek y la Reina Geraldina de Albania. También es importante señalar que la corona de que hablaba en mi crónica de ayer, que había estado delante del Palacio de Oriente, era de la Hermandad de San Juan Bautista, del pueblo de Vallecas.

 

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